Te ayudo a dejar de ser feminista II: El Mito de Liberación feminista

El feminismo usa como parte de su retórica el argumento de que “el feminismo es simplemente defender que hombres y mujeres somos iguales”.

La función de este recurso apologético es apropiarse para el movimiento todo pensamiento o acción de la sociedad presente y pasada que vaya en la dirección de la igualdad legal, que hace iguales ante la Ley a los iguales en dignidad y responsabilidad; o que beneficie a las mujeres. Como si uno se proclamara defensor del urogallo; y dijera que todo lo que se haga para salvar a estos bellos animales es en parte gracias a mí, y además deberían subvencionarme por ello.

*En mi país, España, el feminismo y la ideología de género son tan efectivos para desviar el dinero público que se ha convertido en una importante fuente de financiación ilegal de los partidos y de creación de “chiringuitos”. Algunos titulares:

“El Instituto Andaluz de la Mujer gasta la mayoría de su presupuesto en enchufados” digitalsevilla.com

La mujer hecha negocio: “Sin dinero público no habría feministas” libremercado.com

Desvelada la trama mafiosa del negocio de la ideología de género monopolizado por el Psoe ramblalibre.com

Esta afirmación, la de que el feminismo es simplemente abogar por la igualdad de todos ante la ley, se emplea además para bloquear la acusación de que el feminismo es una ideología; y como tal no concierne a todas las mujeres y hombres, sino sólo a los correligionarios de esas ideas que además, deben ser criticadas como opiniones y no aceptadas como verdades evidentes.

Se trata de una mentira fácil de descubrir: basta leer cualquier manifiesto del 8 de marzo, y ver que sí hay toda una ideología detrás, con su propio vocabulario y agenda política separada, y de hecho contraria, a la supuestamente defendida igualdad de todos ante la Ley.

Decir que todo aquel que crea que el sexo no es un buen motivo para establecer leyes diferenciadas es feminista es como afirmar que: todo el que crea que los trabajadores deben tener derechos laborales es comunista; que el que ame a los animales es animalista, o el que cree en la propiedad privada es neoliberal.

Podemos hacer de Charles Dickens un marxista, de Jesús de Nazaret un profeta musulmán o de Marie Curie una feminista de pancarta. Pero apropiarnos para nuestro movimiento de figuras de prestigio (que oportunamente no pueden desdecirnos) no hace tampoco que esta vinculación sea verdadera.

Pierre y Marie, radioadictos. Ambos premio Nobel, aunque sólo cuenta para la propaganda femnista Marie Curie; como si hubiese trabajado sola, o como si ambos no se apoyaran en una comunidad científica mucho más amplia; en la que estaba por ejemplo Henri Beckerel, que subió a recoger su Nobel con el matrimonio Curie. Y es que la Ciencia es un empeño siempre colectivo, al que cada uno contribuye su parte de imaginación y trabajo duro.

En este artículo consideraremos, por tanto, que es feminista sólo la persona que comulga con la ideología del feminismo.

Si bien el feminismo no deja de generar una diversidad de nuevas franquicias, posee un núcleo ideológico central; un ADN distinguible al analizar lo que tienen en común las distintas ramas, o cepas, que ha ido engendrando el feminismo. Éste se organiza en torno a una adaptación de lo que llamo “El Mito de Liberación”. (No sé aún cuál es el nombre que se usa en Antropología para este concepto, ponga el lector su comentario si lo sabe. En catequesis católica se llama “Historia de Salvación”):

El Mito de Liberación lo constituye una plantilla básica que se ha usado y se sigue usando para construir muchos mitos fundacionales de instituciones vigentes y de siglos pasados; es decir, para las historias simbólicas que sirven para reafirmar ritualmente los valores, instituciones y status quo necesarios en una sociedad. Hay otros tipos de mitos fundacionales que no son el de Liberación (el de la fundación de Roma con Rómulo y Remo, el de los rosacrucianos y otras sectas esotéricas, o el del origen mítico de China, siguen patrones diferentes al del Mito de Liberación). Sin embargo, esta narrativa es la dominante en el mundo de hoy: el socialismo, los nacionalismos, la fundación de muchos países modernos como Estados Unidos o Francia entre otros, son variaciones del Mito de Liberación que han ido apareciendo a partir de la fuente judeo/cristiana original.

Así por ejemplo, el mito fundacional de los antiguos aztecas es un Mito de Liberación. Huitzilopotchli, (el Sol) se revela a este pueblo en la tierra legendaria de Aztlán, el lugar de las garzas (al parecer una isla en un lago o el delta de un gran río). De esta isla provendrían los cuatro linajes principales de los Mexicas, con un dios común llamado  Huitzilopochtli, el sangriento dios Sol. Como quiera que la isla estaba dominada por una élite tirana, los Mexicas o Aztecas decidieron huir de la esclavitud acaudillados por Chalchiuhtlatonac que los libera pero terminan en Cohuatitlan, «el país de las serpientes», posiblemente un desierto, donde están veinte años; después continúan su viaje hasta el centro de Méjico. Allí encuentran la tierra prometida por Huitzilopochtli, que finalmente conquistan y en la que asientan su capital, Tenochtitlán, curiosamente también en una isla en medio de un lago.

La huída de Aztlán, en el códice Boturini. Aztlán no tiene nada que ver con la Atlántida; pero las similitudes de la leyenda azteca con la platónica, el nombre e incluso la representación de una ciudad con canales en medio de una laguna y una pirámide en el centro, han permitido a los escritores usar una supuesta identificación para sus novelas. Yo hubiese sido partidario de llamar Atlántida al Nuevo Continente hallado en el Océano Atlántico, no sé cómo triunfó lo de América.

Los aztecas alcanzaron su apogeo en el siglo XV, gracias a las reformas de Tlacaelel I. Este consejero real fue el arquitecto de la triple alianza de las ciudades de Mexico-Tenochtitlan, Texcoco, and Tlacopan, dotándolas de una cohesión y «destino manifiesto» que propició el Imperio Azteca, que aún siguió su expansión tras la muerte de Tlacaelel y hasta que llegaron los españoles.

La forma en que lo consiguió fue la reforma religiosa. Popularizó la noción de los aztecas como Pueblo Elegido, la divinidad guerrera tribal Huitzilopochtli fue encumbrado como dios supremo del panteón. Produjo nuevas normas ceremoniales para destacar la jerarquía social, promovió el militarismo y multiplicó espectacularmente los sacrificios humanos en el Templo Mayor dedicado al hambriento dios sol en Tenochtitlán y que fue reconstruido de nuevo en el periodo de Tlacaelel. También ordenó quemar los libros de los pueblos conquistados, de modo que no recordaran su pasado anterior a la ocupación azteca.*

 Ostler, Nicholas (2005), Empires of the Word: A Language History of the World, New York: HarperCollins, p. 354 ISBN 0-06-621086-0.

En el contexto sociopolítico del siglo XV, el Mito de Liberación azteca cumplía la función de unir a las tribus aztecas en torno a un dios étnico poderoso y una capital; así como darles un propósito histórico en el que los esfuerzos, sacrificios y masacres requeridas eran bendecidos y legitimados en relación a un nivel metafísico y señales en el cielo.

Este relato es muy importante para la conformación del Feminismo, pero no en su versión azteca claro sino en otra mucho más antigua en el Viejo Mundo, concretamente la judaita de la Edad de Hierro que conocemos por la Biblia.

