Tarot atlante: El Loco

Arcano Mayor «El Loco»

 

El Loco, o Necio, figuraba en mazos de tarot antiguos bajo apariencias distintas, pero generalmente asociadas o bien a un tipo que ha tomado malas decisiones en la vida y ha terminado en la pobreza y la marginalidad, o bien al que se gana la vida con su ingenio y desparpajo como bufón o juglar o engañabobos de poca monta; para las personas del siglo XV, no es que hubiera mucha diferencia. Así por ejemplo, el célebre tarot Visconti-Sforza -que tuvo mucha influencia en la caracterización del que fuera entonces sólo un juego recreativo- presenta al Loco como un hombre pobre, de ropajes raídos, descalzo y portando una vara en la que sujetar un hatillo con posibles limosnas. Su rostro no es joven, sino que muestra las señales de este tipo de vida. En la posterior baraja de Marsella, ya vemos la bolsa amarrada al palo del mendigo y un perro acompañante.

Este tipo de representación contrasta con la del Ryder-Waite, que erige esta figura en principal y cambia su significado. La ilustración del tarot producida de Pamela Coleman-Smith se basa en el antiguo tarot renacentista Sola-Busca, que en una exposición contemporánea impresionó al escritor Arthur Ryder-Waite y a Pamela Coleman. Sobre su base hicieron adaptaciones para plasmar los profundos saberes sobre el esoterismo occidental de Arthur en 78 ilustraciones al gusto de comienzos del siglo XX, a la vez simples y claras pero elegantes y llenas de capas de simbolismo. El resultado es una obra maestra que se convirtió en el canon para la gran mayoría de barajas y el sentido esotérico que los tarotistas del mundo dan a las cartas.

El Loco Necio o la actitud atrevida y abierta a aventurarse

En esta versión, el Loco ya no es una persona caída. A partir de su uso popular como comodín o joker en el juego, se le atribuye el significado de Principio, del estado de Prima Materia alquímico. Hay otras cartas que indican cambio e implícitamente, nuevos comienzos -como la Torre o la Muerte- pero en tales casos el motor del cambio es externo. En el caso de El Loco, el nuevo escenario de posibilidades viene propiciado por una actitud interior: atrevimiento y apertura a lo nuevo y a la aventura de la vida. En el Ryder-Waite esto es representado por un hombre joven; la suerte del chico aventurero y confiado hasta la imprudencia de situarse al borde de un precipicio en la Rider-Waite, no se revela en la carta y es por tanto potencialmente ilimitada.

En otras palabras, el Loco pasa a ser la casilla de salida de la Vida como itinerario iniciático, a la que debemos volver una y otra vez para no estancarnos. Es por tanto por naturaleza el Cero.

El Cero, o el Vacío preñado de posibilidades

El Cero como concepto esotérico y espiritual obtuvo así su representación propia en el Tarot. A él vuelve la vida continuamente, ya que al acabar una decena llegamos a su consumación con el diez, la Tetractys sagrada para los pitagóricos; pero esa consumación de la serie nos pone de nuevo en disposición de iniciar otra decena.

Por esta razón tanto el vacío y la plenitud son una y la misma cosa, un estado de reposo donde se borran todas las huellas y obstáculos sobre la arena alisada y se puede volver a trazar líneas sobre ella con nuestro báculo.

Los físicos saben hoy que el vacío natural no equivale a la nada filosófica… Sino al nivel de Realidad donde todo es posible, las reglas dejan de funcionar y donde ninguna restricción puede contener definitivamente la creación o desaparición de universos. La palabra probable para el cero en jeroglífico egipcio era nefer, que significa habitualmente bello, placentero, bueno y el basamento por ejemplo, de un edificio. Su signo era el corazón y la tráquea, siendo el corazón para los antiguos habitantes del Nilo la sede de los sentimientos y la intención.
Los egipcios no usaban un sistema numérico posicional; sin embargo sí tenían en su teología la idea del Nun, el Vacío que no es, y sin embargo de él proviene la existencia del cosmos. No tiene existencia positiva, pero encierra un potencial infinito de creación.

Cuando consideramos números reales, el cero es el producto de sumar todos ellos, los situados a la izquierda y a la derecha de la línea imaginaria. Es por tanto una instancia previa a la existencia, que es fruto de la ruptura de simetría; un estado anterior al Big Bang si se quiere. Podemos imaginar esa ruptura, ese descabalgamiento de la simetría perfecta del cero como una hilera infinita de piezas de dominó, una junto a la otra, de modo que al inclinar una ponemos en marcha una reacción en cadena que da origen al Cosmos, Orden o Caleidoscopio Universal; el cuál  existe mientras se mueve, es decir mientras quedan asimetrias que provoquen flujos de potencial.

En la escala de la vida humana, esa pieza tocada equivale a la toma de una decisión vital, de la elección de un determinado camino entre el abanico de posibilidades. Pero para estar en situación de tomar el camino primero hay que situarse en la encrucijada de donde parten todas las direcciones; y eso es lo que nos da el Arcano de El Loco.

En el Tao te Ching de los taoístas leemos, en su capítulo 11, acerca del vacío o wu:

«Los treinta radios se unen en una nave; pero es en el espacio vacío (para el eje) del que el uso de la rueda depende. La arcilla se modela en recipientes; pero es en su vacía oquedad, donde descansa su función. La puerta y ventanas son cortadas (del muro) para hacer un apartamento; pero es del espacio vacío del que su uso depende. Por tanto, lo que tiene una existencia sirve para una adaptación de provecho, y lo que no para su empleo efectivo».
No sólo la rueda taoísta, sino también la Rueda de la Fortuna en el Tarot y todo el Tarot como representación del escenario de la vida, dependen para su funcionamiento del vacío caótico y potencial que señala El Loco.

El Loco es por tanto, en el sedimento simbólico y espiritual que ha ido adquiriendo el Tarot con los siglos, la vuelta del alma o de la vida a un punto de partida, y la vibración o actitud correspondiente al que es capaz de adoptar una posición abierta a nuevas posibilidades.

Es una locura a veces necesaria, por eso la propia biología y hormonas imponen esta actitud en los jóvenes que tienen que empezar a afrontar la vida y conquistar poco a poco la edad adulta. Pero no es exclusivo de ellos, sino una actitud a la que hemos de volver cíclicamente como personas y como sociedades, para no ser aniquilados por la entropía.

El Loco Burlón

En la Historia de la Humanidad ha existido siempre la figura del trickster, que es un personaje marginal, o marginado, una especie de individuo Delta. Este Joker es el Dionisos que no vivía en el Monte Olimpo con los dioses respetables, o el Loki que no era invitado a los banquetes de los Asir. Con su estupidez real o fingida (porque en el fondo es portador de una sabiduría trascendente) es capaz de trastocar el orden en la sociedad y en la mente. Esta figura, masculina en su esencia yang pero que puede cambiar de forma y sexo -como la araña Anansi, el espíritu del Coyote o el Diablo- son cristalizaciones culturales de un Arquetipo muy antiguo. Tan antiguo, que se remonta al uso primario del humor en los primates como lubricante social simbólico. Provocar la hilaridad o el ridículo se convirtió en una forma alternativa a la violencia para sobrevivir a un linchamiento o evitar una carnicería desescalando una situación mediante la función psicofísica de la risa compartida. O tal vez minar la autoridad o las aspiraciones de un macho alfa más fuerte con labia e ingenio satírico para robar lealtades en el grupo al adversario.

La risa, como el llanto, libera tensiones, pero además de esta terapia física el humor obliga a ver la realidad desde una perspectiva nueva. El Humor y el Absurdo fueron explotados por los chamanes tribales, y aún hay religiones en el mundo en las que la comedia es parte esencial de la liturgia y «dar la nota» signo de inspiración divina, como es el caso de los payasos sagrados de los indios Pueblo o los Lakota.

 

 

En Europa -donde la comedia y la irreverencia tuvo también un origen religioso y catártico en los festivales dedicados a Dionisos en Grecia- el rol del Loco se dividió en diferentes papeles sociales. Así por ejemplo, tenemos las tonterías de los yurodivy o locos sagrados por Cristo en la Iglesia Ortodoxa; como San Basilio, cuyo santuario se encuentra en la icónica catedral de la Plaza Roja de Moscú. Basilio andaba desnudo y con cadenas; robaba en tiendas y se lo daba a los pobres; y hacía cosas aún más estúpidas, como criticar a Iván el Terrible por su violencia y negligencia. Este zar llevó el féretro sobre sus hombros en el entierro del santo.

Otra figura del Loco es el bufón; si bien los bufones estaban en la escala más baja de la sociedad medieval, algunos tenían la suerte de servir a reyes. El bufón real era el único que podía decirle las verdades al monarca, porque no pintaba nada en los juegos de poder. Además, se podía permitir incluso criticar a otros nobles y portentados, ya que tenía la protección real. Estos bufones de corte, que ya divertían a los faraones egipcios y también a los reyes aztecas, tenían su réplica popular en bufones oficiales de pueblos y ciudades. La esencia de estos personajes, tanto reales como los legendarios y literarios, es introducir un elemento de «caos controlado» o de sátira en el marco de lugares y días señalados. Estos bufones, a la vez chivos expiatorios y héroes, podían ser personas con deformidades físicas o mentales reales, y otras veces eran simplemente hombres, en ocasiones mujeres, con gran inteligencia e ingenio.
Esta función podía también ser desempeñada de forma colectiva; c omo en la Comedia dell´Arte, original de Italia; o los peleles de trapo que los españoles cosían para ridiculizar y criticar a los franceses y sus colaboradores durante la ocupación napoleónica de España.

Hoy en día hay muchas personas dedicadas profesionalmente al humor, la performance artística, la comedia teatral o la canción burlesca, pero muchos de ellos no tienen el espíritu del Loco Burlón. A menudo sólo buscan entretener, y ponen mucho cuidado en evitar hacer mofa del estatus quo o las costumbres en boga menos excusables. El precio de un auténtico Loco Burlón, sin rey que lo ampare ni líderes religiosos con sentido del humor, es la marginación. Su poder es más temido que nunca, el poder de provocar un cambio profundo que abra a la sociedad o a la persona oportunidades de solucionar sus problemas.

La función de El Loco en el tarot como juego es la de comodín, o carta que permite ignorar por una vez las reglas para seguir adelante. En la vida real, a veces la gente busca estos «comodines» en personas que parecen capaces de trastocar el tablero. Por ejemplo, el presidente Donald Trump llegó a la Casa Blanca tras una larga trayectoria vital de «antisistema dentro del sistema», y conquistó a su electorado diciendo cosas «políticamente incorrectas», mientras que sus adversarios lo tachaban de loco y de peligro social. Trump, cuyo apellido significa en inglés «triunfo» en el sentido de carta superior, o triunfante en una mano en los juegos de naipes, llegó a la vez como un personaje ridículo pero astuto en el fondo; capaz de decir barbaridades pero también de cuestionar el estatus quo de manera eficaz. Donald Trump representó en las elecciones americanas de 2016 al Loco de manera magistral. Cada imprudencia tuiteada, cada aparición en televisión donde se mofaban de él en su cara o incluso azuzaban su pelo bufonesco, lo revelaba más en ese papel arquetípico tanto para los que lo esperaban como para los que veían en el una seria amenaza.

La verdadera Misión de El Loco como trickster no es salvar nuestro mundo ni destruirlo, sino obligarlo a adoptar una posición nueva que permita salir de una crisis o un estancamiento. Su antagonismo no es con la comunidad, sino con el riesgo de anquilosamiento y pérdida de creatividad. El Loco como Burlador o trickster es la misma vibración de el Loco como Necio o joven dispuesto a explorar el mundo sin miedo, pero proyectada al entorno; no es que se abra al caos y al cambio, sino que él mismo es el detonador de ese caos y el heraldo de una nueva era.

Si sois partidarios de tener en cuenta las cartas que salen al revés, su significado entonces indicaría en sentido interno exceso de esta vibración; es decir un comportamiento demasiado imprudente en una tesitura que requiere cautela o moderación; o bien una permanencia demasiado prolongada en un estado de indecisión o incapacidad para comprometernos, como si quisiéramos permanecer siempre en la casilla de salida o en la adolescencia. En su manifestación externa, nos indica la aparición de una persona, evento inesperado (un «cisne negro») o una crisis repentina que puede sacudir el estatus quo y hacer posible la irrupción de fenómenos nuevos en la realidad que vivimos; en este caso el arcano sería un aviso de los riesgos que conlleva esta conmoción.

 

Alce Negro”, considerada una persona santa tanto por la Iglesia Católica como por los indios Lakota, era un heyoka o payaso-chamán. Fue famoso por su nueva versión de la Danza del Sol; que no fue una canción del verano sino una ceremonia religiosa.

Las diez claves de la belleza

¿Qué es la Belleza? No es una cuestión tan frívola como parece. Muchos filósofos y científicos advierten de que existe una relación íntima entre Virtud, Verdad y Belleza. Que son la misma cosa vamos; y es bello aquello en que apreciamos virtudes y autenticidad. La identificación tiene que ver con la Naturaleza: aquello que dialoga mejor con la realidad, es más hermoso, bueno y genuino. No porque lo decidamos nosotros, sino porque estamos equipados biológica y culturalmente con  los filtros perceptivos requeridos para detectar, y reaccionar a la concentración en un punto de virtud moral, estética y testimonial. Cuando Platón dice en su obra “El Ágape”: si «hay algo por lo que vale la pena vivir, es por contemplar la belleza» su comprensión incluye también los aspectos éticos, matemáticos y espirituales. 

