Pensar la política en nuevas dimensiones

Estudiantes destrozando un Cristo crucificado, tras expoliar un templo católico durante una protesta en Chile. Fuente: https://elcomercio.pe/mundo/latinoamerica/chile-destrozan-cristo-protesta-estudiantes-fotos-219243?foto=2

El lector habrá pensado ya muchas veces ¿Pero qué carajo le pasa a la gente? cuando se les pide actuar como ciudadanos. Una de las razones por las que somos tan tontos a la hora de comprender lo relacionado con la res publica es el pensamiento político unidimensional.

En política tendemos a pensar en una sola dimensión, como una línea en la que se puede ir a izquierda o derecha. Reconocemos una derecha, extrema derecha, izquierda, extrema izquierda, y un “centro” que representaría la media en un momento dado del espectro. Es decir, una línea unidimensional, en la que si no vas en una dirección es que vas en la otra. Como si la esfera política fuese una conga: “izquierda, derecha, left, right, izquierda derecha left right, follow the leader leader leader, follow the leader…¡Sígale, sígale!

La representación unidimensional es poco útil para analizar y comprender las posturas políticas reales; pero se usa porque sirve para moldear al electorado y a los propios militantes. Reducir el espectro político a una única dimensión permite elaborar discursos de “nosotros” y “el enemigo” y fabricar consensos. También permite justificar alianzas espúreas, valiéndonos del ardid de denominar a los antaño adversarios como “de centro” o “moderados”. Si tiras de la soga, arrastras el supuesto centro hasta ti; sueltas la soga, y los “moderados” pasan a ser radicales.

La línea IZQUIERDA-DERECHA es por tanto una herramienta de gestión electoral y social, no de interpretación política; y una forma de “atrapar” a la población en un relato de la realidad. Si aceptamos debatir sobre este eje, aceptamos con él el relato en la que tiene sentido, y confundimos esa narrativa con el mundo real. Es como si te piden tomar parte por los Jedi o los Sith, e implícitamente ya estás aceptando el universo de una galaxia muy lejana donde reina el poder místico de la Fuerza. Cuando me preguntan si me siento más próximo al Lado Oscuro o el Lado Luminoso, yo digo siempre que me inclino por Concha Piquer; y donde se ponga la Piquer se quite Rocío Jurado, Marifé de Triana o Lola Flores. ¿No? A cuál pondría Han Solo en los viajes interestelares.

Seguimos. En la política unidimensional, es frecuente ¡y tenido por sensato! que el partidario de una posición política coincida con otros correligionarios en temas que no están conectados: como el sistema de pensiones, el aborto, el cambio climático o el derecho a la defensa propia.

Además, observamos cómo movimientos “opuestos” se encuentran formando alianzas “antinaturales” o compiten por un mismo sector del electorado. A veces se dice que “los extremos se tocan” y se dibuja el espectro político como una herradura:

Diagrama 1

Ciertamente, “los extremos se tocan”. Por ejemplo, la extrema derecha (que en mi país España se expresa sobre todo en forma de partidos separatistas) y la extrema izquierda (que en mi país está últimamente vinculada a Venezuela e Irán y tutelada por Soros) coinciden en una oposición al neoliberalismo, una apuesta por aumentar el poder del Estado, un rechazo de la democracia liberal y un odio a Estados Unidos y a los judíos como representación simbólica de la Civilización (occidental). Extrema derecha y extrema izquierda en España, sin saberlo, pertenecen a un mismo «universo», como si se disputaran el mapa de Juego de Tronos. Las facciones que comparten un mismo imaginario se odian y combaten especialmente, pero también pueden alcanzar alianzas estratégicas contra el enemigo común. Y es que la representación de la política en una sola dimensión, es producto del maniqueísmo y su visión agonal (conflictiva) de la realidad.

Ahora bien, si los “extremos se tocan” significa que hay dimensiones que están «curvando el espacio” y no están tenidas en cuenta. Cuando los españoles consiguieron llevar a buen término en 1522 la primera vuelta al mundo de la Historia, se entendió que quedó probada, sin duda alguna, que la Tierra era esférica como pensaban los europeos apoyados en la Ciencia grecorromana, y no plana como creían los musulmanes apoyados en el Corán.

Los europeos del siglo XV tenían un problema insoluble dentro de los parámetros reconocidos entonces: Occidente había perdido el Norte de África, Oriente Medio y Próximo y el Mediterráneo, todo ello en control del islam. Por tanto, el comercio y el intercambio cultural entre los extremos de la Civilización estaba condicionado secularmente a este control: por eso aún decimos “números árábigos” y no “números indios”. Después de la caída de Constantinopla en 1453, quedó claro que el futuro de Europa (“Europa” es como se llamó al Occidente civilizado que aún resistía las invasiones musulmanas, merced al proceso de cristianización de los pueblos germánicos y nórdicos) consistía en encontrar la forma de sortear este grave obstáculo económico y geoestratégico. De otra forma, la conquista por parte del imperio otomano y la conversión de las catedrales en mezquitas era sólo cuestión de tiempo.