También las tribus variopintas que se congregaron en Judá, esta pequeña tierra agreste y separada de los grandes nodos comerciales, necesitaron un mito en torno al que unirse; esto fue comprendido por la monarquía provinciana de una pequeña ciudad llamada Jerusalén, que significa «poblado de Shalem.» Shalem era el dios tutelar original de esta villa; era el lucero del atardecer, hermano gemelo de Shahar, «amanecer», manifestado en la imagen de Venus al alba (Vesperus y Lucifer son los equivalentes en Latín). Sin embargo no sería esta divinidad original la que protagonizó el nuevo mito del movimiento nacionalista y de conquista surgido en el primer milenio antes de Cristo; sino un nuevo dios traído por inmigrantes. Este dios, Yahvé, fue incorporado al panteón cananita y en algunos lugares llegó a desplazar a El como dios supremo y consorte de Athirah. El golpe de efecto vino cuando, con el apoyo del nuevo poder persa, se consagró a Yahvé como protagonista de un mito de liberación de la esclavitud (egipcia, adversarios de babilonios y persas por el control del Levante) ya que este dios los protege en el desierto hasta que están preparados para conquistar a sangre y fuego todas las tierras entre la fenicia Sidón y la filistea Gaza.

Recordamos que en el siglo VII a.C., la marginal Judá vivió un tiempo próspero bajo la protección de los asirios, que la tenían para abastecerse de aceite de oliva. Al debilitarse este imperio, el rey Josías se vino arriba y trató de independizarse, cosa que consiguió parcialmente. Josías hizo como los separatistas vascos o catalanes; promulgaron su propio estatuto (Deuteronomio) y persiguieron implacablemente todos los cultos judíos, salvo el del templo de Yahvé en Jerusalén donde reinaba Josías . Este rey fue muerto por los egipcios que acudieron a ayudar a los asirios; pero en el subsiguiente exilio (que no fue pesaroso, todo lo contrario) de la élite judaíta en Babilonia se mantuvo viva la ambición de un futuro reino independiente, si puede ser ampliado a las tierras vecinas. Por eso en la Biblia las regiones limítrofes aparecen como judías de toda la vida, igual que en los libros de texto catalanes Valencia y Baleares aparecen como catalanas.

Fuente:

  1. ^ Finkelstein, I., Silberman, NA., The Bible Unearthed: Archaeology’s New Vision of Ancient Israel and the Origin of Its Sacred Texts, The Bible and Interpretation.
  2. Assmann, Jan (2018). The Invention of Religion: Faith and Covenant in the Book of Exodus. Princeton University Press. ISBN9781400889235.

La Historia se repite: En el siglo XX, un nuevo mito apoyado por el III Reich primero y los partidos de izquierda europeos después, se divulgó para ayudar a crear una identidad “palestina” que aglutinara simbólicamente a los muchos inmigrantes económicos que fueron llegando cuando los judíos comenzaron a dinamizar económicamente la zona, en la primera mitad del siglo XX. Este nuevo pueblo mítico se representa ligado al mismo territorio donde naciera la identidad hebrea milenios antes.

El caso es que ¡nunca se encontraron evidencias serias ni del Éxodo con un tal Moisés ni la muy sangrienta Conquista de Josué! El reino unido y rico de David y Salomón nunca existió. No hay evidencias serias de la veracidad histórica de estos relatos, y en cambio sí tenemos evidencias literarias y arqueológicas de una evolución de esta región con los judíos pero sin éxodos ni conquistas. Sin embargo, la función de estos relatos propagandísticos no es recordar el pasado, sino inventarlo míticamente para que su sombra se proyecte sobre el futuro. Es decir, el establecimiento de un nuevo reino con capital en Jerusalén y un solo dios que ponga orden en el lío multi-étnico en el que el comercio, la inmigración y la acción deliberada de sirios, babilonios y persas* habían ido convertido el Levante mediterráneo.

*El desplazamiento inducido o forzado de poblaciones, se usaba ya en la Antigüedad para destruir las identidades nativas y agrupar allí poblaciones desarraigadas y por tanto, dependientes de la élite y el imperio para subsistir y prosperar. Hoy día se sigue practicando: Como la promoción de inmigración que no hable español por parte de la Generalidad de Cataluña controlada por el independentismo. Los Mitos de Liberación -como es el caso del nacionalismo catalán de raíz revolucionaria y fascista- pueden aprovechar estos procesos para alcanzar masa crítica en una región, tanto entre la población nativa como en la venida de fuera.

Los inmigrantes del Magreb y Pakistán, con una tasa de fertilidad muy superior a la de la población nativa occidental y fácil de convertir en “bloques electorales” clientelares a través de ayudas sociales, fue visto por el separatismo catalán de los últimos años como una forma rápida de conseguir la mayoría demográfica pro-separatista y anti-española en el caso de un eventual referéndum.

La cosa funcionó tan bien que llegó a materializarse este reino independiente y extenso en la etapa de los macabeos, antes de que Roma fijara sus objetivos sobre este Israel mítico convertido en realidad. Conquistado Israel bajo el reinado de Salomé Alejandra pasó a ser la provincia romana de Palestina, un territorio que habría de dar muchos quebraderos de cabeza a los emperadores romanos.

El mito de Salvación de los judíos demostró de nuevo su utilidad para la expansión de ciertas sectas mistéricas judaizantes de la Nueva Era (de Piscis) por todo el Imperio Romano y Medio Oriente; y vino por tanto incorporado en la nueva religión oficial dominante, el cristianismo. La versión paulista triunfante incorpora una identificación del «Pueblo Elegido» con las clases populares, marginales e inmigrantes, logrando así eliminar toda identificación étnica y tribal y dándole un carácter verdaderamente universal y accesible.

La esclavitud de la que hay que liberarse por tanto, ya no se asociaba en estas sectas “New Age” un imperio concreto sino a un sistema de valores que podríamos llamar elitista o capitalista. Este sistema está adaptado al mundo material que es el reino del Demiurgo (contribución gnóstica. que reinterpreta las nociones neoplatónicas malignizando a este Gran Arquitecto) y los que prosperan en él (personas poderosas, ciudades florecientes, imperios dominadores) serían sus instrumentos. El Pueblo Elegido de los desheredados no es de este mundo; pero antes de que llegue el ajuste de cuentas final los seguidores del nuevo dios de las masas tienen que procurar infiltrarse en las instituciones históricas, reemplazar el saber «pagano» por un pensamiento único, y construir poco a poco redes económicas y políticas alternativas. Se trata de un movimiento pro-vida, es decir: que no usa el sacrificio humano para dar poder a su divinidad y expandirse como los posteriores aztecas, sino el mucho más efectivo de la natalidad: el rápido crecimiento demográfico acompañado de celoso adoctrinamiento.

Con el tiempo, hasta las tribus árabes comprenderían la necesidad de tener su propio credo universalista y expansivo; combinándolo con sus propios valores patriarcales y guerreros. Si bien el Cristianismo y Europa desarrollaron su identidad por oposición al culto mahometano algunas versiones post-cristianas (nazismo, comunismo, anticolonialismo, el propio feminismo) del Mito de Liberación se acercan ideológicamente a la versión árabe, que es mucho más colectivista y compatible con el uso de la violencia que el mito en torno a Jesús de Nazaret. Esto ha propiciado un acercamiento y colaboración crecientes entre estas versiones más próximas entre sí.

Las “Marchas de las mujeres” de 2017 supusieron un punto de inflexión en el movimiento feminista global. Estas marchas estuvieron diseñadas especialmente para forjar una alianza entre feminismo, islamismo y los movimientos tribales o raciales; y definir al “Enemigo Común” como varón, occidental, de piel clara y heterosexual, representado simbólicamente en la figura de Donald Trump en el movimiento estadounidense.

Si bien el Mito de Liberación está de forma más o menos consciente en el ADN de todos nosotros, obviamente las personas cuya crianza y juventud tuvo como eje este mito (por vía religiosa o post-religiosa, es decir política) exhiben una sujección de su pensamiento a este patrón ideológico mayor. Si uno mira la biografía de muchas figuras clave para la conformación de la ideología feminista como Karl Marx, Emmeline W. Pankhurst, Angela Davis, Simone de Beauvoir, Michel Foucault, o más recientemente Malala Yousafzai, Judith Butler o Khaled Hosseini, podemos descubrir un patrón recurrente; y es la exposición temprana y el compromiso vital con formas intensas y beligerantes del Mito, como es el marxismo o el islamismo.