 

Nos posicionamos por tanto a favor de la idea de que la Belleza es objetiva y no está “en los ojos del que mira”; ni “en como me siento”; que tiene un valor de supervivencia y adaptación al entorno que necesitamos potenciar; y que, siendo parte de la Naturaleza, identificarla plenamente requiere el uso de la razón y el entendimiento y no la mera excitación primaria de los sentidos.

 

Una sociedad sana busca crear y proteger la belleza, la verdad y la virtud moral. Las naciones en decadencia van perdiendo la capacidad de producir, apreciar e incluso discriminar lo bello de lo feo, lo bueno de lo malo, y lo verdadero de lo falso. También nos ocurre a las personas, cuando nuestra alma no está bien. Por eso no es suficiente mirar al pasado con nostalgia, buscando cosas bellas y buenas que nos inspiraron entonces; como haría una persona que ha perdido la vista, y vuelve en sueños a los colores y formas de su memoria en busca de consuelo.

Lo que necesitamos es curarnos; re-aprender a ver y escuchar lo que es virtuoso; rescatar reductos de Belleza en nuestro microcosmos y macrocosmos, y ayudar a que se desarrollen y se muestren. La honestidad y sencillez son elegantes. Hablar con respeto y educación es una declaración estética. Alegrar la vista a los demás es un acto de bondad.

 Demos pues Diez Claves de la Belleza. y animo al lector a comentar qué me he dejado en el tintero. Para las feministas que se atrevan a leer este artículo lo subtitularemos:  “Diez Estereotipos impuestos por el cis-Patriarcado para someter a las Mujeres oprimidas y racializadas por la Cultura blanca eurocentrista y privilegiada.” A ver si así cuela y lo leen; no doy a ninguna feminista por perdida sin remedio.

La Belleza, en cierto sentido, no es otra cosa que la experiencia sensorial de las propiedades Matemáticas de la Realidad: simetrías, asimetrías, patrones regulares, proporciones, ritmos, fractales.

Vasos sanguíneos de un riñón humano. La vida usa ecuaciones matemáticas llamadas fractales, para desarrollar sus diseños con la mínima inversión de información y el máximo control sobre su evolución y reparación

Puede que esta afirmación parezca chocante o abusiva, pero hay argumentos que apoyan esta explicación racionalista: incluso la belleza que nos excita sexualmente o la que emociona nuestra alma. Es más fácil de observar en la música y los colores, por ser simples frecuencias vibratorias (de presión en el aire y de la radiación lumínica), y por tanto más cercanos a la física esencial de nuestro universo. Cuando disfruta de las armonías sonoras o cromáticas, el cerebro realiza operaciones matemáticas muy precisas pero muy familiares y naturales. Como en esta visualización de Debussy.

Alguien dijo “la música es la mente divirtiéndose contando.” En realidad esa cuenta y medida se produce también en las impresiones más complejas. Las matemáticas y la lógica siguen presentes, pero de forma cada vez menos evidente a nuestro plano consciente, más solapada.  Veamos pues algunas de las características clave de la Belleza Femenina desde esta perspectiva considerada:

Proporción

Es cuando todas las partes de tu cuerpo guardan una relación; por ejemplo, Kylie Minogue es muy bajita (1.52 cm.) pero es un sex symbol porque su cuerpo es muy proporcionado.

El desafío estético de muchas mujeres indias o medio indias de países como Bolivia o Perú no es su baja estatura, sino que en su proceso de achatamiento  perdieron proporción. La pérdida de estatura es en sí misma una adaptación climática que ayudó a sus ancestros a sobrevivir y prosperar en determinados entornos, como la selva tropical, el calor extremo, la escasez de alimentos, el enrarecimiento de oxígeno en las montañas… Todas situaciones para las que ser bajo es ventajoso, por lo que los suramericanos con fenotipos indios harían bien en agradecer las ventajas de ser achaparrados,  entre las cuales destaca el pertenecer a las estirpes que pervivieron y proliferaron. Los trajes tradicionales de estas regiones muy queridas por los españoles plantean algunas soluciones eficaces y sencillas de vestimenta a estas siluetas autóctonas, que los diseñadores de ropa en Suramérica harían bien en usar como inspiración, para la moda internacional y la moda nacional.

Por otra parte, los cambios de dieta, estilo de vida y emparejamientos dentro de referencias geográficas cada vez más amplias de estas personas,  están influyendo en la altura media en estos países  ganando en centímetros y esbeltez respecto a la generación de sus propios padres. Enlace

Esta desviación de las proporciones ideales por razones de adaptación biológica no sólo ocurre a escala de fenotipos predominantes en una región, sino también dentro de fenotipos locales homogéneos. Por ejemplo, en una mujer demasiado alta que termina desgarbada, o  un hombre que va al gimnasio y, desoyendo el consejo del monitor, trabaja sólo de cintura para arriba. La proporción ideal en el diseño humano es una razón que se llama Fi, y empieza por 1.618… Nuestra percepción está diseñada para detectar Fi en el cuerpo de los demás, incluso en plantas y animales, porque es indicativa de salud y buenos genes.

Elegancia:

     La elegancia consiste conseguir la mayor eficiencia con el menor esfuerzo necesario. El vuelo de un águila o una golondrina es muy elegante, porque parecen desplazarse sin esfuerzo por el aire, sin movimientos bruscos, o innecesarios. Lo contrario a una gallina vamos. Una fórmula científica es también llamada elegante, cuando describe una ley o principio de la forma más breve y clara posible. En las conferencias de Física, se menciona a veces la aspiración de que la fórmula de todo el Universo quepa en una camiseta… Es la idea más sublime de la moda que al parecer conciben los físicos.

    En la elegancia, menos es más; es la forma más sencilla (la palabra técnica es eficiente energéticamente) de realizar un gesto, causar una impresión, expresar algo. La elegancia en movimiento o en la comunicación se llama gracia, que viene del latín gratus: agradable, agradecido. Gracia se llama a los dones divinos, y de gratus viene también gratis: lo que no cuesta nada. El movimiento perfectamente alineado con las leyes físicas es el que menos cuesta;  en el taoísmo se llama wu wei, “acción de la no acción”, es decir la acción que fluye de forma natural, y en el caso humano, también consciente.

El vuelo del vencejo es sin duda elegantísimo. En inglés se llama swift, que es como se llama también a los movimientos ejecutados con velocidad y ligereza. Una vez tuve un vencejo en mis manos y pude comprobar de cerca el prodigio de diseño de este ave, cuya forma y plumaje son una adaptación extrema a la capacidad de volar más rápido y más lejos que las demás. A cambio ha tenido que renunciar a la vida en tierra firme, por lo que el ejemplar que encontré en el suelo necesitó mi ayuda para remontar y desaparecer en el azul del cielo.

Un ejemplo cromático de elegancia es el color negro, que resulta tan distinguido a mi juicio porque con un sólo tono (en realidad la suma de los tres colores pigmento primarios) conseguimos el máximo efecto y contraste. Siendo el contraste en sí mismo un valor, el negro nos ayuda a no exhibir lo que tenemos, sino llamar la atención hacia lo que mostramos. Cuando Cocó Chanel  y Jean Patou inventaron el vestido negro de noche (conocido como LBD, iniciales de “Little Black Dress”) no sólo desenlutaron este color poderoso, sino que realizaron una declaración estética a favor de la sencillez y la elegancia implícita en esta prenda legendaria al alcance de cualquier mujer con mínimos conocimientos de costura, y al mismo tiempo lo bastante sublime como para ser vestido en una gala o la fiesta de una embajada real.

                 El LBD tiene muchas versiones: más corto o más largo, con tirantes o palabra de honor, con mucho vuelo en la falda o de tubo…Hay variedad suficiente para encontrar uno apropiado a cada cuerpo femenino, sin embargo, todos los modelos deben conservar el principio de máxima sencillez y monocromatismo.

El saber estar y la integración en el entorno

Consiste en comprender que no nos miran por unos prismáticos, sino que los demás nos ven siempre como parte de un entorno. Por eso tenemos que dialogar con ese contexto, adecuando nuestra forma de hablar, de vestir, de comportarnos.  Conviene tener mundo y cultura, porque una persona ignorante o que no conoce ambientes distintos no puede modular su comportamiento e imagen para encajar y brillar en distintos entornos.

Esto no quiere decir que debamos mimetizarnos completamente con el decorado; sólo que hay que jugar con esa integración en el background y ver qué aportamos nuevo a la escena, para enriquecerla entendiendo cómo se integra nuestra nota particular en la sinfonía general.

Un ejemplo: en la tradicional carrera real de caballos de Ascot, es costumbre que las damas lleven vestidos despampanantes y sombreros glamurosos y muy desenfadados. Es realmente muy divertido. Pero ese día, la reina aparecerá y todo el mundo dirá que va muy elegante; incluso más elegante que muchas mujeres jóvenes. Esto es así porque la reina Isabel siempre se viste para las ocasiones conforme a un patrón muy determinado: sombrero discreto, y a juego con el color del traje, también sobrio. Los británicos y los fotógrafos valoran la simplicidad y el buen gusto de esta combinación, y los ojos buscan las pequeñas variaciones: el color elegido esta vez, el adorno en el sombrero. Es como si la humildad y el encanto de estos diseños dijeran: “me puedo permitir esta sencillez porque yo soy la Reina.”

El arreglo personal y nuestra expresividad natural juegan con los elementos de nuestra imagen, buscando la armonía y la seducción, pero también la comunicación con el entorno: es como un avatar virtual en el que ofrecemos parte de nuestra belleza, y mostramos reconocimiento hacia la belleza que nos rodea. La cosmética y la ropa nos ayudan a crear ese punto de encuentro e integración, en el que también juega un importante papel el lenguaje corporal y las expresiones verbales.

Nunca somos seres aislados en nuestro propio universo; siempre formamos parte de un dibujo mayor. Esto implica que nuestra belleza y prestancia no se puede realizar sin tener en cuenta el entorno en que ha de manifestarse.

La idea es “poner nuestra nota”, no “dar la nota”. Es decir, aportar nuestro propio color y sabor, pero enriqueciendo el todo en lugar de entrar en él como lo haría un mono en Tiffany´s. En otras palabras: hacer que nuestra inclusión en un ambiente aporte interés y belleza tanto al ambiente en cuestión como a nosotras mismas. Yo llamo a esta relación “dialogar con el entorno”.

1963: Audrey posando con el conjunto diseñado por Cecil Beaton para la versión teatral en Broadway. Creo que el sombrero cayó al mar por una ráfaga de aire y fue arrastrado por la corriente al centro del Atlántico, donde terminó por ser constituido en república independiente y en sede fiscal de empresas offshore durante algunos años.

Aquí tenemos a Audrey Hepburn posando para la promoción de “My fair lady” de Georger Cukor, basada en la obra de Bernard Shaw “Pygmalion”, de 1912. El atuendo de Hepburn no sería elegante en muchos contextos (pese a que sí lo es tomado de forma aislada) debido a que no hay muchos ambientes con los que pueda “dialogar”. En el escenario de la sociedad representada en el musical, resulta perfectamente apropiado, que es equivalente a decir que ha establecido un diálogo eficaz con su entorno; el personaje de Eliza Doolittle manifiesta su individualidad e incluso llega a llamar la atención, pero al tiempo se muestra integrada en el panorama que la rodea. Este es el  verdadero objetivo de su mentor: conseguir el equilibrio alquímico entre la expresión de la encantadora personalidad de la vendedora de flores por una parte, y por otra el desarrollo en ella de la capacidad de adaptarse a nuevos ambientes distinguidos.

La Imperfección

La variación aporta interés y diferencia, algo que es atractivo e interesante. Esto se debe a que nuestro sistema perceptivo busca regularidades y sistemas familiares, recibiendo “alertas” que filtran la variación o desajuste. Esta atención a la novedad y la sorpresa es un mecanismo de defensa, pero también es una forma de reparar en oportunidades para aprender o acceder a recursos nuevos o valiosos (raros).

Los japoneses llaman al aspecto positivo de la diferencia wabi sabi; esto es la aceptación de la imperfección creadora, el pequeño caos que señaliza que algo es único y está vivo. Si lo piensas, el Universo entero no es sino un detalle wabi sabi en la simetría perfecta del Gran Vacío.

Es importante señalar que esta imperfección, o discontinuidad, tiene que enmarcarse de algún modo en el orden y la simetría. Los japoneses valoran probablemente tanto los detalles wabi sabi porque su vida es muy ordenada, alejada de los ritmos naturales, y situada en ciudades que por la noche parecen el escenario distópico de Blade Runner. En este contexto, un humilde almendro puede suscitar una emoción y nostalgia mucho mayor que la que el mismo árbol suscitaría, por ejemplo, entre las vastas plantaciones de almendros que menudean en España, con hileras de árboles que se pierden en el horizonte y que sólo nos parecen extraordinarias durante la floración de febrero.

Es decir, no es la imperfección en sí lo que es bello, sino su contraste dentro de un marco más amplio proporcionado y regular.  Como un hombre de pelo negro y piel atezada, que sin embargo tiene ojos verdes brillantes. Un lunar es bello en un rostro limpio y claro; pero pierde todo su interés en una cara llena de pecas y manchas del sol.

La imperfección, en esencia, no es otra cosa que una manifestación de la Dualidad: cuando miramos algo muy bello, lleno de armonía y significado, sentimos su oposición con el entorno, la tensión dramática entre el punto de nuestra atención con todo lo demás. Nos acercamos para observarlo mejor, incluso tocándolo, como buscando que su manifestación tenga una impresión mayor, equivalente o superior a la de su polo opuesto ambiental.