Lo que Cristóbal Colón aportó a la Corona de Castilla fue una forma enteramente nueva de resolver el problema imposible, basada en la introducción de un factor real que nadie estaba teniendo en cuenta. A diferencia de lo que se suele decir, ya se sabía en esta época que la Tierra era esférica y no plana; este conocimiento no había desaparecido a nivel culto desde la época de Eratóstenes, que midió con exactitud su longitud. Sin embargo, saber que la Luna se puede visitar no es lo mismo que llegar a ella; Colón tuvo que demostrar a la reina Isabel y al rey Fernando que su “proyecto Apolo” era viable tecnológicamente y merecía la pena.

Introduciendo el eje “Tierra esférica-Tierra plana” en la política de su tiempo y apostando por una posición en ese eje (Tierra esférica, con dimensiones más reducidas que las reales) la corona española pudo desarrollar una nueva forma de gestión de España y Europa, que posibilitaba la nueva dimensión añadida.

El resultado fue la incorporación de América a la Historia del mundo, la conversión de los reinos hispanos en el mayor imperio que había existido nunca, y la recuperación de Occidente como foco mundial de la Ciencia, la Cultura, la Religión y la Economía.

El viaje de estas tres carabelas, significó para las generaciones del siglo XV lo que significaría para las del siglo XXI una misión exitosa que iniciara la terraformación y colonización de la Luna o Marte.

La diferencia entre una Tierra plana y una redonda es una dimensión espacial más, un factor que interacciona con el espaciotiempo que la bidimensionalidad no tiene en cuenta. A partir de Copérnico, -que intento recuperar la teoría de un sabio griego helenístico-, se añade aún una dimensión o factor de interacción más a la Tierra, el Tiempo; la Tierra no permanece inmóvil sino que gira alrededor del Sol y la Luna lo hace alrededor de la Tierra.

De igual modo, que “los extremos se toquen” en política y las alianzas inexplicables son señales que nos están alertando de que existen factores, que actúan en la vida social pero no son reconocidos. Que hay otras dimensiones que podemos y debemos explorar.

A nivel de análisis político de los expertos, si se recurre a veces a representaciones que consideran varias dimensiones. Por ejemplo, abajo propongo la de mi cosecha. Es un espacio euclidiano tridimensional con tres ejes, que oponen el microcosmos y el macrocosmos del fenómeno humano; la tensión entre diferenciación y cohesión; y la pulsión hacia la estabilidad y la conservación de la identidad, frente al instinto creativo y explorador.

Diagrama 2

Individualista-Colectivista:

El desarrollo de la civilización urbana primero y la civilización industrial y ultra-tecnológica después, fue generando una serie de fenómenos nuevos y borrando del mapa muchos viejos. Como reacción a este proceso en apariencia imparable y acelerado, surgieron en el mundo occidental distintos movimientos de reacción a lo que estaba pasando. Una parte de ellos culpaba a las estructuras sociales: el Estado, la Aristocracia, la Iglesia, los movimientos totalitarios (revolucionarios) de clase o étnicos. Esta visión derivó en el auge de tendencias como el liberalismo y neoliberalismo, y el abanico de anarquismos desde el ultracapitalista al ruralista pasando por el digital. La idea básica es que el individuo, la persona, el ciudadano es el sujeto de derechos y deberes; por lo que debe protegerse su conciencia única, su capacidad de expresión, su propiedad particular y su autonomía frente al poder excesivo de corporaciones, estados y movimientos politico-religiosos. Esta tendencia suele llevar a regímenes más desregularizados y creativos pero con dificultades para emprender proyectos colectivos. Esto se compensa a veces organizando guerras, grandes planes de infraestructuras o incluso carreras espaciales, con el fin de contrarrestar la tendencia a la atomización.

En la dirección opuesta del eje encontramos a quienes creen que el sujeto histórico y recipiente de valor y derechos no es individual sino colectivo: la etnia, el partido, el movimiento religioso…El socialismo globalista, el socialismo nacionalista o fascismo; el feminismo, el multiculturalismo o el racismo son versiones acusadas de esta tendencia a creer que “el Pueblo”, “la Umma”, “el Movimiento”, «la Raza» son la verdadera y real identidad de los seres humanos, y no las insignificantes identidades personales. Los hombres y mujeres concretos no tenemos por tanto valor inherente en esta comprensión, sino que nuestro valor es «prestado» o relativo a nuestra capacidad para alimentar, construir y ser imagen del constructo social. Las categorías como «infiel», «facha», «falsa feminista» o «mal catalán» delatan este tratamiento de la individualidad como secundaria, y que lleva también a la consideración de lo que nos hace únicos en el nivel personal como una amenaza a la Organización. Esta tendencia cristaliza por tanto en regímenes totalitarios y en un esfuerzo deliberado por «colectivizar» a los seres humanos, es decir reducirlos a categorías estereotípicas. Toda la violencia y sufrimiento que requiere este empeño, se compensa típicamente alimentando chivos expiatorios internos y extranjeros, y promoviendo la parasitación y conquista de reductos sociales sanos (capaces de generar diversidad y bienestar) dentro y fuera de sus sociedades.