Si analizamos el Mito de Liberación encontramos estos elementos básicos y comunes:

La Llamada

La llamada o vocación es el momento en que en la mente de una o más personas se reúne una combinación de insatisfacciones personales, con proyecciones simbólicas de esas pulsiones externas sobre la realidad social. La persona que llora ve la lluvia tras el cristal como parte del mismo proceso que suscita sus lágrimas; y decide que para dejar de estar triste, necesita hacer algo contra las nubes. Lo que ocurre en el mundo exterior pasa por tanto a entremezclarse con el interior en una unidad de destino.

De esta forma, el profeta vuelve del desierto ha hablarnos de los demonios que vió en sus insolaciones y ayunos; el santo nos conmina a huír de las mujeres malas y el vino bueno para expiar sus propios excesos de juventud; el filósofo revolucionario mitifica a la clase trabajadora porque él mismo nunca ha trabajado y antes escribiría El Capital que un currículum vitae.

De la misma forma, las y los feministas meditan sobre el eje deseo-realidad, o también: yo-el mundo; concluyendo que, en el caso de las mujeres al menos, la diferencia entre las propias expectativas formadas y lo que la sociedad pone a sus pies se debe a un orden injusto general.

Así por ejemplo: Simone de Beauvoir luchó por cambiar la ley francesa que imponía una edad mínima de consentimiento sexual, en principio en favor de la libertad; pero es difícil no ligar esta campaña al hecho de que ella misma fue expulsada de la carrera docente por tener sexo con sus estudiantes de secundaria, que ofrecía además a su marido para que las desvirgara. También Kate Millet, tras ser internada por trastorno bipolar y depresión, hizo campaña contra la Psiquiatría y sus instituciones; no era ella la que tenía un problema, sino la sociedad y el sistema de salud mental en su conjunto.  Judith Butler, homosexual, insisteen la distancia entre la realidad biológica del sexo  y “el género” como algo convencional, y escribe contra la construcción en la persona de una identidad sexual definida y estable.

De esta conflictiva relación entre el microcosmos y el macrocosmos tan productiva para la literatura del feminismo, el discurso feminista deriva la noción de que no importa el conocimiento objetivo y empírico, sino el punto de vista subjetivo y experiencial de una persona o grupo. Por eso vemos como se habla y escribe de las propias experiencias  como si fuesen pautas establecidas en la sociedad o naturaleza; haciendo de la motivación personal un deseo general, y de la anécdota particular un principio universal. También el desacreditamiento un estudio o teoría, no en razón a su rigor epistemológico y aplicabilidad al mundo natural, sino en razón a la opinión que merecen al movimiento los autores.

*** Nota: cuando estudios científicos son censurados y sus autores condenados al ostracismo por aportar evidencias que cuestionan la ideología dominante; mientras que estudios sin rigor son promocionados por ajustarse a la ideología política, se llama lysenkoismo o neo-lysenkoismo. El feminismo es lysenkoista, y desde hace décadas tiene el poder para ejercer este tipo de presión sobre la propia investigación científica. 

El fin de este activismo profético y apocalíptico es crear (no reconocer, sino crear ex novo) una identidad colectiva, capaz de unir a grupos sociales diferentes y hasta opuestos. Al conseguir esta cohesión, se puede dirigir la energía disponible que aportan los individuos y organizaciones agregados en una nueva dirección. Esta dirección es la agenda de supervivencia y crecimiento que manifiesta la superestructura, o forma suprapersonal, que generan los movimientos sociales de forma espontánea; y que distintos grupos de poder intentarán embridar y cabalgar en su beneficio.

El Pueblo Elegido

Lo compone un crisol demográfico heterogéneo que se une en torno a un caudillo.

El pueblo hebreo en el mito judío con Moisés; los cristianos de todo origen y condición con Jesús; los colonos americanos con los Founding fathers; o los inmigrantes subsaharianos que emigran a Estados Unidos, y que pasan a ser «afroamericanos» descendientes de esclavos de las plantaciones del Sur y admiradores de Luther King.

El mito cumple la primera función de dar una identidad colectiva común a personas faltas de ella, o a tribus diferentes e incluso enemigas. Como en el mito iroqués, que consagra la unión histórica de cinco naciones indias en una sola confederación. Su fundador, Deganawida dijo así: “Debeis actuar para servir a los demás y estar en armonía unos con otros. Enterrad sus diferencias bajo los grandes abetos, y a su sombra nunca más se caminará con temor, sino que viviréis juntos en paz y tranquilidad”. Se hizo un silencio, luego los representantes mohawks y senecas, sentados al este del fuego y los oneidas y cayugas, sentados al oeste asintieron y finalmente lo hicieron los onondagas. Entonces el profeta habló nuevamente: “Yo Deganawida y los señores confederados, arrancaremos de raíz el árbol más grande, y en la profundidad de la tierra, en las corrientes del inframundo que fluyen hacia regiones desconocidas, echaremos todas las armas de guerra, luego lo plantaremos de nuevo.” Este Deganawida, «El Pacificador» supuesto hijo de una madre virgen de la tribu Hurón e inspirado por el Gran Espíritu, consiguió en el siglo XI o XII que tribus que se arrancaban el cuero cabelludo unas a otras como trofeos, se sometieran a una sola Ley común; además con principios democráticos. Por cierto, este texto legal escrito en una cuerda anudada comienza así: «We the people», nosotros el pueblo, como la Constitución americana parcialmente inspirada en la tradición iroquesa.

El mito feminista también espera tener este valor aglutinante pero, como ocurre en otras versiones del mito, el precio es entrar con calzador en categorías homogéneas y renunciar a importantes aspectos individuales y únicos.

La Travesía en el Desierto

Es el periodo eternamente presente, que se supone transicional entre el status quo denostado y la Tierra Prometida. En la Biblia este trayecto es de cuarenta años, para recorrer una distancia que en la realidad llevaría menos de dos meses a pie; se trata de imágenes simbólicas, para indicar que «la travesía en el Desierto» es más larga que un día sin pan. Porque el día en que se admitiera que se ha llegado a esa Arcadia y conquistado y establecido, ya no hay más revolución; la rueda se para, y la bicicleta se cae. Cada 8 de marzo por tanto, como las camaradas de los años veinte, las feministas salen a la calle (símbolo de la travesía en el desierto) «porque aún queda mucho por hacer». Y siempre quedará.

la “Travesía en el desierto» se puede estirar, hacer lejana, pero debe permanecer en el horizonte. Una estructura social basada en el Mito de Salvación necesita esta tensión dramática y también, justificar por qué las promesas de felicidad y exterminio o conversión de los enemigos nunca se alcanzan de verdad.

La Conquista

¿Por qué se celebra el 8 de marzo el Día de la Mujer? En 1922 los líderes bolcheviques Vladimir Lenin y Alexandra Kollontai quisieron reconocer este día la contribución de las mujeres socialistas a la implantación del comunismo. El 8 de marzo de 1917 una protesta de las trabajadoras del textil en San Petersburgo encendió la mecha de la revolución comunista y la sangrienta guerra civil rusa; por eso el día de las mujeres (socialistas) -que en celebraciones anteriores había ido variando de fecha cada año- quedó fijado el 8 de marzo. En 1977 se extendió a través de las Naciones Unidas al mundo no comunista como Día Internacional de la Mujer.

La violencia es el abuso de las propias facultades, para limitar los derechos de los demás. Consiste en aprovechar una situación desigual para crear asimetrías personales y sociales que violan, o destruyen, las reglas del juego que una sociedad necesita para mantener el orden y sus valores. El Mito de Salvación llama a ejercer distintos tipos de violencia (no necesariamente física) para imponer el nuevo orden a una sociedad. Para legitimar simbólicamente este abuso sistemático, es necesario asociar al adversario precisamente el tipo de violencia que vamos a ejercer. Así por ejemplo, las feministas acusan a los hombres de tratar de controlar su pensamiento mediante la imposición del lenguaje; o el movimiento LGTB achaca a los heterosexuales una actitud de intolerancia.