La Dualidad es la tensión de los Opuestos, del Ser y el no Ser, que hace que exista la realidad. Su expresión máxima en nuestro mundo sensorial es el contraste.

El contraste es bello por dos razones: en primer lugar, porque es eficiente energéticamente: lo que aparece contrastado demanda menos esfuerzo a nuestro sistema de percepción. En segundo lugar, tiene un efecto enfático en los elementos que se conjuntan y oponen, realzando sus rasgos y los de la tensión entre ellos.

El contraste en una imagen de Taylor Swift

Esta cantante de gran éxito de Estados Unidos, está aún en una edad en la que se puede permitir toda clase de excesos textiles; sin embargo, sabe buscar el equilibrio o su asesor de imagen le aconseja con tino. En la foto, vemos cómo se atreve con un tono de labios muy osado, pero lo compensa con la sobriedad del negro del vestido (uno de sus colores preferidos) y el peinado, liso y “formal.” Esto determina que nuestra mente decida que “está bien” porque el conjunto permanece equilibrado. Sin embargo, este mismo contraste hace que no podamos dejar de mirar esos labios, que son uno de los puntos más sensuales de la anatomía visible de esta cantante. El rojo siempre es erótico, incluso en este matiz más juvenil y desenfadado. Nuestro subconsciente está viendo un pececillo encarnado en el océano azul sugerido por los ojos de la artista y su bolso, que aparecen conjuntados, y las líneas curvas y suaves de toda la figura. El efecto global es de una invitación atrevida pero en un marco sereno y conciliador. 

La Belleza interior

El cuerpo humano, más que el de ningún otro animal, ha evolucionado para delatar nuestro interior; mientras que nuestra mente está especialmente capacitada para advertir la más mínima señal indicadora del estado psicológico en el otro. Aún es más acusado este talento en las mujeres, porque conviene al cuidado de los niños y ancianos y para seleccionar la mejor pareja disponible (otra cosa es que algunas prefieran auto-engañarse o el deseo les cierre los ojos a estas señales…).

El punto es que mejorar nuestra personalidad, sentir ternura, tener una autoestima equilibrada, mostrarse asertivo, ser más inteligentes (leer y hablar con gente despierta aumenta poco a poco nuestro propio intelecto, por ejemplo yo mismo vengo de ser medio tonto de adolescente y ahora ya ves); incluso alimentar pensamientos bellos, son cualidades de las que nuestro cuerpo y cara y voz darán cuenta a los demás, en un proceso inconsciente: los otros sólo comprenderán que les gusta nuestra sonrisa, o nuestra mirada, o la forma en que nos tocamos el cabello; pero en realidad lo que les está seduciendo es nuestro interior, traicionado por nuestro lenguaje corporal. Piensa en cómo deseas o quieres a otra persona mientras estamos mirándola o hablando con ella o tocándola. Considera también en cómo esa persona es manifestación de la propia grandeza del Universo, reflexiona un momento sobre lo sagrado que hay en ella. Relájate, confía en ti  y permite a tu cuerpo expresar lo que sientes, así las otras personas se sentirán atraídas o cómodas contigo sin saber por qué.

La Salud:

La salud es el estado que define a un sistema capaz de mantener la homeostasis, es decir un equilibrio dinámico de sus funciones y propiedades. Esto supone en la práctica deslizarse en una delgada franja entre el estancamiento y la desintegración, que se intenta mantener usando la memoria acumulada para procesar el input del exterior. Como todo sistema tiende a la entropía, tenemos que disipar esa alta entropía y consumir baja entropía, por ejemplo con comida, aire limpio o buenos consejos. Esto sucede a nivel celular, del organismo, de la familia y otros grupos sociales a los que contribuimos, las sociedades y la Humanidad como subsistema de la Biosfera.

Obviamente no pensamos en estas cosas cuando queremos seducir o somos seducidos; nadie tiene erecciones pensando en Teoría de sistemas complejos o en las leyes de la Termodinámica. Sin embargo, la Naturaleza biológica y cultural que nos hace personas humanas, sí lo tiene en cuenta. Todo se resume en detectar señales de estados sanos y prometedores en las demás personas, en el paisaje, en todas nuestras impresiones sensoriales.

Hombres y mujeres buscamos signos de salud en nuestras parejas: la acumulación de grasa, una piel demasiado pálida (salvo que sea una persona muy rubia o pelirroja), un andar pesado, ojeras, arrugas, son indicativos de que el posible amante no está en su mejor condición o que ya se le ha pasado el arroz, como decimos en España. La solución no es ponerse en manos de cirujanos plásticos, salvo algún aspecto puntual. Lo mejor es cuidarse y quererse. Hacer ejercicio, alimentarse bien, dormir mucho; aprender a respirar profundamente, evitar los excesos de todo tipo, perder grasa si nos sobra; piensa que la grasa que se acumula bajo la piel también lo hace sobre los órganos como el corazón o el hígado, estropeándolos poco a poco. Buscar la serenidad y los placeres que no nos hagan daño, como aconsejaba Epicuro.

Atención especial a la piel:  es el órgano que nos protege pero, a la vez, nos conecta con el mundo. Por desgracia, la mayor parte de la piel la llevamos cubierta siempre o casi siempre, incluso cuando hace calor; es como si siempre fuésemos con gafas de sol incluso en casa, o con orejeras en los oídos. La práctica de la desnudez es muy buena para la piel y el cuerpo, así como para la psique; además nos permite descubrir anomalías o deficiencias en la piel tan pronto como puedan aparecer. Recomiendo al menos hacer nudismo en casa, si no podemos hacerlo al aire libre con regularidad.

La piel femenina es suave y hermosa, sin embargo es menos gruesa y peor hidratada que la masculina. Los hombres tenemos pieles más fuertes, resistentes y más grasas, ya que el cuerpo masculino es una adaptación a tareas más expuestas que las que tomaban las mujeres; la civilización incluso agudizó estas diferencias. Las mujeres (sobre todo las de piel clara) tienen un cutis más bello y expresivo pero también más delicado. Esto significa que tienen que cuidar muy bien su membrana corporal; siempre es mejor invertir en tratamientos y hábitos para mantener una piel sana que en cremas e intervenciones para ocultar los estragos. No hay una edad para empezar a cuidar la piel: se debe nutrir y proteger de agentes nocivos (rayos UV, alcohol, productos de limpieza) desde el nacimiento.

Los hombres, al tener mejor piel, nos abandonamos más; esto es un error frecuente, similar a cuando compras patatas fritas con poco aceite pero al no empachar te comes la bolsa entera. En realidad, los varones necesitamos cuidarnos. Por ejemplo, la misma grasa que producen en abundancia nuestras glándulas sebáceas y nos hidrata, es la causa de que en la adolescencia nos ataque con más frecuencia y más años el acné, y el hacer trabajos al sol y al viento el aviso de que nos estamos pasando llega más tarde que con una mujer.

Por otra parte, los hombres maltratamos nuestro rostro al afeitarnos. Se ha evolucionado en este aspecto, pero todavía hay gente que se pone alcohol después de rasurarse con una cuchilla. En realidad, muchas espumas de afeitar no convienen tampoco. Cuando una persona se afeita a menudo, la barba u otra parte del cuerpo, hay que saber cuál es la manera menos agresiva de hacerlo. En mi caso, al tener una barba dura, me hacía siempre mucho daño al afeitarme, por lo que opté por recortarme la barba con una maquinilla y así voy siempre, con mi barba de tres días, que además me sienta bien. La moraleja es que mujeres y hombres y cada cuerpo individual requiere sus propios cuidados de salud e higiene, que hay que anticipar y procurar con constancia.

Y es que de nada sirve cubrir nuestras carencias o decadencia; el maquillaje excesivo o los retoques de cirugía roban en dignidad más de lo que devuelven en lozanía, aunque nuestro entorno no nos lo quiera decir. Es preferible apostar por madurar bien y envejecer bien, retrasar nuestro reloj biológico con la dieta y las actividades que nos podemos permitir hoy día, cuidar nuestro organismo para que esté lo mejor posible por dentro y esto hará más bello lo que queda fuera.  Que nuestro cuerpo y espíritu tenga la salud máxima posible en cada etapa de la vida.

Arreglarse para expresar nuestra propia belleza y combinarla con la de los demás

La imagen física es la forma de expresión más importante y básica, incluso más que lo que decimos, por eso las culturas que no creen en la libertad de las personas y menos de las mujeres, se esfuerzan tanto en ocultarla y controlarla.
El vestido, el calzado y el maquillaje son nuestra segunda piel. Lo que nos ponemos nos protege de la intemperie, pero al mismo tiempo se convierte en una especie de extensión de nuestro propio cuerpo. Esto tiene que ver con el sentido propioceptivo y la integración sensorial, por si quereis investigarlo. El caso es que la ropa y los afeites y el peinado son una parte importante de nuestro derecho y capacidad de expresión. Incluso los que somos nudistas lo sentimos así, y por eso la ropa se sustituye por tatuajes, piercings, maquillaje corporal en los enclaves naturistas.
Es importante ir bien vestidas (que no quiere decir con ropa cara), bien conjuntadas, buscar cortes de pelo y colores que nos favorezcan, y piezas que expresen como somos o queremos ser.

Nota: Si lo que somos por dentro es vulgares y horteras, es hora de cambiar de forma de ser. Busca un o una Pigmalión dispuesto a guiarte en este proceso de refinado.  Mientras tanto procura mantener una imagen discreta y sencilla, hablando lo menos posible.

El maquillaje: la que es guapa no lo necesita; y a la que es fea no le basta.

NO hay que usar maquillaje para “completarnos”, porque no somos un cuadro o un plato decorativo. Es decir, no somos objetos estáticos, sino dinámicos; como los actores en una obra, o los bailarines en una danza. Es diferente la función del adorno en una figura que no se mueve y en un ser que no deja de cambiar, porque está vivo.

Ciertamente usamos  el maquillaje facial para disimular ojeras de una mala noche, nos tintamos el cabello para tapar las canas, o cubrir un lunar que nos afea. Este uso de los afeites es equivalente al retoque fotográfico que exigen los famosos o las jefas de edición en las imágenes que acompañan un reportaje. No hay nada objetable en ello, pero existe el argumento, que comparto, según el cual el disimulo o la afectación no nos acerca a la belleza, sino que nos separa de ella.

Diferentes sociedades toleran más o menos maquillaje, pero en los últimos años se valora más, algo que celebro, el nude make up o no-makeup makeup: es decir, el maquillaje discreto, que se note lo menos posible, y potencie en lugar de esconder nuestra belleza natural, retocando señales accidentales como el cansancio o una pupa en los labios.

El maquillaje más grueso y aparente no es vulgar per se; pero es importante que la persona que se maquilla mucho no lo haga para ocultar lo peor, sino para subrayar lo mejor. El maquillaje aparente, como la pintura corporal en las tribus indígenas, sirve para reflejar nuestra forma de ser o estado emocional; así como el tipo de relación que queremos establecer en ese momento con su entorno. Es decir, lo mismo que  hacemos con la ropa, que absorbió en el Neolítico funciones comunicativas que antes asumía el maquillaje corporal y las pieles y huesos de animales tótem.

En la vida desempeñamos diferentes roles o máscaras, pero esas personae deben expresar nuestra verdad y belleza interior, no ocultarla. Nos ponemos un antifaz en una fiesta de disfraces; pero al final nos lo quitamos y nos mostramos como somos, no nos vamos de la fiesta con la máscara puesta, ni nos la ponemos en la vida cotidiana. Michelle Phan, la influencer de belleza americana, dijo: “El maquillaje no es una máscara que cubre tu belleza, es un arma que te ayuda a expresar quién eres por dentro.”

El trabajo de auxiliar de vuelo es más importante de lo que parece; no sólo contribuyen a la comodidad de los pasajeros, sino a gestionar problemas antes de que lleguen a generar riesgos para la seguridad. Imaginemos que esta azafata tiene una cicatriz  en el lado derecho de la frente por un pequeño accidente doméstico; ¡mejor ocultarla con el flequillo, para no hacer pensar a los pasajeros ansiosos en accidentes!

Además de los estándares profesionales y las adecuaciones en la imagen para su mejor desempeño, nos encontramos con etiquetas ligadas a situaciones sociales; es el caso por ejemplo de una fiesta en la que todas las mujeres van con maquillajes de fiesta, y los hombres con traje. No ir maquillada a ese evento no sería elegante ni bello, ni siquiera si somos muy hermosas o no solemos usar maquillaje, porque rompemos la armonía del encuentro y su convención.

El fondo de lo que quiero decir en este punto es: arreglarse es un acto comunicativo: es lo que tenemos que hacer para que nuestra propia voz se escuche en el concierto, pero acompasada y coordinada con la de los demás. El todo es más que la suma de las partes; si todos contribuimos a una escena bella, esa belleza se derrama sobre cada persona implicada.

La Belleza es Verdad

Abby y Brittany son dos mujeres de Estados Unidos, que nacieron con el mismo cuerpo, pero dos mentes muy diferentes. Aquí, cuando eran niñas

El caso de Abby y Brittany, de Minnesota, refleja lo difícil que es expresar tu porción de belleza cuando eres literalmente un cuerpo con dos cabezas, cada una con su alma, e ir más allá de la atracción morbosa. Sin embargo ellas lo consiguieron, a base de darse a conocer en televisión como dos chicas normales en muchos otros aspectos, además de simpáticas. Ambas sacaron el carnet de conducir, terminaron el instituto y la universidad, donde se prepararon para trabajar en la enseñanza, y también viajaron por Europa.  Cuando los americanos las veían en su programa para el canal TLC, ya no veían su anormalidad sino a dos chicas del sur con cosas que contar. Es decir, se expusieron tal cual eran, pero llevaron la atención a lo que era hermoso en su identidad, que en este caso es sobre todo su vitalidad, inteligencia y ternura. Hoy día llevan una vida alejada de los medios, y dan clase en quinto de Primaria.