Localista-Globalista:

Este eje opone la tendencia a identificarse y defender los valores de un territorio (culturales, demográficos, políticos y naturales) frente al impulso homogeneador generado por la economía globalizada y la forzada imposición acelerada de nuevas tecnologías. También se opone a la presión de los movimientos imperialistas como el islam, las grandes corporaciones o China. Los grupos ecologistas, los partidos contra la inmigración masiva o los indigenismos tienen esta tendencia. En sentido contrario, el yihadismo, el neoliberalismo o el socialismo reman en la dirección de destruir lo local para crear un espacio global monocolor.

Preservador-Creador:

En este eje se opone la voluntad de preservar y enriquecer el legado natural, social, económico y cultural que las generaciones precedentes nos han transmitido; y en la dirección opuesta la idea de que hay que deconstruir y olvidar ese pasado para hacer sitio a lo nuevo. La tendencia preservadora (Orden) nos lleva a valorar, e incluso idealizar, el pasado; mientras que la tendencia creadora nos proyecta a un horizonte utópico. La ideología preservadora pretende conservar las estructuras y la memoria supervivientes, aun a costa de frenar la innovación. La ideología creadora promueve la creatividad, el emprendimento y la liberación de energía (Caos) para dar pasos hacia la utopía aun a costa de destruir y borrar toda la herencia transmitida. Tres puntos hay que aclarar en relación a este eje:

a)Los extremos no son perniciosos per se, sino en relación al tipo de proyecto humano y su entorno. Por ejemplo, la sociedad del Nilo que emergió por la desecación del Sahara, fue muy conservadora. Pensemos que las pirámides de Giza fueron construídas casi al principio de su cultura; los obreros que las levantaron ya jugaban al senet y escribían en jeroglíficos. Pero gracias a este conservadurismo radical, la luz de Egipto no brilló varios siglos sino varios milenios, y sobre un territorio muy vulnerable ecológicamente y que todos los pueblos bárbaros intentaban invadir o inundar con su demografía.

Un ejemplo del signo contrario es Japón, que en los años 50 del siglo XIX recibió la presión militar de Estados Unidos (los “black ships” del Commodore Mathew Perry) para que se abriera al mundo. Esto ocurrió con el emperador Meiji, que impuso una occidentalización de Japón en economía, cultura, tecnología, política y leyes. Japón pasó así de su etapa medieval a segunda potencia mundial; de las catanas a los robots en menos de un siglo. Esta transformación fue necesaria para Japón porque de otra manera, habría terminado siendo parte de China, Estados Unidos o la Unión Soviética, y no habría preservado su propio camino como nación.

Con esto quiero decir que, a veces, las posiciones extremas son aceptables si su entorno y circunstancia las exigen como condición para conservar su identidad

b) En segundo lugar, hay que observar que las revoluciones traen un exceso de Orden, y el estancamiento y la represión de la creatividad son el caldo de cultivo de desbordamientos del Caos. Como dice el Tao te Ching: ”
“Si intentas cambiarlo, lo arruinarás. Intenta retenerlo, y lo perderás.” Y también: “La llama que brilla el doble de tiempo, se consume en la mitad.” El fenómeno de la Vida, es por tanto el esfuerzo constante por buscar el término medio.

c) Sin embago, como hemos dicho en a), a veces ese “término medio” está en el extremo de la curva; esto es debido a que un fenómeno social no existe aislado sino siempre en comunicación con el entorno. Si el entorno es extremadamente diferente a la identidad y estado del fenómeno, el “punto de equilibrio” obliga a una posición extrema.

Como los egipcios antes comentados: que tenían civilización, espiritualidad y un delta fértil en chocante contraste con el barbarismo de las tribus semitas, nubias, árabes y norteafricanas; así como con la sequedad caótica del inmenso país de Seth. El Orden llevado al paroxismo (lo que ahora llamaríamos un estado totalitario teocrático) era necesario para que continuara la acumulación de memoria y valor en el margen del Nilo. Los egipcios pudieron así inventar y enseñar a los pueblos vecinos el Arte, la Medicina, la Escritura, la Religión, las Matemáticas y la Ingeniería. El “milagro griego” o las exploraciones fenicias de la Edad del Hierro son consecuencia directa de esta voluntad férrea de los egipcios por preservar y poner en valor su propio legado milenario frente a la barbarie, y frente a eventos como “el Fin del Mundo” de finales del Bronce.

d) Como quiera que hace miles de años que se sabe (al menos en círculos privilegiados y esotéricos) que la colmatación de Orden engendra el Caos, y el Caos desbordado crea un nuevo Orden; los colectivos dispuestos a moldear la sociedad conforme a sus intereses y valores usan este principio de la Naturaleza para sus fines. Es decir, los movimientos que buscan alcanzar, conservar y ampliar su poder de conformación de la realidad social inducen, de forma deliberada, ora un caos excesivo, ora un orden excesivo como vía para hacer posible el cambio que quieren. Se trata de un juego de manipulación social, a veces muy peligroso.