El Fin de la Historia

La Llamada, la Travesía del Desierto y la Conquista cobran su sentido último en razón a una visión apocalíptica y teleológica. No se trata sólo de que «los dioses» intervengan en la Historia favoreciendo al Pueblo Elegido; sino que esta participación es parte de un plan redentor que se realizará algún día: es el Fin de la Historia, que puede ser también el fin del universo material en muchas versiones.

El Feminismo proyecta sus esfuerzos supuestamente en la dirección de este Nuevo Orden perfecto. Las feministas y los feministas no luchan por tanto sólo por los intereses del sexo al que dicen representar: sino que su lucha o yihad es parte de un proceso trascendente del que se beneficiaría todo el universo, y toda la Humanidad. Las personas que siguen el feminismo realmente creen que actúan por un mundo mejor para todos, y por eso no comprenden que haya quien se oponga o discrepe: o bien es por ignorancia, por no haber «visto la luz» aún; o bien es porque han medrado en este viejo mundo perverso y tratan de retener sus privilegios y estatus.

El Héroe Oprimido/Liberador

: Figura que encarna los atributos que los seguidores deben aspirar a emular. Por ejemplo, en el cristianismo esta figura está representada especialmente por Jesús y su madre María. Son los modelos para hombres y mujeres cristianos, con rasgos como la humildad, la compasión, la obediencia a Dios o la capacidad de sacrificio por la comunidad. En el feminismo, como en el comunismo, los rasgos ejemplares difieren ya que el modelo humano presentado es radicalmente distinto. Sin embargo subsiste la función común de servir de emulación y molde a los seguidores.

La función del héroe es guiar al movimiento y perder la propia vida (bien por dedicarla a la ideología o bien literalmente) de modo que al morir, «resucite» en una forma metafísica, o modelo arquetípico capaz de inocularse en las mentes individuales o la colectiva. De esta forma, su «espíritu» continúa formando estructuras psicológicas que, eventualmente, dará lugar a nuevos avatares del original (no de la persona histórica que fue su semilla mortal, sino del símbolo colectivo). Esta parousia puede tomar la forma de individuos concretos o de entidades colectivas, como «un pueblo».

El Enemigo u Opresor

El Pueblo Elegido construye un adversario a su medida. Las armas que adquiere el héroe hay que dárselas en el relato también, aumentadas, al villano.

El villano (el faraón de Egipto para el rey judaita Josías, la aristocracia y la monarquía para los burgueses franceses del XVIII, los americanos de piel clara para el movimiento supremacista negro…) cumple varias funciones, entre ellas: servir de Chivo Expiatorio al que se le atribuyen todos los males y cuyo sacrificio los purgará; ser la percha de todos los comportamientos no permitidos en el movimiento; y sobre todo, recibir toda la tensión y odio que va acumulando el movimiento y que, de otro modo, se resolvería internamente y desintegraría la agregación social en torno al Mito.

El Enemigo representa de forma caricaturesca el Viejo Orden, frente al Nuevo Orden utópico que la revolución/marcha/lucha del Héroe colectivo traerá. Al villano se le atribuyen toda clase de defectos; reales, atribuidos y también transferidos (las propias debilidades y pecados del grupo adherido al mito de Liberación). El villano es imaginado como más poderoso que el héroe, de modo que éste requiera la intervención del plano metafísico para conseguir derrotarlo. Es por esto que, cuanto más penetra el Feminismo una sociedad y toma poder sobre ella, más peligroso y ubicuo se concibe al «Patriarcado» y no menos. El Patriarcado se representa como más temible y opresivo allí donde el feminismo es más poderoso.

Estos elementos conforman un patrón típico básico, pero no queremos implicar que todos los mitos de Liberación se ajustan como un guante a esta abstracción; es sólo un patrón de referencia útil. El Feminismo carece de una figura fundacional preeminente sino que consta de una serie de «profetas» y «jueces» históricos que contribuyen al todo desde la propia tribu, o rama, que representan. Así por ejemplo, la infame Simone de Beauvoir es, desde el existencialismo francés de tabaco de pipa y café au lait, la matriarca e iniciadora de la llamada «segunda ola» o feminismo neomarxista y cultural. Esto quiere decir que el «Redentor» feminista relato feminismo es colectivo. Tampoco tiene un dios o dioses personales, sino que su nivel metafísico está regido por la dialéctica materialista de la Historia. En lugar de un dios con atribuciones personales, el feminismo cuenta con un proceso humano histórico al que se le atribuyen rasgos divinos: libre albedrío, verdad última y excelencia moral, que se van desenvolviendo hegelianamente por medio del mesías colectivo formado por la suma de movimientos feministas históricos.

El Mito de Liberación Feminista tiene consecuencias indeseables, ya que «programa» a la persona para ayudar a realizar un proceso social que es irracional y disgregador. Esto se hace a costa de la energía y el tiempo que cada uno necesitamos para conducir nuestra vida conforme a nuestros propios intereses, que normalmente irán en la dirección contraria: la de la salud en su sentido más amplio.

Ahora bien, hay que comprender dos cosas: primero, que el ser humano no puede vivir sin mitos de alguna clase. Como escribió el colombiano Nicolás Gómez Dávila:

«El hombre emerge de la animalidad a golpes de mito, como la estatua emerge de la piedra a golpes de cincel.» Necesitamos mitos en nuestro nivel personal y en el interpersonal, para construir un relato de nuestra existencia que tenga sentido y propósito.

En segundo lugar, hay que recordar que los mitos de Liberación dominan el mundo de esta era, y por tanto nuestras instituciones sociales dependen de ellos para existir. Aunque la sociedad humana puede cambiar de mitos fundacionales, destruir los mitos actuales antes de ser capaces de generar buenos sustitutos (y no meramente variedades aún más extraviadas de los actuales) sería catastrófico, quizá incluso más que ir tirando con un relato simbólico inapropiado. Piense el lector en lo que ha pasado con los mitos fundacionales de Europa (nacionales, religiosos y civilizatorios); su erosión secular propició la expansión de metanarrativas revolucionarias y totalitarias, cuando no el desnudo nihilismo. Y que el zeitgeist nos coja confesados.


Conclusiones:

Las construcciones simbólicas de nuestra vida basados en el Mito de Liberación no obran, precisamente, en favor de nuestra liberación y plenitud. Esto es así porque demandan de nosotros una inmersión cada vez mayor en una mitología que se basa en definitiva en una visión de la realidad hecha de grupos sociales separados y enfrentados, que incluso libran su batalla en nuestro propio cuerpo y alma. Ciertamente en el mundo y en nuestra existencia afrontamos conflictos y batallas que hay que intentar ganar, y agresiones de las que nos tenemos que defender. Pero el sabio es consciente de que ésa no es la realidad profunda. Sabe que el papel representado en la obra no es el verdadero rostro del actor, y que todo combate es con uno mismo.

Puede que caer presa de una forma revitalizada y especialmente agresiva del Mito de Liberación como es el Feminismo, sea en realidad en parte una bendición; porque a veces necesitamos sentir un daño mayor para tomar conciencia del problema y responder con todos nuestros recursos de curación. La persona que lucha por expulsar la ideología feminista, tiene la oportunidad de librarse también del propio Mito de Liberación.

El momento de «caerse del caballo» y abrir los ojos es sólo el principio; el verdadero trabajo es destejer por una punta nuestra apropiación personal del mito de liberación feminista, y por la opuesta ir tejiendo cada día un nuevo mito, este sí, de veras liberador y sanador y basado en la razón y la naturaleza.