El acierto de las gemelas Hensel, fue el no pretender que eran “normales” o que “tener dos cabezas es bello”, o enfadarse con quien no las considere hermosas, como vemos hacer a las influencers de la gordura hoy. Su estrategia fue mucho más inteligente:  permitir que los demás nos conmocionemos al verlas, hagamos chistes, nos preguntemos por su vida amorosa, y al final queramos saber qué más hay en ellas, además de la dicefalia. Entonces tuvieron la oportunidad de mostrar los aspectos objetivamente bellos de sus personalidades y su cuerpo, como su cabello dorado o su sonrisa casi perenne.

           La belleza es reconocida de distintas maneras por diferentes personas; el mismo helado sabe un poquito diferente a cada uno, porque el sabor no está en el helado, sino en la mente que reconstruye el gusto a partir de pasadas experiencias y expectativas presentes. Sin embargo, el helado existe, y es frío y tiene ciertos  ingredientes y preparación sin los cuales no sería un helado y no provocaría que formáramos una sensación placentera en nuestra mente al paladearlo.

Y es que la Belleza no está, como se dice, “en el ojo del que mira.”. NO. La belleza es una cualidad objetiva e inherente a toda la Realidad, en la medida en que es manifestación de ciertas formas matemáticas. La Belleza es por tanto equivalente a la Verdad.  En la filosofía griega -por ejemplo en la obra “El banquete” de Platón- encontramos autores que afirman que la belleza, el bien, la virtud y la verdad son sinónimos, pues la búsqueda de uno conduce a los otros. Es posible que esta concepción se base en la noción de la Maat egipcia, ya que los egipcios eran muy observadores de la Naturaleza y de sus armonías ocultas.

En las filosofías postmodernas -como el feminismo o la ideología de género- se niega la posibilidad de la verdad objetiva, y por tanto también de la belleza objetiva. ¿Quién soy yo para decir que alguien es feo? ¿Con qué autoridad afirmo que tal pieza no es una obra de arte?

En la cultura postmoderna dominante es frecuente que escuchar o leer distintas variaciones de la idea de que “todas las mujeres son bellas.”  Este eslogan parece inocente y bienintencionado, pero no lo es.

Repare el lector o lectora en que,
“si todas las mujeres son bellas”, ninguna lo es. Ser bella es una cualidad; que se expresa en un grado determinado, como ser alta, o ser simpática. Cuando afirmamos que “todo el mundo es simpático”, lo que hacemos es vaciar de significado el adjetivo, al declarar que la intensidad de éste no se relaciona con ninguna medida, forma o comportamiento. Esto es lo que se ha estado haciendo con la belleza, de manera vehemente e intolerante.  Es una trampa lingüística, destinada a erosionar, no ya la belleza de las mujeres, sino la legitimidad de la Razón y la Experiencia como fuentes de su apreciación. Es decir, se trata de atacar la noción de un lenguaje común entre todos los seres humanos, en este caso aplicado a la estética; y por tanto de significados compartibles/objetivos con los que describir el mundo. Este diálogo en torno a parámetros comunes, equivale a dar la última palabra a la Naturaleza y no al grupo social de turno con poder para imponer su cosmovisión a los demás.

Ese Lenguaje existe en la opinión de algunos, y no sólo lo compartimos entre todos los seres humanos, sino con todo el Universo. Es el lenguaje lógico-matemático, “el código” en el que está escrito el Cosmos. La Belleza es consecuencia de ese código, y por tanto no depende de la opinión de cada cual, ni de una votación mayoritaria. Una persona puede decir que el vuelo de un vencejo no es bello en su opinión; pero podemos contestarle que lo es, independientemente de lo que estas acrobacias le hagan sentir o no a él o ella. El vuelo del vencejo está lleno de belleza por su facilidad, o economía, a la hora de desplazarse en el aire, algo que se puede medir y describir matemáticamente.

Igualmente, deberíamos poder afirmar que Taylor Vencejo es bella por su facilidad para expresar salud, gracia y feminidad, con el mínimo esfuerzo. Recién levantada y con legañas, ya le gana a la mayor parte de las féminas sobre el planeta. Podríamos acudir a la lista de mujeres más deseadas en las encuestas del momento; pero siempre podrá decir alguien que los gustos pueden ser manipulados, haciéndonos ver lo negro blanco. Por eso, al margen de la percepción estadística, sería interesante apoyar la causa en un estudio frío de sus medidas, proporciones, indicadores legítimos de salud (como no estar gorda, ya que la acumulación de grasa se relaciona con metabolismos descompensados y futuras enfermedades), y ocurrencia de variaciones genéticas raras y valiosas, como es el caso de sus ojos azules, o su voz privilegiada. Es decir, podemos convencer a un ciego de que Taylor es hermosa, y a un sordo de que canta bien, si ciego y sordo son capaces de manejar el pensamiento lógico-matemático y ponemos en sus manos la información objetiva relevante.

            Taylor Swift sin maquillaje ni peinado

Si observáramos un registro impreso de las variaciones tonales de su voz, su regularidad y adecuación a la melodía y el tempo de las canciones, podríamos deducir cómo canta la chica. El que el receptor pueda oírla, o si puede oírla sepa también valorarla, es irrelevante, es un elemento subjetivo que no quita ni pone nada a la calidad de interpretación de los temas.

Yo por ejemplo, no he sabido apreciar la novena sinfonía de Beethoven hasta pasados los cuarenta; ahora me hace llorar de emoción. Sin embargo, la belleza de esta sinfonía estaba ahí, en plenitud, desde hace dos siglos y pico; el que yo no supiera verla era problema mío, y no es más bella ahora por ser yo capaz de reconocerla. Si acaso soy yo el que es más bello, al menos en ese rincón del alma que ha aprendido a sintonizar con esta música divina.

Estos tipo de apaños son útiles pero no tienen que ver directamente con la función propia del maquillaje y el peinado al servicio de la Belleza. El maquillaje, en cuanto potenciador de nuestra belleza, de nuestra verdad, sirve como medio de Expresión. El sentido de poner determinado tono de carmín en los labios, por ejemplo, es hacer una declaración de intenciones, como expresar alegría en una fiesta a la que hemos sido invitadas, o confesar que estamos receptivas al cortejo masculino. Es un lenguaje con el que la mujer se habla a sí misma, y a su entorno social y afectivo.

Por otra parte, el proceso de vestirnos y maquillarnos es en sí un ritual mágico, una ceremonia con valor en sí misma ya que prepara nuestra mente y cuerpo para divertirse, encantar, y seducir. Las actrices y actores valoran mucho a sus ayudantes de maquillaje y el tiempo de caracterización, porque son conscientes de que les ayuda a entrar en el personaje y hacerlo bien. Algo de eso le ocurre a toda mujer que “pierde” la tarde preparándose para salir, o al hombre que se afeita con cuidado, plancha su mejor camisa y se peina por última vez en el espejo de la entrada. El maquillaje y el arreglo en general, mayor o menor, es un acto comunicativo consciente en el que queremos llamar la atención sobre lo que es bello e interesante en nosotros, sea una parte del cuerpo o un estado de ánimo.

Reconocer y celebrar la belleza en los otros:

Mi último consejo de belleza, last but not least como dicen en inglés, es que valoremos y celebremos la belleza de otras personas. Es MUY importante. Hay chicas más hermosas que vosotras y eso es bueno, es magnífico; en primer lugar, porque toda la belleza proviene de la misma Fuente. Negando su belleza negamos la que os ha tocado en suerte, y celebrándola hacéis lo propio con la vuestra.

En segundo lugar, porque es bueno tener espejos en los que mirarnos, aunque sean inalcanzables. No hablo por cierto de las imágenes de celebridades en revistas o películas, que son fantásticas (intentan representar nuestras fantasías), sino de personas a las que podamos ver sin filtros ni maquillaje en nuestro entorno real.

Por otra parte, no existe mujer en la Tierra que piense que su cuerpo es perfecto; con el paso de los años, sus temores se hacen siempre realidad, y la mujer más bonita está destinada a caer de un escalón mucho más alto que las demás. Una bendición conlleva siempre su maldición…

La campaña incesante del feminismo para afirmar que todas las mujeres son hermosas es nociva e irracional. Su actitud impositiva e intransigente, delata un fondo narcisista, irracional y totalitario. Se pretende afirmar egos individuales a costa de erosionar los valores que son el sedimento de miles de años de civilización y millones de años de evolución.

La campaña “EmpowerALLbodies” de las activistas Jess Baker y Jude Beall, intenta afirmar que todos los cuerpos son bellos y que hay que mostrar la Diversidad. Sin embargo, los cuerpos de la campaña son muy parecidos: señoras obesas. En realidad parece más bien un canto a la obesidad, que es un estado mórbido del cuerpo que deteriora nuestra salud.

Ante este bombardeo propagandístico, hay que responder serenamente que no todos somos igualmente bellos, ni somos bellos en los mismos aspectos. Si la belleza existe, también existe la carencia o la pérdida de esa belleza, por la edad, la enfermedad, el sedentarismo, la base genética… Mi actitud al respecto -que deriva de la filosofía naturista- es que hay que valorar explícitamente la belleza de los cuerpos más jóvenes y esbeltos, por su vinculación a la salud y el misterio de la Naturaleza. Y reparar también en la belleza más allá de las formas externas. La arruga no es bella, pero sí la experiencia y sabiduría acumulada en décadas de aciertos y errores. La grasa o las estrías no son hermosas, pero sí lo es el haber sido una buena madre. Todos debemos aspirar a estar más guapos, sanos y presentables, pero al mismo tiempo conviene aceptar con dignidad nuestras imperfecciones sin tratar de imponer su supuesta “belleza” a la sociedad.

El pintor Rembrandt era un maestro del retrato; convertía en bellos  a personajes envejecidos, incluído el mismo, al ser capaz de transmitir el alma interior de éstos. El maestro holandés no pintaba caras, sino rostros; por eso encontramos dignidad en facciones que fácilmente compondrían una caricatura.

No somos identidades aisladas en el mundo que necesiten poseer todos los dones para ser autosuficientes; somos siempre parte de una inmensa red, de un cosmos viviente. Las raíces de un árbol no son particularmente bellas… ni lo es el tronco arrugado y estriado. Pero esas raíces y ese tronco alimentan y sostienen las ligeras hojas que susurran con la brisa, las flores de la primavera, los frutos jugosos del verano.  Esas delicias no tardarán en perder su esplendor y arrugarse; pero una nueva generación las reemplazará y su nuevo culmen será el de todo el árbol y todo el jardín. Esta visión ecológica, completa, nos permite ver que la belleza de algunos es un poco la de todos: no porque seamos todos flores y frutos, sino porque existe una realidad subyacente que nos une y en la que formamos un Orden integrado (kosmos en griego).

Por estas cosas no hay que tener envidia de colegas en el trabajo o amigas más hermosas, o más delgadas, o con pechos mejor formados; ni de las mujeres de países donde predominan fenotipos más bellos; como las rusas, iraníes, brasileñas, españolas, etíopes… Alégrate, imprime una foto de la chica que más admires para ponerla en lugar visible, mejor si es alguien que conoces, y úsala como inspiración para hacer tu cuerpo/mente más bello y compartirlo también.

Yo como hombre, me alegro y celebro que haya varones guapos, con cuerpos esculturales, y penes más grandes y vistosos que el mío. Nunca he sentido envidia ni complejo en una playa nudista o en los vestuarios de un gimnasio, sólo alegría de que los varones españoles hayamos ganado 12.5 cms de media en el último siglo (de altura). Aunque soy heterosexual, me encantan los desnudos masculinos en el arte y admiro el estilo de hombres como Paul Newman o Steve McQueen, que no eran pretenciosos sino prácticos y a veces sobrios, pero aun así muy elegantes. Al apreciarlos y celebrarlos estoy valorando mi propia porción de belleza y encanto personal, porque como digo vienen del mismo origen natural y sagrado.


Maat, la diosa con una pluma en la cabeza, representaba para los egipcios la verdad, armonía, equilibrio y la justicia. El principio de Maat era la base para los sabios egipcios de todo arte, toda ciencia, toda ley y toda virtud moral. No hay diosa más “nefer” (bella) que Maat. En el tarot es el arcano mayor XI.

Por qué cada vez hay más aliens nudistas

Nos hemos acostumbrado a ver emerger de los platillos volantes de las películas a seres completamente desnudos. ¿Por qué no nos sorprende? Cuando Spielberg hizo salir en «Encuentros en la tercera fase», (1977) a aquel grupo de zetareticulianos cabezones, ¿Cómo es que ningún personaje se escama y dice: «Y éstos, cómo bajan de la nave en pelotas?»

El alien de la película «Paul» (2011), un gris, resulta gracioso vistiendo pantalones precisamente por la ironía de que no le corresponde llevarlos. Conforme ha ido cambiando la sociedad contemporánea, los mensajeros estelares se han ido haciéndo más sofisticados; y esto ha ido en muchos casos en detrimento de la costumbre de llevar ropa.