Esto no significa que este tipo de conspiraciones y campañas basadas en tensar la cuerda sean “malas” o “buenas”. No se trata de una lucha del Bien contra el Mal, sino simplemente de grupos con acceso al conocimiento de cómo funciona el Cosmos que lo usan en favor de su ideología. Desde nuestro punto de vista, lo importante es conocer el principio que actúa, para ser capaces de advertir estos movimientos y tratar de contrarrestarlos o aprovechar su impulso para favorecer nuestros propios valores humanos.

Por ejemplo, en las sectas masónicas existe el lema “Ordo ab Chao” (Del Caos, el Orden) que es precisamente esto que hablamos. Los grupos masónicos han ido penetrando el poder político, económico, cultural y religioso especialmente en Occidente. Como botón de muestra, los obeliscos de Washington o el que hay en la Plaza de San Pedro del Vaticano son símbolos masónicos (los masones se consideran herederos de las sectas esotéricas egipcias) que muestran enclaves donde la penetración masónica es muy importante. En España, 44 años de la muerte de su gran enemigo, las logias masónicas viven una gran expansión de adeptos y de colocación de sus miembros en los distintos poderes.

Bien, pues los masones en el poder político, económico y mediático practican regularmente la inducción de nuevos proceso caóticos o la estimulación de los que ya existen para poder destruir (solve) la sociedad o el estatus quo, y así poder implantar un nuevo Orden (coagula) con el beneplácito del pueblo al que ofrecen rescatar del desastre y ruina alimentada por ellos mismos. Y también al revés; se favorecen regímenes muy duros para hacer que la chispa estalle y reconducir la hoguera generada hacia su plan.

No sólo el poder asociado a los masones (organismos económicos, mercados bursátiles, movimientos revolucionarios y separatistas) emplea el principio de Ordo ab Chao, sino como podemos deducir, todos los grupos de poder con algo de inteligencia racional que se auto-dirigen en lugar de ser dirigidos.

Importantísimo: las organizaciones que buscan destruir el mundo actual para construir el suyo sobre los escombros no vienen (hasta donde sabemos) de otras estrellas o de universos paralelos. No son lagartos de V, sino personas y redes que emergen de nuestras sociedades, de nosotros mismos. Nosotros producimos nuestros héroes y villanos. No recomiendo por tanto que el lector se crea que George Soros o Nicolás Maduro o Jeff Bezos son “los malos” a los que hay que exterminar para que todo se arregle. Por supuesto, se trata de gente con la que no nos tomaríamos un café; como personas dejan todo que desear. Pero si los creemos la causa primera de lo que va mal en en el mundo, no podremos ver los procesos que generan este tipo de individuos y movimientos y también en gran medida, el mal que les atribuimos.

Un ejemplo de aclaración: es patente y conocida la influencia muy directa de George Soros en la materialización de la presidencia de Sánchez o del Golpe de Estado del 2017, que se dió en Cataluña pero que ha ido extendiendo sus tentáculos a toda España. Sin embargo, hay que admitir que la degeneración del liderazgo en el régimen español viene de mucho antes de que Soros pusiera sobre España sus garras. Tras el anterior golpe de Estado, tuvimos a Felipe González; parecía que nada peor nos podía llegar, y llegó Aznar: el que acabó con la corrupción por la via de legalizarla con privatizaciones y leyes ad hoc. Y llegó Zapatero, que hizo bueno a Aznar. Con una España en recesión llega Rajoy; valedor de las leyes de Zapatero y su política pro-separatista y pro-inmigración. Sánchez, que se esfuerza cada día por quitar a Rajoy el apodo de presidente de la democracia no necesitaba en realidad al Mefistófeles americano. Se podía haber ahorrado venderle el alma, porque la tendencia decadente ya venía de lejos. Y tampoco lo necesitaba el Golpe de Estado, ya que la propia ley electoral de 1976 y la Constitución del 78 fueron generando un proceso de desintegración y empoderamiento ilegítimo de los partidos totalitarios que nos conducía al momento presente, en quizá cuatro o seis años más. La cuestión a la que debemos llegar es qué produce las mareas, no sólo qué oportunistas aprovechan para llevarse todos los peces. Tenemos que saber lo que ellos saben. O ser sólo parte del oleaje.