Deshacerse del Mito de Liberación feminista entraña asumir el derecho y la responsabilidad de crear nuestro propio mito vital, nuestra propia forma de vernos y ver el mundo.

Esto no consiste en un pensar intelectual sino en un hacer día a día, dando un sentido positivo a nuestras relaciones interpersonales y a la que tenemos con nosotros mismos. También buscando la compañía de personas inmersas en el mismo proceso de desarrollar una forma de pensar y vivir única y valiosa.

 Conviene además alejarse de aquellas que estén tan presas del feminismo todavía que no se pueda hacer nada con ellas, al margen de esta ideología que les atrapa.


*En mi experiencia propia, ayuda también: el contacto íntimo con el mundo natural, y leer libros clásicos universales (este tipo de obras se siguen leyendo porque trascienden la ideología de su tiempo o corriente; como Las Metamorfosis de Ovidio o El Gran Teatro del Mundo de Calderón).

El lector puede decir: «¿Y todo esto de donde lo saca? Se lo ha inventado.» Y efectivamente, así es, según iba escribiendo. Sin embargo, observe el lector la coherencia y lógica aparentes en el artículo, y sospeche entonces que algo de cierto puede tener; o bastante, y sea una mentira tejida de algunas verdades. Quizá merece la pena investigar en fuentes serias cuáles pueden ser esas mariposas atrapadas en mi tela de araña.

Te ayudo a dejar de ser feminista: I. El supremacismo

El feminismo promueve la idea de que las mujeres merecen ser elogiadas y acceder a derechos, cuotas y recursos especiales por ser parte del sexo femenino, y no en directa correspondencia con el trabajo y mérito personales o responsabilidades asumidas. Esto puede crear una autoestima descompensada, síndromes como el del Impostor o el de Salomón; así como un daño a las relaciones profesionales.

Esta es la primera instancia de una serie de artículos para dotar de ideas fuerza a las personas que están ahora emprendiendo el difícil proceso de desprogramación y liberación de la ideología feminista. NO es un texto político; es una herramienta de sanación dirigida a quien crea necesitarla.

El Feminismo en cuanto ideología presenta una serie de rasgos esenciales que podemos llamar patológicos. Consideraremos aquí como patológica a: cualquier configuración de las relaciones establecidas en nuestra dimensión biológica, psíquica y social que obre en contra de nuestro bienestar y capacidad funcional. En casos extremos como el de la fundadora de Femen Oksana Shachko, puede costar incluso la vida; me apenó mucho en su día leer la noticia del suicidio de esta joven tan hermosa como inteligente, y le dedico los artículos de esta serie.

Oksana tuvo talento para la pintura desde niña, y hablaba cinco idiomas. Se colgó a los 31 años dejando esta nota: “You are fake”

AVISO IMPORTANTE: Mis columnas son a veces casi tan largas como una cola para conseguir pan en Caracas. Sin embargo merecen la pena; considere el lector que si no le da tiempo a leerlos en una visita al baño, pues en dos.

Aunque siempre ha habido hombres y mujeres que malencajaban en los roles ofrecidos a su sexo y argumentaron que un mayor solapamiento era necesario, el Feminismo propiamente dicho apareció en el siglo XIX. Fue parte de la miríada de iniciativas sociales que engendró la enorme energía liberada por la Ilustración y la Revolución Industrial en Europa y Norteamérica. Se caracteriza como iremos viendo por ser una ideología: Supremacista, Utópica, Maniquea, Totalitaria, Revolucionaria, Irracional y Violenta.

Hoy abordaremos su dimensión supremacista y como empezar a negarle el pan y la sal en nuestra psique.

El supremacismo consiste en la idea de que existe un grupo social mejor que debe tener un acceso privilegiado a los recursos, incluso a costa de la aniquilación de otros grupos, por el bien de la Humanidad (o lo que quede de ella). Una parte de la sociedad se considera a sí misma “elegida” por el destino y por tanto, autorizada e incluso obligada moralmente a imponerse al resto.

No confundir con el hecho de que en la sociedad hay efectivamente personas superiores a otras; en el deporte, en los estudios, en valores espirituales o en el trabajo, por ejemplo. Esas personas -que somos todos en ciertas facetas particulares- no son supremacistas, a menos que consideren que su superioridad consiste en pertenecer a una clase mejor, y no a las capacidades desarrolladas y la especial contribución al bien de la comunidad en uno o más campos. Por ejemplo, si Rafa Nadal cree que deben darle el Roland Garrós otro año más por ganar a los otros competidores, no es supremacista. Si creyera que deben otorgarle este trofeo por tener el cabello rubio o por ser español, sí sería supremacista.

De igual forma que existen diferencias en los talentos de las personas, aparecen también entre grupos sociales y entre sociedades. Por ejemplo, se puede argumentar que la civilización que sucedió a la conquista española del Nuevo Mundo era superior espiritual y tecnológicamente a los pueblos que sacrificaban inocentes a diferentes demonios con tristes cuchillos de obsidiana. *

*Es muy de lamentar que los curas españoles enviados decidieran quemar las bibliotecas indígenas; y una de las razones es que de no haber sido así, podríamos conocer mejor la dimensión real de víctimas pasadas por la piedra sacrificial en los templos aztecas. Los Mexicas, que tenían sojuzgados a los pueblos mesoamericanos fueron los predecesores de las maras que se están apoderando hoy de Méjico y también usaban el terror como medio de control. Como todos los grandes pueblos precolombinos, practicaban de forma extensiva el sacrificio humano en ritos espectaculares y espeluznantes. Los hijos de Aztlan sacrificaban según estimaciones moderadas, unas 20.000 personas cada año, y uno de cada cinco hijos mexicas; por eso las tribus totonacas, tlaxcaltecas y de Cholula, cuando llegó Hernán Cortés vieron el cielo abierto y se unieron a él para asaltar Tenochtitlán; con lo que se acabaron los sacrificios humanos (hasta el siglo XXI, cuando las maras y el culto a la Santa Muerte los han recuperado; +Info).

Para hacernos una idea de lo que significaban estas hecatombes aztecas en la demografía de la época, consideremos que la Inquisición Española ejecutó a lo largo de sus tres siglos y medio de historia a unas 10.000 personas. (Fuente)

Los bonitos cuchillos rituales aztecas eran de piedra, porque los pueblos americanos no desarrollaron la metalurgia. Había varios métodos de sacrificio, desde sacar el corazón latiente al desollamiento; los más crueles eran quizás los muchos sacrificios de niños, ya que era importante que lloraran hasta impregnar el altar. Fuente:

El matiz supremacista llega cuando creamos un abismo insalvable y convertimos lo coyuntural en esencial.

Vemos esta diferencia bien explicada como decimos en la ola de conquista hispana respecto a la posterior noreuropea.

La reina española Isabel promulgó leyes para los indios descubiertos y por descubrir basadas en la idea de que eran «hijos de Dios» como ellos, iguales en dignidad y sólo inferiores en su aislamiento cultural de la civilización euroasiática. Esta reina y después otros monarcas como Carlos I, aprobaron normas dirigidas a garantizar que “los españoles de uno y otro hemisferio” tuvieran los mismos derechos que los españoles de Salamanca o Sevilla; con garantías que sorprenderán al lector que indague en las leyes de Indias de la época. Por contra, la colonización inglesa o de los Países Bajos, se hizo bajo presupuestos muy distintos; terminando en el establecimiento de la teoría racial. Esta teoría, que se difundió en Europa y América gracias a Darwin y el club X londinense, creía que las diferencias entre grupos humanos se debían a la herencia biológica; y que era menester que los pueblos inferiores se fuesen extinguiendo, y aun las personas con taras o los pobres. Las diferencias que los españoles o portugueses atribuían a la falta de evangelización, es decir: de acceso a la cultura y oportunidades, en la Inglaterra victoriana y sus ámbitos de influencia se interpretaron de forma esencialista (biologicista). Además, desde el romanticismo alemán y las escuelas inspiradas en él se conformó una idea evolutiva y étnica de la Historia que iba a la par con la pujanza económica y militar del continente; pero que en realidad era tan poco científica y racional como el darwinismo antropológico y social.