Desde al menos el siglo I -cuando Luciano de Samosata narrara un viaje a la Luna y a Venus con interesantes descripciones de sus habitantes- la imaginación humana ha intentado concebir y compartir cómo debían ser y comportarse los seres de otros planetas. No es mera curiosidad; el disponer de «otras civilizaciones» con las que compararnos nos permite observar la nuestra con perspectiva, que era en parte lo que pretendía el escritor greco-sirio. Esto es lo que pasó cuando los europeos conquistamos el mundo: poner en conocimiento a los países de muy distintas formas de vivir y pensar en el globo permitió el desarrollo de la Antropología, la Sociología y otras ciencias del Hombre. Además, tuvo un enorme impacto cultural y político, que nos ha ido cambiando a todos los pueblos.

A falta de seres espaciales a los que entrevistar, los artistas intentan ir más allá de lo que sabemos hoy poniendo a nuestra disposición ejemplos imaginarios de vida alienígena.

Así, películas, cómics, libros y los testimonios de supuestos contactados han ido conformando especialmente en el último siglo una fauna alienígena muy variada: enanos grises con enormes problemas para aterrizar sin estrellar la nave… Enigmáticos nórdicos rubios que no saben nada de IKEA…Reptilianos que se camuflan discretamente como líderes mundiales y cantantes de proyección internacional… Metamorfos, que por la mañana son una rubia sensual y por la tarde un señor con bigote…

Pese a esta extravagante diversidad, todos los alienígenas de tipo humanoide son en cierta medida proyecciones de cómo creemos que será nuestra propia especie en el futuro. Por ejemplo, los grises megalocéfalos y de hipnóticos ojos responden al fenotipo imaginado décadas antes por autores como H.G. Wells («El hombre del año un millón», 1893) o Kenneth Folingsby (»Meda: A Tale of the Future», 1891, donde se describe a los humanos futuros con estas palabras: «Hombres grises diminutos con cabezas que parecían globos llenos de aire caliente.» ). Y es que cuando el Darwinismo estaba en su punto álgido, los intelectuales trataron de trasladar al gran público su preocupación de que la especie degenerara físicamente en la misma medida en que progresaba su tecnología. Esta inquietud resurgió como manifestaciones del inconsciente colectivo, según el ensayo que Carl Jung dedicó al tema ufológico ( «Flying Saucers: A Modern Myth of Things Seen in the Skies», publicado póstumamente). En 1961 -tres meses y medio después de la muerte del psiquiatra suizo- ocurrió el caso de Betty and Barney Hill, considerada la primera abducción de humanos por parte de los grises de la historia ufológica.

Como hace medio siglo, la Humanidad sigue expresando sus inquietudes acerca de su destino en los supuestos pasajeros de los OVNIs. Es algo que en realidad hemos hecho desde el Paleolítico: buscar en la noche estrellada y los «signos del cielo» respuestas a los dramas del mundo sub-lunar. Tampoco el encuentro cercano con los seres celestiales o de universos paralelos es novedad, ya que siempre han habido ángeles, genios, súcubos y hadas interfiriendo el descanso y acechando desde los rincones en la vigilia.

Pero en el siglo XXI ya no nos da miedo «alienarnos» como temía H.G. Wells, sino directamente la extinción propiciada por los demonios que vamos sacando de la Caja de Pandora: Inteligencia Artificial, Bomba Demográfica, Cambio climático… Por estas amenazas cada vez más gente está aceptando que en este siglo se parará la cuenta de la Historia.

Pero si de alguna manera evitamos la autodestrucción, no nos vamos a quedar como ahora. El ser humano cambiará dramáticamente por la imposición de tecnologías ya en desarrollo, quizá aproximándonos a alguna de estas visiones de extraterrestres. Y extra-terrestres serían algunos de esos nuevos hombres y mujeres, al ampliar nuestro nicho ecológico más allá de la Tierra a todo el Sistema Solar.

La forma en que visualizamos estas formas de vida humanoide revela implícitamente lo que nuestro inconsciente colectivo «sabe» de estas opciones que se abren. Por ejemplo, no imaginamos alienígenas o humanos del espacio rezando en dirección a la Meca, detonando bombas atómicas en su propio planeta u organizando campañas electorales. De alguna forma sabemos que esas realidades religiosas y sociopolíticas incuestionables ahora, no pertenecen a ningún escenario en el que la Humanidad logra sobrevivir más allá del siglo XXI.

Curiosamente, en esas visiones sí podemos imaginar un futuro con nudismo. Es por esto que los alienígenas a menudo van sin ninguna ropa por su platillo, y tienden a dejar los trajes para salidas de campo y camuflarse entre los humanos.


¿Por qué cubrirse, si tienen la astronave limpia y con la temperatura acondicionada?

La vestimenta, en nuestras fantasías del porvenir, es un atavismo que poco a poco va perdiendo su función en la sociedad hipertecnológica. Se convierte en un anacronismo, propio de lejanos tiempos en los que necesitábamos cubrirnos para: comportarnos civilizadamente; lidiar con una aceptación pobre de nuestro propio cuerpo como algo vergonzoso; e indicar el estatus.

Pero en una sociedad avanzada, esas muletas materiales no son necesarias. Consideremos los resorts naturistas, donde las familias pueden dejar a sus niños libres por el recinto sin peligro alguno. Estos lugares son evidencia de que los humanos domesticados somos capaces de respetar y cuidar a los demás, con ropa y sin ella. Los naturistas no son seres especiales; cualquiera puede serlo si quiere. Por tanto, su extraña habilidad de mostrarse corteses y ponderados hasta con sus genitales al aire forma parte del repertorio posible (y exigible en mi opinión) a toda la ciudadanía. Si alguien realmente necesita barreras físicas de tela para impedir que agreda, abuse o humille a otros, es que esa persona no está preparada para vivir en un entorno civilizado.

Respecto a la vergüenza del cuerpo, es posible que su origen radique en una mala integración de nuestro aspecto animal-orgánico y el divino-cultural. Llevamos varios milenios haciendo negación de nuestra propia realidad física, como herencia de aquellas ideas gnósticas y platónicas que hemos sacralizado según las cuales «el cuerpo es la cárcel del alma».

Negar nuestra base física equivale a reificar una función psicológica de nuestro cuerpo/mente, el ego; y separarnos de la propia vida del Cosmos. El resultado es deshumanizador y biocida a gran escala, como vemos en los hechos y en los planes de los transhumanistas dueños del mundo digital.

 

El transhumanismo apuesta por cambiar el cuerpo orgánico por elementos artificiales para conseguir la eternidad y poderes inmensos. 

Con la Ciencia actual, sólo podemos decir que cuerpo y espíritu son un mismo sistema integrado; a su vez subsistema de otros macrosistemas mayores. No existe esa dualidad y separatidad metafísicas que imaginaron santos y filósofos, sino una sola realidad multinivel e interconectada.

El nudismo, con su aceptación sencilla y digna de la biología humana y por tanto de sus limitaciones y mortalidad, es una afirmación de la vida frente a los que la sustituyen por paraísos descritos en pasajes literarios o promesas de vivir eternamente en computadoras como sumas de unos y ceros. Los naturistas no pretenden esa majadería de que «todos los cuerpos son igualmente bellos», como pregonan las feministas de tercera ola; sino que quien no es bello por fuera, puede que lo sea por dentro; pero no podemos separar su interior del aspecto orgánico que nos permite comunicarnos con él y es su fuente de vida. La realidad multinivel.

Respecto a los signos de estatus o filiación, parece que ya no necesitan tanto de la ropa. Si miramos al pasado, vemos que las diferencias sociales estaban mucho más expresadas en la indumentaria: en el siglo XVIII, sólo por la forma de vestir ya podías adivinar la clase social y hasta la profesión del personaje. Esto es debido a que determinados tejidos y tinturas eran muy caros. Ahora sin embargo, todo el mundo puede vestir de forma parecida, y las marcas tuvieron que inventar las etiquetas para que al menos nos diferenciemos por el logotipo.

Pero por mucho que destaque esa marca estampada sobre la ropa, el efecto de distinción se ha ido perdiendo por la producción masiva y estandarizada. La posición social se afirma por cosas cada vez más intangibles, y por eso Mark Zuckerberg puede ir con esa camiseta eternamente gris y no con una capa de armiño y una corona de oro.

La ropa que esperan vendernos en el futuro, según parece, tenderá a ser polivalente e inteligente: capaz de ajustarse a cambios de temperatura o humedad o modificar su color. Por tanto, puede que nuestro armario futuro no se vaya a ampliar sino a reducir drásticamente, con un repertorio de unas pocas prendas caras pero personalizadas y rentables por su duración y economía.

Ya en la novela «Los propios dioses» (Asimov, 1972), los colonos terrestres en la Luna ven la ropa como una inversión totalmente innecesaria en sus cavernas subterráneas de temperatura y humedad controladas. Mientras que los selenitas de Asimov piensan en términos de ahorro de los costosos materiales lunares, nosotros en cambio aún vivimos en la era de la anti-economía: consumir de la manera más entrópica posible la memoria de la Tierra acumulada en miles de millones de años. Pero el futuro es descubrir que somos una especialización celular del planeta azul, no Triki el insaciable monstruo de las galletas.

Por otra parte, – al menos en los países más civilizados- hemos ido recuperando en las últimas décadas la expresión a través del adorno directamente corporal: tatuajes, piercings, implantes, cabellos teñidos. Estos signos, que son los que usaban los pueblos paleolíticos de regiones cálidas para comunicar su individualidad y filiaciones, son obviamente más efectivos y expresivos en espacios donde se practica el nudismo. Los nudistas prescinden de la ropa pero no de la necesidad humana de comunicar quiénes somos, por lo que en estos enclaves se adelantan modas de maquillaje corporal. Los nudistas se «visten» de nudistas sin darse casi cuenta, y ayudan a difundir estos implementos derivados de  la redescubierta capacidad expresiva del cuerpo desnudo.

El propio acto de vestirse significa en el lenguaje simbólico el cambio de estatus y función. Por eso la separación definitiva del Hombre de los otros animales se expresó de esta manera en diferentes textos religiosos. Por ejemplo, en el libro de la Creación del zoroastrismo (esta religión persa es la que más influyó en la génesis del judaísmo y también hizo aportes al cristianismo) leemos en el cap. 15 como la pareja primigenia, Mashya y Mashyana, visten un traje de hierbas; después de aprender a cazar y hacer fuego, de piel animal; y más tarde aún de tejido hecho con fibras vegetales. Estos cambios de vestuario son reflejo en el texto de la relación entre la pareja primordial y su entorno.

Mashya y Mashyana, la pareja primigenia en el zoroastrismo.

En el libro del Génesis estas narraciones se encuentran resumidas y adaptadas. Pese a ello, se conserva el tema de cubrirse con pieles al salir del Jardín consagrado, significando el quebranto ritual del tabú de matar a los seres totémicos. El ser humano se sitúa así en un peldaño por encima de todos ellos y tiene que formar una comunidad aparte, pero sin separarse del todo: puesto que en la piel ahora portada viajan los poderes y espíritus de esos ancestros animales.

Ser vestido es por tanto ser in-vestido en un nuevo rol. El nuevo estado implica un mayor poder, pero sobre todo un nivel de consciencia mayor. En Génesis 3 viene significado con las hojas de higuera que, como en la historia persa, constituyen su primer atuendo. Las higueras (especialmente la Ficus Religiosa como el ejemplar bajo el que meditó Buda) son el árbol del Vida y del Conocimiento en Oriente, sinónimo en simbolismo con el árbol Hom persa y el Soma hindú.

Es penoso que estos significados sutiles y cultos -inescapables para un escriba del Creciente Fértil cuando se escribió el Génesis- desaparezcan por completo en las lecturas literalistas e ignorantes de estos pasajes: en las que se interpreta que Dios quiere que ocultemos nuestro cuerpo a los demás.

Pero desde el tiempo en que elaboramos esos mitos antropogónicos, el ser humano ha cambiado su forma de vida enormemente y también al resto del planeta. Las relaciones ecológicas que establecimos en el Neolítico para sobrevivir a cambios climáticos bruscos como el Dryas Reciente y la sobrepoblación local en lugares refugio como los deltas fluviales, están ahora en grave crisis. El modelo de ser humano ultra-territorial y ávido de crecer y multiplicarse, ya no sirve al último homínido vivo para permanecer, sino que al contrario nos está empujando a «morir de éxito».

En la película «Contact» de Robert Zemeckis, la doctora Arroway declara que, de poder hacer una sola pregunta a una especie alienígena, esa cuestión sería: «¿Cómo lo hicisteis?» Es decir, cómo lograron los aliens evitar la auto-destrucción. Si siguieron evolucionando, se deduce que supieron salvar el umbral que estamos cruzando nosotros precisamente ahora. Parece que para atravesarlo con éxito hay que dejar atrás ciertas creencias y actitudes, que nos impiden poner freno a nuestros desarrollos tecnológicos o a la pérdida de riqueza natural y cultural. En nuestras proyecciones alienígenas, un símbolo solapado pero recurrente de esa transición de supervivencia es la des-investidura, dejar la ropa en el armario y con ella los rasgos de nuestra civilización interglacial que ya no nos convienen.

Las historias de alienígenas nos dejan entrever que el futuro viable es naturista en espíritu: con una aceptación más directa y profunda de nuestros lazos con el resto de la vida y al mismo tiempo, un mayor dominio de nuestros instintos animales. El arquetipo del alien desnudo es imagen de la simbiosis armónica en el Homo Novus de estos dos niveles complementarios de existencia en el universo, la vida natural y la artificial.