Dentro del espacio tridimensional resultante de estos tres ejes, podemos ubicar todos los movimientos políticos y sus matices. Ninguno se sitúa sobre las propias líneas; todos tienen elementos de todo en distinta proporción. La localización en el espectro de un movimiento particular experimenta una deriva en el tiempo mientras dura; y en todas sus etapas incurre en contradicciones más o menos graves.
Por ejemplo, el partido Vox en España defiende la preservación de la identidad social y cultural española y el neoliberalismo económico, que es como ser partidario de las abejas y de Monsanto. El partido R.N. de Marine Le Pen en Francia, al venir del fascismo (socialismo nacional) es más coherente en este sentido y por eso ha capitalizado en su país el voto obrero; sin embargo, incurre en sus propias paradojas al defender a la vez la democracia liberal y la no integración de Francia en las estructuras supranacionales necesarias para proteger este tipo de régimen. *

  • Nota millennial: Los franceses, como los británicos, carecen de una identidad nacional europeísta y universalista, y es un lastre para ellos. También motivo de envidia secular hacia los españoles, que sí la tenemos gracias a lo que hizo con nosotros la Historia. La peculiaridad de la identidad española se basa en el instinto de unión de la diversidad y la proyección hacia afuera, lo que Primo de Rivera llamó «Unidad de destino en lo universal». Por eso es un error, a mi juicio, tratar de resolver las crisis históricas de España tratando de imitar a anglosajones o franceses cuyo “proyecto de nación” es distinto. Compárese la letra de alguno de los seis himnos “prohibidos” de España con el oficial de Francia o Gran Bretaña, y se entenderá lo que quiero decir. 
  • Las formaciones políticas pueden permitirse estas contradicciones, porque no existen aisladas sino que son parte de un Parlamento; se constituyen en partes de un sistema parlamentario y tienen en cuenta lo que defienden los demás a la hora de definir sus propuestas. De ahí que cuando llegan a gobernar con mayoría absoluta -si no son partidos anti-sistema, esto es- tengan que reajustar su programa para hacerlo más coherente (aunque no necesariamente más justo o sensato).

Sin embargo, en la mente de cada uno de nosotros como ciudadanos, sí es necesario buscar una coherencia. No podemos defender estrategias y objetivos que se cancelan entre sí, sino que con ayuda de la razón y la información que nos brindan otros, debemos orientarnos hacia la mayor sinergia posible de nuestras ideas políticas para servir realmente a nuestros valores. Es un trabajo continuo y que requiere «actualizaciones» periódicas, por eso hay que tener una mente abierta y estar dispuestos a probar nuevas ideas-herramientas y estrategias.

Esta integración de nuestra propia ideología política puede ser, sin embargo, imposible dentro de el eje de coordenadas que he propuesto arriba u otro sugerido por diferentes analistas.

Así es que es buena idea introducir nuevos ejes, y representar nuevas dimensiones que nos permitan pensar de forma realmente original y con la distancia necesaria para comprender los problemas y soluciones de nuestro país y del mundo.
Una dimensión extra supone una diferencia cualitativa; pensemos en la distancia ontológica entre una fotografía de una flor y una flor real y viva. Es un grado de libertad añadido, con movimientos totalmente fuera del espectro conocido.

Importante: No confundir los nuevos ejes dimensionales con los temas tabú. En todo régimen hay asuntos de los que no se puede hablar, y cuestiones que sólo se pueden abordar dentro del corsé de la ideología política dominante. En mi país España cada vez hay más temas así, en torno a momentos clave de nuestra historia, la contribución social de determinadas minorías, la religión, muchas cuestiones medioambientales, la islamización de Europa… Sin embargo, partidos nuevos intentan abrir esos debates para la opinión pública y hay vídeos y libros. Es decir, se pueden o podrían abordar sin salir del eje dimensional reconocido y compartido.

Un eje dimensional es diferente, porque redefine absolutamente todo. No es la introducción de algo dentro de lo que hay, sino todo lo que hay dentro de algo nuevo. Si pensamos en la dimensión temporal, vemos que interacciona y determina a las demás dimensiones; afecta a todos los objetos y procesos de nuestro universo. Lo mismo ocurre con los nuevos ejes dimensionales aplicados a la realidad sociopolítica.

Un sencillo método para inducir este salto en nuestro pensamiento político:

1. En primer lugar, líbrese el lector o lectora, como un moco seco que proyectamos a la nada impelido por el dedo índice sobre el pulgar, de las categorías “derecha-izquierda”, “los de arriba y los de abajo”, “blancos y negros”, y otros ejes engañosos. Déjelos en suspenso al menos, que ya se los recordará la tele o su red social preferida cuando se conecte.

2. Limpiada la mesa de trabajo de pendejadas ya nos ponemos a concebir y dibujar sobre papel un espacio en el que podamos ubicar todas y cada una de las opciones políticas reales en nuestro mundo. Es lo que he tratado de hacer en el diagrama 2, pero otra construcción distinta valdrá igual o mejor, si satisface este nivel de inclusión.


3. Tanto si os sirve un cuadro bidimensional como si necesitais un espacio de Minkovski para vuestra representación, el siguiente paso es considerar el «universo» resultante como un punto; el punto representa una opción concreta en una nueva dimensión que vamos a añadir, la opción que todos los partidos habidos y por haber aceptan por implícito consenso.