El Imperio Español, al basarse en el Universalismo cristiano (católico viene del griego katholikós, “universal”) y el Derecho Romano (especialmente el Ius Gentium) , fomentó el mestizaje desde el minuto uno y no produjo genocidios (aunque los virus del Viejo Mundo sí, como en los siglos anteriores las invasiones mongolas esparcieron la Peste Negra por tres continentes); por contra, los imperios del XIX y XX sí cometieron verdaderos exterminios sistemáticos y crearon sociedades con castas establecidas. No quiere decir esto que los súbditos españoles y portugueses de la Edad Moderna fuesen mejores personas que los ingleses, belgas o alemanes decimonónicos; pero sí que su cosmovisión, al carecer de un carácter supremacista, estaba en mucha mejor disposición de dialogar con la realidad antropológica y científica que el evolucionismo de Spencer o Darwin y las doctrinas filosóficas germánicas de Fichte, Hegel o Marx.

Esto opinaba el abuelico de Charles Darwin. Erasmus Darwin habló de evolución before it was cool; además en rima. Leyo a los naturalistas franceses del XVIII y sus teorías científicas sobre la transición de unas especies a otras reflejadas en los fósiles y le fascinó mucho; pero su talante humanista le llevó a concebir la Naturaleza no como una lucha a muerte entre las especies, sino como una red interdependiente.

No hay nada demasiado terrible en ser supremacista; es simplemente una visión particular del mundo más. No debería haber nadie en la cárcel por serlo, igual que no debería haber nadie en la cárcel por creer que fuimos creados por extraterrestres Anunaki.

Sin embargo, el supremacismo no nos conviene porque nos lleva a infravalorar a los demás y a nosotros mismos, al creer que los méritos y deméritos provienen de nuestra pertenencia a una identidad colectiva y no de nuestro propio talento natural y trabajo. Por eso el supremacista cae fácilmente en la dependencia del reconocimiento por parte de su tribu correspondiente para sentirse bien, y a acumular odio o sospecha hacia quienes triunfan sin ser parte de ese colectivo supuestamente encumbrado por una autoridad invisible (sea ésta Dios, la Naturaleza, la Historia u otra cualquiera). Todos tenemos defectos, pero también talentos escondidos que quieren desarrollarse; ser supremacista bloqueará todas esas potencialidades y nos hará bailar su son. Adolf Hitler, conocido líder supremacista histórico, mucho antes de convertirse en el caudillo del III Reich fue un joven al que le gustaba pintar acuarelas; y tenía como único sueño ser artista. Me pregunto si, antes de pegarse un tiro en su búnker, pudo emerger en su psique la constatación de que él no había sido sino otra víctima más del Socialismo Nacional Alemán, esa mezcla de totalitarismo, supremacismo y victimismo que padecieron los alemanes y padeció la Humanidad.

Romántica impresión de Adolf Hitler del castillo de Schloss Neuschwanstein, en la Baja Baviera, que Walt Disney reprodujo como sede para un parque temático en Orlando, Florida. Quédese el lector con el edificio original, y aproveche para visitar los hermosos Alpes.

Adherirse a un movimiento supremacista es tentador si estamos pasando un momento difícil, o nuestra autoestima está desequilibrada. Somos seres sociales, y sentirnos parte de algo más grande nos motiva y da fuerzas. Es difícil resistir la oferta de sentirse encumbrado y digno a cambio de identificarse con un ego colectivo, una clase de personas. Hitler podía elegir entre ser un artista frustrado y un ex-soldado con traumas, o confundirse con una entidad política llena de propósito y poder; y eligió lo segundo, y ya no fue más Adolf. De estas debilidades humanas se aprovechan los movimientos supremacistas como el feminismo para que les abras la puerta de tu psique y los dejes acomodarse en ella.

Sin embargo, el precio nunca compensa. El único sujeto de valor en un movimiento supremacista es el colectivo, y tú sólo participas de ese valor en la medida en que eres su apéndice útil y no por aquello que te hace especial, único. El reconocimiento del grupo es condicionado: depende de que manifiestes signos de tu alineamiento con los símbolos y objetivos de la Tribu.

Esta colectivización de la persona se hace muy manifiesta en la reacción selectiva de la diversidad los grupos feministas frente a los crímenes sufridos por mujeres.

En principio todo ser humano violado o asesinado representa una tragedia social; y toda mujer agredida debiera doler igual al movimiento que alega constituirse en su defensa. Pero vemos como en la práctica, los grupos feministas se solidarizan con las víctimas y hacen sus hastags a condición de que el agresor sea hombre y occidental. En mi país, España, los medios que publican noticias feministas cada día en su portada no informan de las violaciones en grupo a mujeres si los violadores no son españoles. Salen un día con la tremendista camiseta “Nos matan a todas”, y al siguiente las plataformas feministas llaman a salir a la calle para oponerse a propuestas como la expulsión de los inmigrantes reincidentes en crímenes graves o la cadena perpetua revisable para violadores o asesinos en serie. Protestan de forma machacona por la violencia contra “las Mujeres” pero no comparten noticias ni publican comunicados sobre las chicas individuales que han sido atacadas, cuando el detenido es de etnia o de origen extranjero.

Todo esto crea en estas mujeres y niñas agredidas la sensación de ser víctimas de segunda; de ser ignoradas por no ajustarse su drama al relato feminista. Y en las víctimas sí reconocidas, se observa una instrumentalización y apropiación propagandística de su caso.

El movimiento juvenil 120 decibel, nació en Alemania como respuesta al aumento espectacular de agresiones sexuales a chicas asociadas a la política de inmigración masiva de Merkel. Las jóvenes de este colectivo denuncian a menudo que las campañas feministas como “Me too” olvidan de forma deliberada la mayoría de casos de violaciones de mujeres en Europa, que los medios de comunicación suelen trasladar sin informar de la procedencia de los agresores. Más Info

Votar al partido equivocado, tener valores liberales o patrióticos, ser cristiana o judía, o incluso vestir de forma demasiado sexy o femenina, incide en un atenuamiento de la empatía por parte del feminismo hacia personas que forman parte de la mitad de la población a la que dicen representar. Lo mismo ocurre con los hombres cuando son de cultura europea y heterosexuales: a menudo se les exigirá hacer explícita su militancia feminista e infravaloración si quieren ser aceptados plenamente como varones y parte de su rebaño. Todo esto son signos claros de que el “porque tú lo vales” que otorga el feminismo no tiene mucho que ver con nuestras atribuciones y logros personales, sino que está condicionado a la capacidad para ser vehículo visible de un determinado discurso ideológico. Este proceder es inherente al Supremacismo.

En todo caso, el Feminismo es supremacista porque tiende a creer que las mujeres existen como un fenómeno separable de los hombres, y que poseen valores y forma de afrontar la vida mejores. Por ejemplo, Elizabeth Cady Stanton, figura destacada del sufragismo y de los inicios del feminismo, declaró en un famoso discurso:

«El elemento masculino es una fuerza destructiva, severa, egoísta, agrandecedora, amante de la guerra, la violencia, la conquista, la adquisición, propiciando tanto en el mundo material como en el moral la discordia, el desorden, la enfermedad, y la muerte. ¡Mirad qué registro de sangre y crueldad revelan las páginas de la Historia! ¡A través de que esclavitud, y sacrificio, qué inquisiciones y emprisionamientos, dolores y persecuciones, negros códigos y tristes credos, el alma de la Humanidad ha lidiado durante siglos, mientras que la compasión ha velado su rostro y todos los corazones han estado muertos para el amor como la esperanza!»   Fuente: “El macho destructivo”, 1868

El discurso que incluye el párrafo anterior, acaba en estos términos: «Con violencia y perturbación del mundo natural, vemos un esfuerzo constante de mantener un equilibrio de fuerzas. La Naturaleza, como una madre amorosa, trata siempre de mantener tierra y mar, montaña y valle, cada uno en su sitio; de acallar los enojados vientos y olas, atemperar los extremos de calor y frio, de lluvia y sequía, para que la paz, la armonía y la belleza puedan reinar por encima de todo. Existe una analogía llamativa entre materia y mente, y la presente desorganización de la sociedad nos avisa de que en el destronamiento de la mujer hemos desatado los elementos de la violencia y la ruina que sólo ella tiene el poder de reducir. Si la civilización de esta era llama a una extensión del sufragio, con seguridad un gobierno de los hombres y mujeres más virtuosos representarían mejor la totalidad y protegerían los intereses de todos mejor que podría la representación de cada sexo por separado.»