El naturismo como movimiento cultural nació precisamente para intentar avanzar hacia esa nueva Alianza sagrada entre lo Bio y lo Tecno, y desprenderse de la ropa se descubrió como instrumento y consecuencia de este camino. La desnudez civilizada es a la vez pro-natural y pro-social, y por eso no nos sorprende que nuestros hermanos mayores del Cosmos la practiquen.

cinco ideas fuerza para protegernos del supremacismo

Hoy hablamos de cinco herramientas mentales,  eficaces para defenderse de las ideologías supremacistas.

El lector o lectora se preguntará: «¿Pero qué hay de malo en ser supremacista? ¿No hay acaso personas que creen que la Tierra es plana, que se ríen con Buenafuente, orientales que hacen vida marital con su almohada? Que cada uno piense y sienta lo que le dé la gana mientras no se meta en la vida de los demás». Ciertamente, en nuestro fuero interno tenemos derecho a pensar y sentir lo que queramos. Conocí a una chica  que se recreaba privadamente pero con mucho deleite, en la fantasía de asesinar a sus jefes y algún colega con armas blancas y sangre hasta en el techo. Me pareció bien, si le quitaba estrés laboral.

Lee Jin-gyu, ciudadano coreano, casó con su almohada en 2010. No sé cómo le fue después a la pareja. Fuente: metro.co.uk

Sin embargo, a veces hay que protegerse de ciertas tendencias, precisamente en pro de retener ese espacio íntimo de libertad que nos queda. Las doctrinas supremacistas nos comen el seso, vuelven zombis incluso a personas con carrera y libros publicados. Si hacen eso con gente mucho más lista que tú y yo, que Dios nos coja confesados.

Por otra parte, en el capítulo anterior tratamos de argumentar que los supremacismos son inherentemente nocivos: porque crecen a costa de devorar todo lo demás. Y aún más destructivos cuando se pone a su disposición toda la magia tecnológica del siglo XXI y un número ridículamente exagerado de seres humanos colonizables en el planeta, casi todos muy bien tecno-conectados entre sí para facilitar la infección.

He buscado supremacismo en el diccionario de la R.A.E., pero no está aún. Es verdad que el diccionario no es el punto fuerte de esta real institución. La Wikipedia dice que: «El supremacismo es una ideología de dominación y superioridad: afirma que una clase particular de personas es superior a otras, y que debería dominar, controlar y sojuzgar a las demás, o tiene derecho a ello.»

Hay que destacar esa copulativa «y», porque no es problema el ser superior, sino derivar de ello legitimidades de destrucción o dominación. Stephen Hawking era superior intelectualmente, sin embargo no intentó imponer su ideología al mundo. Isabelle Adjani, superior en belleza, sólo conquistó nuestros corazones.

               
 La mirada Adjani paraba relojes

Y vamos ya con esas cinco defensas:

I. Sentido del humor.

Viviendo en España, uno podría caer en el error de pensar que el sentido del humor son esas majaderías que cuentan ciertos actores y buscavidas en monólogos, tratando de demostrar patéticamente que la corrección política es graciosa. Sin embargo, el humor es otra cosa, nada menos que una herramienta evolutiva de supervivencia.

Hasta donde yo sé, sólo nos reímos los mamíferos. Los mamíferos nos reímos para lubricar nuestra intensa vida social; y desescalar la tensión tanto en nuestro cuerpo, como en las interacciones entre individuos. La risa es una herramienta adaptativa compleja, necesaria y muy importante en animales inteligentes, sociales y con mala leche como las ratas o nosotros.

Las ratas se ríen cuando les haces cosquillas o juegas con ellas; también cuando les das droga o se excitan sexualmente (*)

                Cuando las ratas ríen,  no podemos oír nada porque usan una frecuencia demasiado alta para nosotros.

(*) Aquí se refiere sólo la estimulación por cosquillas, pero existen otros estudios con los demás estímulos si os interesa el tema https://www.elnuevodia.com/ciencia/ciencia/nota/lasratasseriencuandoestandebuenhumor-2261239/

Los humanos nos seguimos riendo por las mismas cosas que cuando éramos roedores. Por ejemplo, en los encuentros sexuales nos reímos, ya que la risa es una señal de que todo va bien, y no se ha cruzado ninguna línea inapropiada. La risa y otras señales corporales, sirven en los encuentros físicos al propósito de intercambiar feed-back en tiempo real sobre el estado emocional del otro, de manera más rápida y directa que las palabras. Por eso un exceso de alcohol u otras substancias que puedan comprometer nuestra percepción y respuestas naturales no son recomendables en el sexo o los deportes de contacto.

Se sabe que las mujeres en especial, bajan su umbral desencadenante de la respuesta de la risa cuando están ante un chico que les gusta. Debe ir en proporción a la necesidad repentina de hacer el payaso que sentimos los hombres delante de una mujer hermosa…

Otro ejemplo son los niños jugando a pelearse en broma, que se ríen espontáneamente. Esto evita que la cosa llegue a una pelea real: si ya no hay risas, es hora de parar. Observa a un chiquillo perseguir a otro: al menos el perseguido se estará  riendo. Sin embargo, cuando los mismos críos participan en juegos sin peligro potencial, se ríen sólo si algo es gracioso. Igualicos, igualicos que las ratas.

Por este mundo simbólico que llevamos dentro, los humanos también nos carcajeamos de cosas que hacen cosquillas a nuestra mente, no sólo por estímulos físicos directos. Esto se llama sentido del humor. El humor como capacidad de captar la ironía, la incongruencia y sorprenderse al observar el mundo es un tema largo de explicar científicamente; para el caso baste decir que es fun-da-men-tal en pro de mantener la salud mental en medio de cualquier crisis, reducir el estrés y crear vias especiales de comunicación cuando la hostilidad entre grupos sociales ya no permite ninguna diplomacia.

Es útil reírse de uno mismo sobre todo, de las cosas que nos pasan, y de los mensajes que recibimos. El humor inteligente y franco es incompatible con el supremacismo o cualquier otra ideología demasiado pretenciosa.

Si no se puede hacer abiertamente en redes sociales porque nos pueden rastrear, siempre queda bromear en petit comité con amigos o familiares. Hacer mofa de todo aquello que esté prohibido reírse, de cosas inconfesables, de lo ridículo y de lo solemne, de la gente que se cree importante y buena, y ante todo siempre, de uno mismo. Se sabe que el humor, incluso el más impresentable, ayuda a la gente en campos de concentración o capturada por terroristas a sobrevivir y a mantener el juicio. (*) Si el sentido del humor puede ayudar a vivir a una persona que está viendo a otras ser conducidas a una cámara de gas, ¿qué no podrá hacer por ti?

(*) Un artículo sobre este interesante tema. Está en inglés. http://www.holocaust-trc.org/humor-in-the-holocaust/

II. Recupera el control de tus emociones

Hay algo mucho, mucho mejor que sentirse «empoderado». Esto es, obtener dominio de uno mismo. Empoderarse es de zombis, que se empoderan cuanto más agresividad demuestran y cuantos más se juntan. En cambio, el dominio de uno mismo es un arte sólo al alcance de las personas con dignidad y amor propio. Cultiva sobre todo el dominio de tus emociones; ellas son tu energía. No dejes que otras personas u organizaciones te las roben, que decidan si sientes alegría, compasión, miedo, que parasiten en fin tu fuerza vital para sus fines. Haz yoga, juega al padel, practica ejercicios de kegel, escucha rock en tu mente, lo que te funcione: pero consigue que seas tú y sólo tú el que decide cuándo y hasta que punto estás enfadado, alegre, asustado o emocionado. No seas como el toro, al que le hacen una señal con el capote y embiste. Tú debes ser el torero de tu propio animal interior y reconducir sus instintos.

III. Renuncia al maniqueísmo, ya

El bien y el mal existen. Pero en nuestra mente. Buenos son aquellos fenómenos, incluídos seres humanos, que parecen actuar en pro de las cosas que valoras en la vida. Y Malos son los que parecen obrar en su contra. Sin embargo, a la Ciencia le está yendo muy bien explicando la mecánica cuántica, el funcionamiento del cuerpo humano, el movimiento de las estrellas y todo lo demás sin recurrir al Bien y al Mal como fuerzas intervinientes, personificadas o no. Ya decía Nietzsche -antes de entrar en el manicomio creo- que había interpretaciones morales, pero no fenómenos morales. En este caso sabía lo que decía.

Pensemos en el ejemplo de torturar a un niño: en principio es perverso infligir dolor y daño a una criatura indefensa, que aún no sabemos si llegará a ser hombre de bien o político. Pero aceptamos con naturalidad, y lo vemos humano, que los infantes con enfermedades graves sean pinchados, operados, drogados y otras tropelías por los médicos y enfermeras. Eso también es tortura; un niño vive una punción epidural o entrar en un quirófano como lo peor que le ha pasado. Pero consideramos que el fin justifica los medios; incluso si resultara que el cirujano disfruta con su trabajo.

Ahora bien, como se ve en algunos casos, médicos, padres y personas a las que nadie le ha dado vela en ese entierro pero tienen twitter, opinan diferente sobre qué tratamientos, o que riesgos, pueden estar justificados éticamente. Salvo los tuiteros, que no conocen los detalles de la situación, es posible que todos tengan razón. Puede que las diferencias se deban a los valores de cada uno; para algunos ciudadanos es mejor que el niño sufra lo menos posible en sus últimos meses, y para otros es preferible agotar las posibilidades, ya que nunca son igual a cero y hay curaciones cuasi-milagrosas.

Es decir, en la valoración del bien y el mal hay siempre un elemento subjetivo, añadido al contexto y la acción.

De esto se colige (colegir es un verbo que existe post-mileniales, si no os lo creeis buscadlo) que bien y mal no pueden existir como entidades externas, separadas de nuestros propios juicios. No son atribuciones propias de las personas o situaciones, sino nuestras mediciones internas del grado de desviación de su conducta percibida con las que cosas que más deseamos y apreciamos cada uno.

Si el lado oscuro y luminoso de la Fuerza no existen más que en películas, tampoco debe ser cierto que la Historia humana es el escenario de una lucha entre el Bien y Mal; llámese ese mal el demonio, los ricos, los comunistas, el patriarcado o Trump. Esta concepción maniquea, es eso, maniquea, y una mala interpretación quizás de cierto famoso tuit de Heráclito y de las cosas que decía Zoroastro mientras regaba sus jazmineros.

Ciertamente hay personas que dejan mucho que desear, y países. Es humano odiarlos, como es humano amar a aquellas personas que para nosotros representan la belleza, la empatía, o el sacrificio. Sin embargo, no podemos hacer de las inclinaciones de nuestro corazón categorías universales ni reducir a las personas a representaciones simbólicas de esas categorías. No es real.

IV. El universo es fruto del azar y la necesidad

No lo digo yo, sino otro tuitero antiguo que se llamaba Demócrito; en uno de sus posts más compartidos. Todo fenómeno tiene sus causas; y a su vez se coaliga con otros fenómenos para convertirse en causa de nuevos sucesos. El azar es el mecanismo causal que no nos es conocido, revelado. Si tus padres buscaban tenerte, eso es obra de la necesidad; si el preservativo estaba caducado y se dieron cuenta tarde, se llama azar.

Hasta donde sabemos, vivimos en un mundo de relaciones; relaciones determinadas por leyes de causa-efecto. Es verdad que algunos autores interpretan que el mundo subatómico es indeterminado. Bohr y Heisenberg propusieron hace un siglo que se abordara la cosa probabilísticamente, como las apuestas deportivas o ligar en un festival, y esto es lo correcto desde el punto de vista de la ingeniería y la física experimental. Sin embargo también hay científicos como Hawking, que han defendido que el nivel cuántico es igual de determinista que los otros niveles, pero quizás conceptos humanos como posición y velocidad no nos permiten comprenderlo aún.  Es un asunto por tanto abierto al debate, hasta que se puedan realizar experimentos para cerrarlo. Pero sea cuál sea la forma en que se comunican realmente los fenómenos subatómicos, está claro que escapa a nuestro control consciente.

Si estudias el caso y te persuades como yo de que, hasta donde sabemos, el universo es determinista te vas a llevar un alivio. Te resultará mucho más fácil no odiar a tus enemigos, al comprender que son marionetas del destino. No tienen libre albedrío. Tú tampoco lo tienes, estás leyendo esto porque el universo ha elegido eso para ti. (Espero que seas elegido para terminarlo jeje). Si estudias el caso y estás de acuerdo con esto, no dejarás de tener curiosidad por conocer las causas reales del comportamiento ajeno, y del tuyo, y de las cosas que pasan, más allá de los Discursos o relatos supremacistas. Y serás más dueño de ti mismo, aunque parezca contradictorio; al suponer que tu vida está determinada por causas y no eres libre, tendrás más control sobre esa vida. Es como el esquizofrénico que comprende que necesita su Olanzapina, y al tomarla puede hacer cosas que antes no podía hacer.

Filósofos como Daniel Dennet opinan que no se debe contar a la gente lo que ha ido descubriendo la neurociencia sobre el tema, para no dar excusas para el comportamiento criminal. Puede que tenga razón no digo que no. Sin embargo, yo me inclino a pensar que las sociedades civilizadas como la nuestra han ido gradualmente preparándose para esa revelación. Muchos problemas como el alcoholismo, la drogadicción o la cleptomanía que antes se creían vicios y pecados, encontraron arreglo cuando se descubrieron sus verdaderos mecanismos psicológicos, bioquímicos y sociales al margen del plano metafísico. No encerramos a los criminales por ser malas personas. Ningún juez dictamina «vale, queda demostrado que es un cabrón», o «pues sí, la acusada es lo peor, a la celda con ella». No funciona así. Los ciudadanos pueden ser más malos que la quina o beatos de Dios si quieren, lo que cuenta  es si han quebrantado las leyes o entrañan peligro para los demás. No se les «castiga», se les sanciona por incumplir su contrato con la sociedad.