Diagrama 3A

En el diagrama 3A, hemos representado el punto adimensional que contiene todo nuestro mundo político (el diagrama 2) como un tomatico cherry. El espacio en blanco donde está inmerso visualiza a su vez todos los grados de libertad posibles: todos los ejes o factores en los que las posiciones de base del mundo político pueden tomar valores reales (en función de las limitaciones impuestas por la Naturaleza claro).


4. A continuación, consideraremos ese punto como inscrito en una línea de puntos que dibuja un espacio unidimensional, es decir una recta que une todas las opciones posibles de un nuevo factor que vamos a añadir. El color gris del tomate en el diagrama 3B es el valor concreto que toma en el gradiente:

Diagrama 3B

Esta recta tiene la facultad de representar cualquier parámetros que ninguna facción cuestiona, o considera siquiera. Factores que afectan realmente a la vida socioeconómica y su administración, pero cuya comprensión presente todo el mundo da por sentado. La línea por tanto, representaría todos los valores posibles de esa nueva variable reconocida por nosotros, de los cuales la forma en que todos se relacionan con ella es sólo un matiz de todos los posibles. ¿Por qué en blanco y negro? Si los tomates cherry son rojos. La razón es que el color, es decir: la longitud de onda del espectro lumínico, sería a su vez una dirección ortogonal al eje que representaría su intensidad (claro y oscuro). En este artículo no vamos a complicar tanto la cosa.

5. A ese gradiente hay que ponerle un nombre, es decir una dimensión. Esto es quizá lo más difícil, hallar factores reales que, aplicados a la cosmovisión social, produzcan una nueva medida para todos los fenómenos.


Como forma de explorarlas en una lluvia de ideas, sugiero estas técnicas:

  • Las preguntas que los filósofos (Ojo: que no estén implicados en filosofía política: no nos vale para esto Slavoj Zizek, Jordan Peterson o Jacque Fresco, por muchos méritos que tengan) se están haciendo hoy. Como los que se interesan por las implicaciones para la gente normal de la física cuántica, la inteligencia artificial, la exobiología, la religión, la consciencia…
  • Poner las divisiones de la realidad convencionales en suspenso con fines metodológicos. Las divisiones (y oposiciones) hombre-mujer o natural-artificial por ejemplo, cuando se ponen en cuestión alumbran ideas interesantes. A veces los árboles no nos dejan ver el bosque; es decir, la división de la realidad en árboles separados a veces no nos permite ver lo que los árboles son en otras escalas de realidad y sus relaciones ocultas. Negar esas líneas divisorias para reconstruir el fenómeno correspondiente de una nueva forma, nos puede brindar interesantes hallazgos; como el niño que desarma un juguete para comprenderlo.
  • Recurrir a la Imaginación: la imaginación nos permite asociar nuestras representaciones del mundo de formas transgresoras o imposibles. Podemos ayudar a la imaginación recurriendo a la lectura de libros de ciencia ficción, fantasía, ucronías, humor y a la poesía. Por ejemplo, recomiendo los libritos “Erewhon” de Samuel Butler , “Los propios Dioses” de Isaac Asimov o “Los Papalagi” de Erich Scheurmann. Son libros muy fáciles de leer.
  • Familiarizarse con temas científicos, históricos, artísticos… Madre mía, qué no habría dado Shakespeare, Cervantes, Leonardo Da Vinci u Ortega y Gasset por tener, aunque sólo fuese una semana de su vida, acceso a los océanos de información de calidad que tenemos nosotros. Pero los datos que nos pueden ayudar a pensar de forma nueva no son los que están en la Red, sino los que somos capaces de guardar en nuestra memoria humana.
  • Dejar trabajar al subconsciente: nuestros procesos cognitivos son inconscientes sobre todo; por lo que basta preguntarse por nuevas dimensiones para que nuestra red neuronal se ponga a la tarea de buscarlas relacionando su base de datos con nuestro input diario. Para que esto suceda, el subconsciente tiene que recibir el mensaje de que es una información que nos hace falta: esto se hace simplemente cargando de intensidad volitiva nuestros pensamientos sobre la cuestión. Desearlo vaya. Entonces, hay que realizar actividades que: distraigan a nuestro yo consciente para que no estorbe la búsqueda y que nos aporten sensaciones y datos nuevos que puedan serle útiles. Esto último se consigue realizando actividades nuevas, como visitar un lugar donde no hemos estado o comprar yogur de fresa; o haciendo cosas que requieran toda la concentración del yo consciente como el bricolaje o el pádel o tocar el bodhran.
  • Practicar el mindfulness: el mindfulness es lo que toda la vida de Dios se ha llamado “estar en lo que estás”. ¡Nene! ¡A ver si estás en lo que estás que me vas a meter el pie en el brasero! Experimenta el ahora, nota tu respiración, ¿qué sonidos se oyen alrededor tuyo? ¿Te has fijado en las baldosas? ¿Notas el peso que tu cuerpo hace descansar sobre el embaldosado?
  • Lo prohibido: hay técnicas que funcionan y a las que la persona adulta y en uso de sus facultades puede recurrir. No las puedo recomendar aquí pero ya sabeis de qué hablo ¿no? Las que usaron y usan todos esos escritores y pensadores para conseguir llegar a figurar en los libros de texto. Consumir con moderación.
  • Haciendo un poco de todo esto, he encontrado personalmente que todas las orientaciones políticas dan por sentada una postura determinada sobre el libre albedrío, pese a ser un tema candente en los últimos años en la Ciencia y sobre cuyas implicaciones la Filosofía está debatiendo con igual ardor de nuevo. He podido comprobar que efectivamente se trata de una nueva dimensión, y lo usaré como ejemplo.