En las líneas anteriores asoman inquietudes de mucha gente que vivió los cambios, terrores y esperanzas del fantástico siglo XIX; desde la conveniencia de incorporar a las mujeres a la educación y al voto en las democracias liberales (defendida por John Stuart Mill en el Parlamento Británico dos años antes del discurso de Cady Stanton), a la preocupación creciente por la Naturaleza humana y biológica, que ya en este siglo evidenciaba una alienación creciente como consecuencia de la industrialización y la globalización.

Sin embargo, junto a estas cuestiones aparece también la idea de una separación fundamental de la sociedad en dos sexos, así como la exaltación de uno a costa de la demonización del otro. Este pecado original se acentuó y desarrolló conforme lo hiciera el feminismo histórico.

Se trata de algo que nos viene de ser primates, ya que entre los simios como nosotros o los chimpancés existe el mecanismo del chivo expiatorio, así como la construcción social del grupo «de los nuestros» y el grupo «de los otros». Aquí lo que hacen los chimpancés con el chivo expiatorio; mejor no ver. Es decir, aprendemos a sobrevalorar a los que son de nuestra pandilla o tribu a costa de trasvasar a los competidores nuestros defectos, y negarles a ellos las virtudes que compartirían con nosotros. Rasgos superficiales como el olor, o en el caso humano la vestimenta o la forma de hablar, ayudan a la rápida división escénica del in-group y el out-group. Más info: 

Estos mecanismos no son «buenos» ni «malos», sino sólo formas de establecer la necesaria jerarquía de poder y alianzas en especies sociales tan complejas como la bonoba o la humana.

Sin embargo, su carácter animal e irracional puede dañar seriamente nuestra vida civilizada y refinada espiritualidad interior. No hay nada malo en un chimpancé; pero no lo podemos traer a una cena romántica con nuestra pareja o a una reunión de empresa.

Para evitar demonizar a los hombres o sacralizar a las mujeres, es preciso comprender que la división sexual no es como la de dos polos geográficos, sino como la que existe en dos polos magnéticos: es una tensión dinámica de un mismo sistema indisoluble. Si un imán es dividido, no nos quedamos con el polo positivo por un lado y el negativo por otro; sino que obtenemos dos imanes completos, que pasan a exhibir su propia polaridad. Una sociedad es también un sistema, pero un sistema en el que la polaridad básica está aparentemente fragmentada en muchas nuevas interacciones que sirven para acumular complejidad. En cada grupo humano sea pequeño o grande, cada parte de él se especializa en unas funciones y delega otras al funcionamiento del conjunto.

Un ejemplo simple de este proceso se muestra en la sociedad de los suricatos, en los que unos comen mientras a otros les toca permanecer en un sitio alto vigilando si hay depredadores. Si todos los suricatos se dedicaran a otear el horizonte se morirían de hambre; si todos comieran confiados, serían presa fácil de hienas y guepardos. Ambos comportamientos son adaptativos y tienen sentido sólo en función del otro.

Los suricatos se yerguen para ver si hay moros en la costa, en su peligroso hábitat semidesértico. Es posible que nuestra postura erguida como homínidos se desarrollara con similar función y que luego fuese consolidada por la sobrevenida capacidad de manipulación de objetos. Cuando desaparezca el ser humano, el mundo será de los suricatos.

Igual ocurre en la sociedad humana en la que cada persona nos especializamos en tareas diferentes, siendo el sexo uno de los factores primarios inductores de esa especialización.

Esta especialización produce personas como Ariana Grande, que es adorable y tierna. Pero si la artista, no lo quiera Poseidón, sufriera un accidente de avión y fuese la única superviviente en una isla, ¿qué le ocurriría? Pues que probablemente dejaría de ser tan adorable y se habría de tornar en aguerrida, práctica, e incluso cruel para sobrevivir cazando animales vivos (los frutos silvestres, a diferencia de los del supermercado, a menudo son incomibles) así como arisca y desconfiada si un yate llega a la isla, ya que pueden ser narcos o piratas. Y cantar lo justo, para proteger la voz del viento y la salinidad y que esté ahí para avisar cuando llegue un equipo de rescate.

Paradójica: nació en Boca Ratón, pero se dió a conocer con el papel de Cat Valentine. También se apellida Grande y es petite; y derrocha dulzura pero es hipoglucémica.

En otras palabras: la delicadeza, el desarrollo musical e incluso el cutis lozano de la señorita Grandes son elementos que sólo tienen razón de ser y posibilidad de ser, si la cantante americana puede delegar muchas funciones como la protección, la obtención de alimento animal o vegetal y hasta aspectos de su higiene como la peluquería, a otros miembros de su sociedad.

Dicho aún más claramente: una persona que manifiesta especialmente su lado femenino (compasión, capacidad organizativa, ternura…) no es sino aquella que puede delegar la frialdad, la exploración arriesgada y la dureza a otros elementos de su comunidad. Y viceversa: el comportamiento distante, desconfiado y brusco que se requiere para ser policía patrullero o gorila de macrodiscoteca, sólo es psicológicamente sostenible a largo plazo si al volver a casa alguien nos ha preparado un ambiente opuesto y compensatorio. Inés Arrimadas, líder de Ciudadanos en Cataluña, se enfrenta cada día a caras de indisimulado desprecio en la cámara por parte de los diputados de izquierda y fascistas; cada día sale escoltada por un grupo de agentes para evitar un linchamiento. Pero al día siguiente, vuelve con una gran sonrisa y nunca pierde los papeles. Esto es posible en parte porque su marido Xavier Cima, que estaba en CiU, dejó la política activa y hasta se afilió al partido de su mujer. Así, pasó a ser ese apoyo personal que la líder de la formación centrista necesitaba para poder manifestar su enorme talento para la res publica.

El marido de la líder de Ciudadanos era separatista y concejal de un partido ultra-corrupto y supremacista; pero emparejó con Arrimadas y se le ha ido pasando la tontería. Comprensiblemente.

No hay nada más compasivo, maternal y pacífico que llevar medicinas a los enfermos y comida a los hambrientos; pero -como informaban los diarios cuando escribí este texto- para poder hacer llegar estos recursos a nuestros hermanos venezolanos, aguerridos y muy armados soldados tendrán que escoltarles. Soldados dispuestos a reventar tripas con su arma si es necesario.

Una comunidad tiene que balancear sus aspectos yin y yang, en un equilibrio dinámico: es decir, con descompensaciones que responden a los cambios en el entorno; ya que todo sistema social humano es a su vez parte de otros sistemas mayores.

La división de nuestra especie en dos sexos y su especialización diferenciada, es la forma en que la Naturaleza nos ayuda a que sea más fácil alcanzar estos equilibrios dinámicos entre el principio de expansión y el de restricción, caos y orden, yang y yin, que es el eje creador. El fenómeno de la vida es lo que ocurre cuando ese eje se mantiene girando sin oscilar demasiado.