No me extrañaría que la sociopatía tuviera cura un día, quizá con un borrado cerebral, y se les dé a los hijos de puta esa opción de reinicio radical o hacerse útiles para la sociedad diseñando salidas de centros comerciales.

Me vengo ahora arriba y afirmo incluso, que es precisamente la creencia generalizada de que tenemos liber arbitrium y nada condiciona nuestras decisiones, lo que está ralentizando una sociedad más humana y racional.

Por ejemplo, todavía salen muchedumbres vociferantes, a pedir una pena mayor que la que exige el código penal para los acusados que les caen mal; o a exigir su liberación cuando los consideran buenas personas. Es decir, en el nombre de una visión moralista y subjetivista (no ética y justa) presionan para que la ley NO se aplique igual para todos, principio que es base del Derecho pero que molesta mucho a los supremacistas. El supremacismo exige la sustitución de la Ley y la Razón por las emociones y las demandas de los egos colectivos identitarios, que no son los deseos de los propios miembros individuales sino los del ente suprapersonal que hace emerger su Discurso.

“La justicia del pueblo” es una de las formas que adquiere la psicología de los linchamientos y el mecanismo del chivo expiatorio; son conductas observadas regularmente en chimpancés.

La culpa es beneficiosa porque nos alarma de que una conducta personal necesita reconducirse para alinearse con los valores con los que nos identificamos; la vergüenza nos revela que hemos defraudado, o eso creemos, las expectativas de los demás. Sin embargo, son emociones diseñadas para condicionar nuestro comportamiento futuro, no evidencia ni efecto del libre albedrío meta-físico.

Todo lo que hacemos, son en realidad cosas que nos suceden; pero como lo que somos está hecho de esos acontecimientos, nos corresponde ser responsables -es decir, responder de, comprometernos- en sus consecuencias. Somos flujos causales auto-conscientes, que se encuentran con otros flujos causales que a veces llevan la dirección opuesta y por nuestro carril… Pero si bien es humano odiar y buscar chivos expiatorios de nuestro malestar, ajenos y en uno mismo, también es humano entender que no tiene fundamento. A lo hecho pecho y a dejar la culpa y la vergüenza tan pronto como cumpla su papel de inducir cambios reales en nuestra conducta, o lo cumpla en los demás.

V. Todo está conectado

Derivado de lo anterior, se colige (sí, otra vez colige, qué pasa) que todo está conectado. Sabes lo del efecto mariposa. El efecto mariposa es un ejemplo de cómo funcionan los sistemas caóticos, que son deterministas. Un pequeño cambio, va escalando en el tiempo (es decir, en el proceso causal) hasta crear escenarios muy divergentes. Me gusta poner el ejemplo de los catorce millones de seres humanos que murieron en los campos nazis; si una sola, sólo una de esas desgraciadas víctimas se hubiese salvado, tú y yo no estaríamos aquí; su supervivencia habría sido una bola de nieve causal que no habría permitido eventos como que tus padres te tuvieran a ti. Ni que se emparejaran probablemente. Si en un universo paralelo la pobre Anna Frank no fue capturada por los nazis, en ese universo no hay una versión tuya o mía. Nosotros somos «hijos» o derivaciones causales de lo que pasó en Alemania, del golpe de estado bolchevique, de la Guerra Civil española. Y también de hechos históricos positivos como la importación de los churros de China a España, donde los mojamos en chocolate en lugar de salsa de soja.

 

Los you tiao o “diablos fritos en aceite” son las porras y churros originales; el chino que llega a Madrid y ve que se los sirven con una buena taza de chocolate en lugar de un cuenquito de salsa de soja siente que su infancia fue una mentira. Fuente: https://backpackerlee.wordpress.com

 

Si todo está conectado, la supuesta separación esencialista que es base del supremacismo se desmorona. El supremacismo es de mira estrecha: su Discurso se apoya en seleccionar muy bien las relaciones que quiere visibilizar e ignorar todas las demás, que de hacerse opacas a nuestros ojos revelarían un panorama tan densamente entretejido como la manta zamorana de Clint Eastwood en Por un puñado de dólares.

El estudiante atento de la Historia termina por reconocer que no hay etnias puras, ni causas independientes, ni historias lineales, sino sólo seres humanos que interaccionan dentro de las redes causales, matemáticas y lógicas, del universo.

Esto no significa que tengamos que caer en el nihilismo o el relativismo extremo; gracias a la herramienta del Ego podemos anclar  valores y contrastarlos con los valores de otros seres humanos. A poco que reflexionemos entonces sobre esos valores y los destilemos en el alambique de la Razón, descubrimos que su origen y función está en impulsos vitales que anteceden y  trascienden al ser humano y pertenecen a la Vida: como la apreciación universal de la belleza o la necesidad de unión y comunicación en niveles cada vez más complejos de existencia.

 

Mi conclusión es por tanto, que el sentido del humor, una comprensión mayor de las leyes del cosmos, una percepción realista de qué es el bien y el mal, y el adiestramiento en el control de las propias emociones son todos rasgos que actúan como profilaxis contra cualquier supremacismo. Si no te ha convencido alguna da igual; el mensaje ya está procesado por tu subconsciente  y reemergerá “como idea tuya” cuando la vida te aporte pruebas de su utilidad.

Supremacismo

Hablamos en esta entrada del Supremacismo, la ideología que subyace a la mayor parte de las orientaciones sociopolíticas del siglo XXI.

“Los cabecicubos”: una joya de Jan de 1983, en su gran serie de Superlópez. Inquieta que tenga más vigencia ahora que hace 35 años…

Primero definiré “egocentrismo”, ya que he tenido que inventar una acepción nueva de esta palabra para ayudarme en la comunicación. En este artículo y los que pueda escribir futuros, Egocentrismo significa: tendencia de un sistema a priorizar sus propios intereses y necesidades sobre los de otros sistemas en su actividad. En esta concepción, «ego» significa un nodo de información en torno al cual se construye identidad.

No hablamos por tanto de su significado en Psicología, sino  a la propiedad inherente a todos los sistemas en cuanto estructuras que funcionan en favor de la preservación y realización de su identidad: un microbio, una tortuga, una empresa, un río. (Pido disculpas a los expertos en sistemas si resulta que ya tenían un término para esto).

Mientras que el Egocentrismo es un rasgo fundamental de los mecanismos de generación de complejidad y memoria del universo (siendo lo que llamamos «Vida» el aspecto más comprensible y cercano para nosotros de este proceso cósmico), el Supremacismo es algo diferente. Las hormigas miran por las hormigas; los limoneros miran por los limoneros; los humanos miran por los humanos. Esto son tendencias “egocentristas”. Sin embargo, el supremacismo construye sobre estos instintos un relato en el que un ego (colectivo) sólo puede afirmarse y sobrevivir desposeyendo de espacio y recursos primero, y eliminando después, a sus competidores. Esta conducta irracional y destructiva es justificada, en la retórica supremacista, en torno a la intuitiva, pero falsa, idea metafísica según la cual la Realidad está compuesta de elementos separables entre sí y jerarquizados en relación a grados de valor. El ego colectivo de referencia sería el depositario legítimo del máximo valor, y las alternativas son amenazas a ese valor en razón de su mera existencia. El supremacismo por tanto, explota la energía de impulsos vitales naturales y sanos, para nutrir una ideología desconectada de la realidad y disfuncional.

Hay que dejar claro primero que las tendencias egocentristas en la dimensión social del ser humano, no son «buenas» o «malas»; sino una mera evolución de la traducción de los instintos de supervivencia primates al Homo Sapiens, superviviente último de un experimento de la Naturaleza basado en confiar el desarrollo de muchos diseños del individuo en la Cultura.

En su aspecto moderado ayudan a que vivamos y convivamos; en su modo de emergencia o extremo, permiten a las personas  comportarse como miembros de una tribu prehistórica: sin abstracciones burguesas (1), sin Ley, sólo con protocolos de comportamiento basados en arquetipos míticos y señas de identidad a la vista para diferenciar al in-group y el out-group.

(1) Burguesas en el sentido de «urbanas», como en la palabra burgo.

Y es que como otras especies de la familia hominidae -muy notablemente los chimpancés, nuestros parientes más cercanos- desarrollamos una forma de relación social basada en la creación de clanes o tribus, que defienden un área de recursos de otros grupos de la misma especie. Llegado el momento de cazar, enfrentarnos a otro grupo, o afrontar un grave peligro inminente, la adrenalina activa nuestros recursos orgánicos, la oxitocina se libera para sentirnos más unidos al grupo y la dopamina nos prepara para la respuesta «huir o atacar.» Se dan alaridos y chillidos (himnos en el caso humano) para sincronizar nuestros movimientos y emociones y… por Esparta. Este rasgo territorial y pro-social se resuelve a veces en el caso chimpancé en despiadadas guerras o luchas intestinas por el poder, en las que se llega al canibalismo más salvaje.

black and white photography animal wildlife zoo mammal black monochrome monkey fauna primate chimpanzee ape vertebrate monochrome photography western gorilla great ape common chimpanzee

Acostumbrados a los simios domados como la famosa Chita de Tarzán, descubrir que la especie viva más cercana a nosotros eran lo peor cuando se les dejaba a su aire, fue un gran shock cultural. La izquierda, a menudo basada en el buenismo de Rousseau (2), simplemente no pudo aceptarlo, y trasladó su idea del buen salvaje a la orilla opuesta del río Congo, a los bonobos. Los bonobos sí que eran buenos, se empezó a decir; ellos son hippies, y adalides de hacer el amor y no la guerra. Obviamente era un mito; aunque sí es cierto que esta especie usa el sexo para establecer alianzas y jerarquías y resolver conflictos sin llegar al derramamiento de sangre; como ocurre a veces entre los reclusos de las prisiones.

(2) J. J. Rousseau fue un filósofo francés. Su obra más influyente es «El Emilio», en el que dio directrices sobre cómo educar a los niños. Rousseau tuvo cinco hijos, que mandó dejar en el orfanato de París según fueron naciendo, quizá para que no le molestaran con sus lloriqueos mientras escribía sobre Educación.

Los humanos de las sociedades avanzadas, debido al proceso de auto-domesticación intensiva que llamamos Civilización, somos incomparablemente menos violentos que chimpancés o bonobos.

Civilización y Ciudad vienen del latín Civitas, y es la forma en que se denomina a un tipo particular de organización social y cultural ajustadas a las demandas del medio ambiente urbano. Para Cicerón la esencia de esta civitas era concilium coetusque hominum jure sociati, es decir una vinculación, un compromiso entre los hombres de vivir bajo una misma ley: así son civis, ciudadanos, que aceptan ciertas responsabilidades y a cambio disfrutan de ciertos derechos.

La vida en las ciudades implica: un enorme hacinamiento, la convivencia estrecha con gentes diversas que viven o visitan la ciudad, y una dependencia mayor del resto de la comunidad. Ya en el Bronce, los que la Biblia llama «Hijos de Caín», es decir los habitantes de las primeras ciudades, tuvieron que desarrollar progresivamente estas herramientas abstractas como la Ley, el Estado, el Henoteísmo (se admiten tantos dioses como etnias y oficios convivan intramuros, pero un Dios que pone orden en todos ellos representado de forma vicaria en el rey) o el Dinero, vil metal, para que el experimento urbano funcionara.

    Babilonia, Babel, es el símbolo de la Ciudad por antonomasia. Irónicamente, los versos más insultantes hacia esta grandiosa urbe fueron escritos por personas que vivieron libres y prosperaron en ella. Y es que el relato separatista judío en su fase post-exiliar se escribió intentando arrebatar, literariamente, algo de la apabullante gloria de esta urbe cosmopolita; y prestarlo a una tal Salem encaramada en un cerro. A cambio había que demonizar un poco a la capital del mundo, cosa que debió ser del agrado del pueblo llano de Judá, compuesto en tiempos persas por paletos e inmigrantes desarraigados. Un poco como hacen los separatistas catalanes cuando atribuyen a su región la gran historia y cultura de la Corona de Aragón en sus libros de texto, y convierten a sus caudillos provincianos en reyes. Los nobles y sacerdotes judíos lo hicieron antes y lo hicieron mejor.

Las tribus migrantes y pastoriles, la descendencia de Abel, no necesitaban esos constructos burgueses ni comprendían bien a qué venía todo aquello. Todo lo que tuviera más de tres plantas les parecía un desafío a sus dioses étnicos, que solían vivir en montañas. A menudo se organizaban para invadir y saquear esas prósperas ciudades de estas gentes afeminadas; por eso hubo que formar un sector de la población urbana especializado en la defensa y el orden: La guardia de la ciudad, que hoy llamaríamos policía. Y el ejército después.

Aunque parezca paradójico, el que existiera una clase de personas especializada en la defensa de la propiedad y la ley en las ciudades -es decir un gremio con el monopolio (legítimo) de la violencia-, propició que los primeros urbanitas se tornaran aún más pacíficos y racionales. Ya no tenían que llevar una navaja por la calle, o vengar crímenes de honor; sólo silbar y llamar a un guardia. Las propias fuerzas del orden, debido a la disciplina y la sumisión a la ley, sirvieron como vía de domesticación de bárbaros varones (bárbaros eran los extranjeros, como los temibles celtas o los germanos; los griegos los llamaban así porque no hablaban koiné ni Latín ni inglés comercial, sino sólo el dialecto de su lejana comunidad autónoma).