La cuestión de si los seres humanos somos agentes libres o estamos sujetos a las leyes físicas es muy relevante para la cosa publica, ya que en ella se basan toda clase de roles e instituciones sociales. Ignorando flagrantemente el debate filosófico-científico, TODOS los partidos y movimientos construyen su ideología bajo el presupuesto implícito de que las personas podemos elegir en última instancia sin condicionamientos, como si lo último que se hubiese escrito sobre el tema fuese la Summa Theologiae de Tomás de Aquino.*

  • Nota para millennials: la Summa es un libro escrito en el siglo XIII, basado en la visión del mundo de Aristóteles. Debió ser importante, porque aún hoy los institutos de Secundaria hacen fiesta el día de Santo Tomás de Aquino.

Por esta razón, podemos asignar a la «dimensión del libre albedrío» donde hemos puesto nuestro universo un abanico de posturas posibles sobre el libre albedrío, que suelen agruparse en torno al determinismo, compatibilismo y libertarianismo. Los extremos absolutos serían, a la izquierda, la creencia según la cual la realidad física es una creación de la mente humana; y en el extremo opuesto, la creencia de que la voluntad y los pensamientos de las personas son determinados completamente por la realidad física.

Diagrama 4

El ecosistema o universo tridimensional del diagrama 2 -en el que pululan a mi entender todas nuestras facciones políticas- queda reducido en la nueva dimensión a un punto que intersecta esta nueva dirección a la altura del compatibilismo ontológico (en el diagrama representado por una pera de Albacete). Este punto señala la postura concreta que acepta que el mundo sigue leyes naturales, pero supone al mismo tiempo un espacio de decisión individual protegido de todos esos flujos causales que determinan por ejemplo, si el Paracetamol me hará sentir mejor o si una borrasca deja lluvia. Es decir, todas las variables concebibles de gestión de lo público, se basan en el supuesto de la no inclusión total del ser humano en el mundo físico y la existencia de un mecanismo de decisión personal fuera del espaciotiempo y sometido sólo a la Consciencia.*

  • *Es oportuno decir que la opinión muy prevalente en la esfera científica NO coincide con la que basa la política, sino que estaría muy escorada hacia el determinismo (En el gráfico señalada por un melocotón de Cieza). Recordemos que en el juego científico no valen los consensos. Por ejemplo, la velocidad de la luz está establecida en 300000 kms/s. Pero nadie dice “300.000 kms/s es una burrada. Mejor optamos por decir que la luz viaja a 300 kms por segundo que ya vamos bien”. NO. La luz es concebida desde su valor “extremista” o “radicalizado” porque la última palabra la tienen los experimentos y los cálculos objetivos. De igual forma, y contra las visiones dominantes en la sociedad, la Ciencia ha ido adoptando muy mayoritariamente y por razón del conocimiento aportado por sus ramas la postura determinista. Esta se explica diciendo que nuestro pensamiento está totalmente determinado por leyes físicas; pero nuestra mente determinada es a su vez parte del proceso con su propia eficacia causal. El científico y divulgador Sam Harris describió muy bien esta concepción actualmente dominante en Ciencia con la siguiente metáfora:

«Tú no controlas la tormenta, ni estás perdido en ella. Tú eres la tormenta.»

Al desplazarnos por esta nueva recta perpendicular, avanzamos hacia una concepción del universo como producto de la imaginación de una mente libre (idealismo), o hacia una visión del universo en el que las opciones son sólo aparentes, y todo, hasta nuestros pensamientos, opera dirigido por el azar y la necesidad. Según la posición que adoptemos, aparece una perpendicular (línea discontinua) que comprende el repertorio de estrategias para lidiar con ese tipo particular de universo. Las que no se ajustan estrictamente al universo compatibilista, resultan en soluciones y representaciones del mundo personal y social humano diferentes a todo lo que hemos aprendido o se nos propone como posible. La postura prevalente entre los científicos que estudian este tema, también dispondría de su propia recta perpendicular con el abanico de soluciones políticas; basadas en ese caso en la inclusión de la mente en el flujo causal y la ausencia de verdadero libre albedrío. Sin embargo, estas posibilidades no son abordadas porque la esfera política aún no ha incorporado esta visión científica.