En este marco, la aparición de formas de ser y actuar muy acentuados en uno u otro principio ayuda a alcanzar esta homeostasis en una sociedad compleja, pero su sentido y aportación son inseparables de la sinergia en la misma sociedad con los estilos opuestos. La encantadora maestra de Infantil que habla de mariposas de colores a sus alumnos y el «despiadado» empresario que reduce personal para no cerrar la empresa, están unidos por hilos invisibles que intentan regresar constantemente a un punto de equilibrio fugaz en la tensión de los Complementarios.

Cabe preguntarse, cómo es que nunca, nunca, ha habido feministas dispuestas a formar una sociedad aparte sólo de mujeres, quizá aisladas en una isla polinesia. Qué mejor forma de demostrar, con los hechos, que efectivamente el mundo sería mejor gobernado sólo desde sus presupuestos y nociones. Mi sospecha es que, si tal proyecto no terminara en catástrofe, tendría que ser a costa de permitir especializaciones yin y yang entre esas mujeres, como el imán que se parte en dos, hasta ser capaces de manifestar de nuevo todo el espectro necesario para el funcionamiento de la vida humana (menos la reproducción claro). Lo mismo ocurriría con una isla sólo de varones. La sociedad civilizada necesita por tanto que existan muchas formas diferentes de ser, una por persona; y dos sexos para ayudar a que el todo sume más que las partes. El Relato de Transformación de La bella y la bestia -que fue dignificado por la pluma de la escritora Barbot de Villeneuve, pero que es un mito universal- refleja en forma simbólica el valor de la simbiosis interpersonal del elemento masculino y femenino como via necesaria de realización espiritual.

Elizabeth Cady Stanton estaba insatisfecha con los roles femeninos de su tiempo, ya que precisamente vivió en un tiempo en el que cada vez había más familias con dinero por el aumento del comercio; y por tanto cada vez más mujeres y más ciudadanos en general accedían a la cultura. Pero estos desajustes entre las nuevas expectativas socio-históricas, y la falta aún de roles mediante los cuales la sociedad pueda aprovechar esa inversión educativa no justifican la demonización primate del sexo opuesto. La sufragista Elizabeth era una convencida abolicionista, como su marido fundador del Partido Republicano. Sin embargo, cuando una tendencia en el pensar está tan arraigada en un tiempo histórico, no es fácil extirparla totalmente; se puede argumentar que Cady Stanton y otras sufragistas y abolicionistas mataron el supremacismo blancos/negros, pero lo revivieron sin darse cuenta en el nuevo eje hombres/mujeres del feminismo.

Todas esas guerras y sangrías que la sufragista, y muchas otras feministas después, achacan al ser masculino (“La violencia está incardinada en el ADN de la masculinidad” afirmó una vez Manuela Carmena, alcaldesa de Madrid) no habrían sido posibles sin la colaboración activa de las mujeres de esos soldados, coroneles, comerciantes o políticos. Y a la inversa: las vidas de esas mujeres habrían sido muy diferentes si nadie hubiese ido al frente bélico por ellas, o a las minas, o a explorar nuevos territorios. La propia Elizabeth Cady desarrolló su carrera sufragista porque tuvo un padre juez y rico, que puso a su disposición libros de leyes desde niña y a su hermanastro a enseñarle; y su madre no habría casado con un juez del Supremo de Nueva York de no ser hija de un coronel de gran prestigio. Si su madre no hubiese casado tan bien, probablemente habría tenido once hijos igualmente, pero de un marido que no hubiese podido pagar la educación de ninguno. La señorita Cady en cambio, pudo formarse en la Johnstown Academy; Además, Elizabeth se casó con alguien de su estatus, un periodista y después abogado implicado en el movimiento abolicionista, de modo que Elizabeth pudo introducirse en ese círculo político emergente y trabar amistad con sus figuras. Aunque distante, el matrimonio con el abogado Henry Stanton duró hasta la muerte de él, y por tanto Elizabeth Cady nunca tuvo que preocuparse por la manutención de su familia ya así tuvo la posibilidad de dedicarse al activismo sufragista.

La señora Cady Stanton. Ahí la tenemos

A todo esto hay que sumar que los autores que nutrieron el pensamiento libertario y sufragista de Elizabeth Cady y otras pioneras del feminismo: (Stuart Mill, Frederick Douglas, su primo Gerrit Smith, Benjamin Franklin…y sobre todo la Biblia) son prácticamente todos hombres. Es decir: Elizabeth Cady no prosperó a pesar de vivir en la sociedad que ella creía viciada por la mano de los hombres, sino que existió una sufragista llamada Elizabeth Cady precisamente porque nació en esa nación y tiempo y no en otra diferente; de hecho su manera de pensar y sus campañas fueron el producto directo de haber nacido y vivido dentro de la propia élite de esa sociedad.

Con todo esto quiero intentar transmitir que todo en sociedad está íntimamente conectado, y la colmatación del yin engendra al yang, y viceversa. Los taoístas lo enseñaban hace veinticuatro siglos, y las ciencias modernas han demostrado que no era un cuento chino. +Info: Si desarrollamos más nuestro lado masculino o femenino en ciertas facetas de nuestra vida, lo haremos en estrecha conexión con su opuesto. Si hay un gran impulso masculino en nuestra sociedad, habrá una llamada natural a desarrollar más el femenino; por eso hubo hippies precisamente en el tiempo de la Guerra Fría.

Hombres y mujeres nos podemos ayudar mucho entre nosotros, y juntos podemos conseguir que la ley del Péndulo no empuje a los extremos a nuestra sociedad. Pero es necesario comprender que somos algo inseparable y complementario, como las partículas entrelazadas cuánticamente. Si no queremos un exceso de orden, no debemos manifestar un exceso de caos; y viceversa. El supremacismo feminista contribuye a alimentar esta dinámica peligrosa, al exacerbar tanto el caos yang (perturbación de la institución familiar, la sexualidad y hasta el normal funcionamiento del sistema judicial) como el orden yin (censura, control del idioma y el pensamiento, adoctrinamiento en la universidad e institutos…). Esta conducta es la propia de los movimientos totalitarios y supremacistas, dando lugar a lo que técnicamente se llama círculos de retroalimentación positiva. Este concepto es fácil de comprender si pensamos que es también el mecanismo que permite desatar un incendio: cuanto más arde la hoguera, más grande se hace, y cuanto más grande, más rápido devora lo que hay alrededor. En la mente aquejada de feminismo, la mentalidad supremacista va alcanzando poco a poco todos los rincones de su mente, y todos los pensamientos, todos los impulsos vitales y todos sus vínculos personales, que quedan expuestos a ser pasto de las llamas. La mentalidad supremacista es razones o lo que diga la ciencia, porque la Razón sigue una Lógica masculina y la propia ciencia está corrompida por los hombres; menos la que hacen feministas. Lo malo de estos filtros cognitivos es que no se quedan en la sociometría; sino que afectan a la propia vida y relaciones.

Medite el lector en estas cosas y verá que, al estar todo tan conectado, no tiene sentido hacer de los hombres nacidos del mismo vientre que las mujeres, algo peor o prescindible. Conmino a que valore el lector y lectora mucho el principio dominante en el sexo opuesto, pues es su manifestación lo que permite desarrollar la propia tendencia y potencial; y nada bueno o malo en los demás está totalmente ausente en nosotros: «Homo sum, humani nihil a me alienum puto».

Bibliografía:

 Pérez, Joseph (2006). The Spanish Inquisition: a history. New Haven, CT : Yale University Press; p. 173.

 Victor Davis Hanson (2000), Carnage and Culture, Doubleday, New York, pp. 194–195. Hanson, who accepts the 80,000+ estimate, also notes that it exceeded “the daily murder record at either Auschwitz or Dachau.”

“The destructive male”, discurso de Elizabeth Cady Stanton el 1 de Junio de 1868.

Diario elespectador.com

1868-06-01 – Elizabeth Cady Stanton

http://www.beersandpolitics.com/discursos/elizabeth-cady-stanton/the-destructive-male/837

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