El libre albedrío es sólo una de las coordenadas nuevas que podemos considerar, hay otras que el lector inteligente encontrará por sí mismo con o sin mis consejos. La cosa es detectar grandes factores que no son discutidos por nadie, pero que son, demostrablemente, capaces de cambiar todas las reglas del juego.

6. Y es que cada nueva dimensión o factor transversal aporta formas realmente novedosas y divergentes de afrontar nuestros retos políticos y civilizatorios. El siguiente paso del método es, una vez detectada una nueva dimensión de los problemas, representar el gradiente de posibles valores del factor como he hecho antes de forma muy simplificada con “el libre albedrío.” Y localizar en él dónde cae exactamente el consenso del espectro político real.

7. En el siguiente paso -y suponiendo que hemos hecho bien los deberes y nos hemos documentado en profundidad sobre la dimensión a explorar. definiremos y colocaremos en el eje el valor que la Ciencia y nuestras investigaciones particulares indiquen como más probable. De esta forma, aprovechamos la incursión en la nueva dimensión para explorar sus potencialidades. Pero no lo hacemos a partir de la postura de consenso actual en política, ni la que nos guste más. Más bien, debemos apoyarnos en lo que la Ciencia y el sentido común nos indican que debería ser la posición de referencia.

Por ejemplo, si quisiéramos considerar como afectaría el contacto con alienígenas a la vida sociopolítica de mi país: no nos interesaría situar nuestro panorama de actuación en el escenario absoluto de una invasión extraterrestre ni el de que nunca detectemos vida fuera de la Tierra; sino sobre el que los expertos consideran más probable, Este es, a día de hoy, el de hallar vida microscópica o pluricelular simple en nuestro Sistema Solar en los próximos años.

No es que otros escenarios estén descartados al 100%; nunca hay que descartar nada por completo ni dar nada por sentado definitivamente, hay que ser escéptico como nos enseñaron Fox Mulder y Dana Scully. Si no, volveremos al pensamiento unidimensional. Sin embargo, no hacemos esta tarea de imaginación informada y sistemática para intentar escudriñar el futuro, sino para ser capaces de producir soluciones nuevas a los problemas reales. Es como hacen en las empresas, que plantean escenarios realistas en función de los datos y sobre eso trabajan. Imaginaros que una PYME basara sus objetivos anuales sobre el supuesto de que la lotería de Navidad les saldrá con el Gordo, o el de que la sede sufrirá un gran incendio. Esos escenarios también son útiles para ciertos propósitos, pero mucho rentables para el objeto de este artículo son los basados en el abanico de escenarios más viables.

Situándonos entonces sobre ese supuesto mejor apoyado en las evidencias actuales, trazamos una perpendicular de acciones posibles. En el último ejemplo, serían las consecuencias para el ser humano de información sobre el desarrollo mayor o menor de la vida en planetas o lunas de nuestro “barrio” Solar. ¿Qué implicaría en términos de valorar la vida en la Tierra y su protección? ¿Cómo afectaría al desarrollo de la carrera espacial de los distintos bloques? Observese que algunos de estos temas parecen muy alejados a nuestra vida cotidiana, pero en realidad son muy condicionantes de nuestra política y economía. Pensemos como ilustración, lo mucho que la carrera espacial ha transformado nuestra vida terrestre sólo en su aspecto tecnológico:


La fibra de vidrio, el joystick para videojuegos, los filtros de agua tipo Brita, las almohadas de viscolática, la tele por cable, los satélites (y por tanto el GPS) el termómetro infrarrojo, los cascos de los ciclistas, la ropa ignífuga, las herramientas eléctricas que no necesitan cable, los estándares de seguridad de los alimentos, las placas solares fotovoltaicas y muchas otras tecnologías con gran impacto en la vida personal y social se desarrollaron primero para los astronautas. Es decir, se derivan de la decisión política de los gobiernos de invertir en I+D en forma de proyectos espaciales.

Pensar la sociopolítica desde nuevas dimensiones se resume en definitiva en dos acciones: Primero, dar el paso de integrar en nuestra representación del mundo variables fundamentales que nadie tiene en cuenta. Segundo, imaginar respuestas a los problemas desde esa nueva perspectiva privilegiada.

En esos nuevos caminos o estrategias que podemos concebir gracias a ese superpoder humano que los iniciados llamaron “Tercer Ojo” (la Imaginación, o capacidad de ver lo invisible en la mente) puede haber respuestas a algunos problemas que parecen insolubles; ya que parten de datos que, siendo accesibles, no nos hemos permitido considerar hasta hoy. Es como si hubiésemos vivido siempre dentro de un castillo, y creamos que el universo no existe más allá de sus muros. Cuando el castillo se incendia, necesitamos saber que es posible salir de la fortaleza para conservar la vida; eso es lo que nos permite pensar la política en dimensiones nuevas.