Curiosamente, mientras que las sociedades tribales y bárbaras son más sanguinarias y hacen cosas como tener esclavos o cambiar niñas que ya tienen la regla por camellos, somos las civilizadas las que representamos un peligro mayor para el planeta. Pero hay que entender que esto es debido especialmente al factor tecnológico (es decir nuestro conocimiento colectivo sobre cómo manipular el medio), el cual multiplica, exponencialmente, nuestro impacto potencial. Sin embargo, la naturaleza de los ciudadanos es hoy en día mansa y hasta dócil, tanto como lo es la de nuestros gatos y perros respecto a sus congéneres salvajes. Prueba de ello es el increíble hecho de que aún no haya habido aún una guerra atómica global… Imagine el lector a Sulimán el Grande o a Gengis Khan, con un maletín nuclear. Trump o Putin, con todos sus defectos, son seres mucho más razonables y conscientes que los caudillos de épocas en las que la Civilización era incipiente o había sido debilitada.

Bien, pues incluso los humanos que han sufrido una domesticación de milenios para vivir en ciudades, conservamos estos rasgos  ancestrales por sus ventajas evolutivas en la lucha por los recursos y la supervivencia; en una guerra, una hambruna o una moción de censura en el Congreso, sólo sobreviven los que son capaces de regresar a las conductas afiliativas y agonísticas propias de las manadas de chimpancés. Los seres humanos seguimos pudiendo funcionar de acuerdo a nuestros verdaderos instintos primarios cuando la realidad se torna crítica y se nos reduce a un in-group y un out-group, es decir humanos a los que proteger y humanos a los que combatir.

Al ser una estrategia muy antigua y profundamente asentada en nuestra biología, viene asociada a sensaciones naturalmente agradables de control, sentido y propósito, que ensordecen la alarma «¡pero todo esto es irracional!» producida por nuestro concurrido encéfalo, casi un recién llegado evolutivamente.

Hablando de seso, el de un chimpancé consume en proporción casi la mitad de los recursos de glucosa que el nuestro; esto es debido a todas esas cosas que pensamos y decimos antes de hacer las cosas. Por eso cuando pasamos hambre o miedo; o el cerebro gasta demasiada glucosa en intentar dar sentido a nuestro mundo complejo, el planeta de los simios empieza a llamar a la puerta del sistema límbico.

Este conjunto de prejuicios y sesgos cognitivos favorables a nuestro yo colectivo particular, puede ser adaptativo si está bajo control. Esto sucede cuando somos capaces de aceptarlo plena y serenamente como parte de nuestra naturaleza: entonces herramientas evolutivas como el Humor (especialmente el humor étnico, sexista, familiar y el humor negro), la Violencia Simbólica o ritual (como el deporte o los gestos que hacen los conductores cuando bajan la ventanilla) y los desahogos vicarios de la Imaginación (visionar Juego de Tronos, jugar a Fortnite…) permiten dar salida a estos instintos simiescos de forma inofensiva y pro-social, además de con una sana mirada burlona hacia nuestro propio lado salvaje.

El problema viene cuando una serie de circunstancias crea la masa crítica para el nacimiento de una Ideología Supremacista, es decir un credo apoyado en nuestros instintos atávicos y basado en que la superioridad, que puede ser real o ficticia (moral, intelectual, física, económica…) de un grupo social legitima la subyugación, o incluso la eliminación dramática o gradual, de los demás grupos.

No es la diferencia efectiva, sino la separatidad imaginada, el centro ideológico del Supremacismo

Obsérvese  que no son los instintos naturales, ni el hecho de que un grupo social sea mejor que otro en ciertas competencias, el problema. No hay que culpar por tanto a la naturaleza, ni tampoco al fruto del esfuerzo personal o social por des-igualarse de los demás desarrollando ciertas potencialidades. El verdadero quid del Supremacismo es la creencia  de que los supuestos rasgos definitorios de un grupo, más o menos alineados con la realidad objetiva, son evidencia de una separación esencial subyacente.

A ver si sé expresar este punto de manera más sencilla; porque es verdaderamente crucial. Pongamos que hablamos de la novela más leída de la Historia. En ella aprendemos que Don Quijote era más culto, sabio, inteligente, valiente, educado y altruista que Sancho Panza. Don Quijote lo sabía y Sancho lo sabía. Pero ni el viejo hidalgo tenía ideas “clasistas” respecto a su escudero, ni Sancho albergaba envidias “comunistas” hacia su señor. La clara asimetría en dignidad era cómicamente evidente, pero en ningún momento se le ocurre al lector que pueda llevar a que uno maltrate, o cosas peores, a su compañero. La razón es que Cervantes es capaz de mostrar que ambos personajes son elementos de un único sistema, capaz de hacer cosas que no pueden por separado, gracias a lo que aporta cada uno al otro. A su vez, este “bromance” sistémico forma parte de un mundo que es cambiado y cambia a los protagonistas. La evolución de la psique de Quijote y Sancho, tan anticipatoria de la novela moderna, es mera consecuencia de la interactividad de un universo donde la “separatidad”  es siempre relativa, coyuntural, aparente. Cervantes subraya esto, no sé si conscientemente o no, por medio de una serie de inversiones de roles a lo largo de la trama.

El secreto es que la Realidad está hecha de relaciones. Si quitamos esos vínculos que forman todo, no queda Nada. Los Supremacismos no saben esto: creen en un universo de entes esencialmente separables, que luchan entre sí hasta que sólo quede uno.

Cuando se nos predica que el mundo será un remanso de paz el día que todos seamos iguales o consigamos extirpar de nosotros todo lo que viene por naturaleza, se nos está hablando desde DENTRO de un Discurso Supremacista, es decir dando por buenas las creencias irracionales, profundamente anti-científicas, del mundo de seres separados y enfrentados en una guerra a muerte.  El músico John Lennon escribió “Imagine” desde esta cosmovisión supremacista y totalitaria, aunque él mismo no lo supiera; por eso imaginaba un mundo el que toda la diversidad social y cultural había sido reducida a una comunidad global,  poblada de humanos con vidas que, si lo piensas bien, están carentes de sentido y trascendencia: “living for today”, “nothing to kill or die for”. El aspecto totalitario es implícito en el nivel de violencia física y estructural necesaria para homogeneizar el mundo de esta manera. Si yo fuese comunista, propondría cambiar “la Internacional” por “Imagine”, y doy por hecho que los Illuminatis esos que quieren imponer el Nuevo Orden Mundial la cantan después de sus reuniones secretas.



El Supremacismo es cosa de gente civilizada, que ha dejado atrás la cultura tribal

La gente se pregunta cómo pudo ser que la Alemania más culta y refinada de su Historia terminara hechizada por el nacionalismo socialista; o que la China de milenarios saberes permitiera que un psicópata estúpido como Mao la sojuzgara. Pero es que…Fue por eso mismo…

Fanta and the Nazis - Enemy in the MirrorEnemy in the Mirror

Coca-Cola creó Fanta para que los nazis tuvieran su refresco. Lo anunciaba Hitler, que no bebía alcohol. A mí no me gusta porque lleva mucho azúcar; de niño sí, pero pedía de limón porque ya era yo contracorriente y tocacojones

Las Ideologías Supremacistas no son requeridas en las sociedades menos desarrolladas. En estas poblaciones, herramientas abstractas como la Ley, el Derecho, la Ética no juegan ningún papel, y la conducta social está regulada por normas morales muy concretas como los tabúes, la influencia personal de algunos cabecillas o explicaciones míticas esencialistas.

Lo que ocurre en realidad en estos sistemas sociales (que es a los que vuelven las personas que viven en cinturones de chabolas, no-go areas o en zonas de conflicto) es que la compleja estructura de división del trabajo que genera la sociedad civilizada ha desaparecido; por tanto esos roles son reasumidos por nuevas versiones de la Tribu y el Clan.

Las doctrinas supremacistas vienen al “rescate” de una mayoría de ciudadanos racionales y éticos

Somos precisamente los humanos civilizados los que necesitamos décadas de filosofía bananera, manipulación mediática y libros de texto super-imaginativos para implicarnos en matanzas y persecuciones; al individuo tipo de las sociedades que viven todavía en la barbarie (3) o han vuelto a ella, le basta sólo un machete y sus emociones a flor de piel para implicarse en un genocidio.

(3) La barbarie es el estado de una sociedad que exhibe rasgos de las sociedades civilizadas y de las tribales. Es frecuente que el aspecto civilizado se muestre especialmente en los aspectos tecnológicos, por ser ésta la parte de la cultura más fácil de transmitir. Por contra, esos elementos inmateriales que una sociedad considera “evidentes en sí mismos” o incluso permanecen inconscientes, como ciertos valores y creencias sobre el cosmos natural y social son mucho más resistentes al cambio. De esta forma, la interacción secular o forzada por la inmigración de poblaciones tribales con sociedades civilizadas da a lugar a estas formas paradójicas: En ellas se encuentran en un mismo espacio ambiciones materiales urbanitas como un smartphone último modelo, con normas familiares o concepciones de los roles sexuales de lejanos tiempos y ambientes geográficos. 

El Supremacismo es, para resumir, una ideología civilizada e ilustrada (aunque irracional y patológica) que se apoya energéticamente en nuestros instintos primarios subyacentes y nuestra biología, y usa las interacciones sociales para convertir a muchos individuos razonables en una sola Masa descerebrada. ¿Pero cómo se desarrolla? ¿qué factores promueven su aparición?

El Supremacismo es un ser «vivo»

En primer lugar, hay que aclarar que los movimientos supremacistas son un tipo de «animal» que habita la nube cultural, o realidad secundaria psicosocial que generamos los seres humanos al interaccionar entre nosotros de manera significativa y sistemática. En este nivel de información aparece una fauna invisible que nace, crece, se reproduce y muere; desde la relación romántica de una pareja o el espíritu de un equipo de baloncesto escolar, hasta esos seres de poder inmenso como los que produce una corporación transnacional o una «gran» religión.

Estas «sombras» de los sistemas sociales, si bien no son autoconscientes, sí muestran un comportamiento inteligente y dirigido a la autopreservación. Es un tema que merece un artículo, o varios, para explicarlo someramente. Quedémonos ahora tan sólo con la idea de que los supremacismos son entidades complejas y reales (en un nivel secundario) hasta el punto de tener su propia agenda, independiente de la de los propios humanos que parasita.

El Discurso como lenguaje y programa que comunica a los individuos con el sistema supremacista

Los supremacismos disponen de un Discurso propio. «El Discurso» describe la realidad para los miembros de ese colectivo o institución en cuestión. Es el conjunto de significados que permiten definir y editar los sistemas simbólicos que estructuran la interacción de los miembros del agregado social.

Importante: El Discurso no trata de informar a los miembros del mundo real, sino de codificar simbólicamente las relaciones que el sistema y sus actores humanos tienen con ese mundo real.

Por ejemplo: la idea de una «vida después de la muerte» es una herramienta usada con éxito para que los seguidores de un grupo religioso realicen sacrificios para esa comunidad que podrían no hacer si los ponderaran sólo con su propia vida. La creencia en una existencia eterna para todos los que sobrelleven la de aquí con decencia, ayudó mucho a la sociedad del Antiguo Egipto (especialmente del Imperio Nuevo en adelante) a mantener la cohesión social y a promover visiones éticas, o ecológicas, de la existencia.

Otros sistemas suprapersonales incorporaron con éxito este constructo de la «vida eterna para todos» (y no sólo para los dioses y faraones), sobre todo por el poder cohesivo de la sociedad que proporciona, más allá de la propia simetría de justicia en torno al eje de la muerte que hace imaginar en el alma de las personas. Vemos así cómo estos esquemas simbólicos no tratan de reflejar o definir la realidad, sino gestionar el funcionamiento sistémico de los elementos sociales de modo que tengan una relación favorable (sobrevivir en las mejores condiciones) con la realidad.

En definitiva, los elementos de un Discurso no se seleccionan por su capacidad representativa de la Realidad fenoménica sino por su funcionalidad en la relación con ésta; como dicen en inglés, whatever works.

Sin embargo, ese conjunto de roles e interacciones simbólicas que intenta modular el Discurso sí constituye para los seguidores «la Realidad» y no un mero juego dramático. Para los fieles supremacistas, el escenario que permite representar el Discurso no es un «como sí», sino «la realidad verdadera.» Esto quiere decir que el Discurso  es incorporado e integrado a la red de mapas de la mente de una persona. ¿A qué llamo «mapas»?

Los mapas son las guías que cada persona lleva para conducirse por el mundo, ya que el mundo como tal no lo podemos ver. Ya que la realidad en sí no es accesible a los sentidos, nos servimos de estos mapas que hacemos y ayudamos a otros a elaborar mientras nos movemos a ciegas en este universo extraño.

La realidad vivida es por tanto la realidad representada en nuestra mente. No existe “la pastilla roja”, ya que no podemos salir de los mundos virtuales que nos sirven de interfaces de comunicación con la Realidad primaria e incognoscible, o mejor dicho con sus manifestaciones.

Por ejemplo, es patente que sabemos manejarnos en un mundo tridimensional pese a que no podemos ver en tres dimensiones. Ver en 3D realmente implicaría observar un objeto desde todos los ángulos posibles simultáneamente; delante, detrás, desde arriba y desde abajo, y los posibles ángulos interiores. Esta perspectiva requiere ser una entidad de la quinta dimensión, como los personajes que ponían la cabeza loca a Richard Gere en Las profecías del Hombre Polilla (2002). Nosotros tenemos en lugar de esto un humilde apaño, consistente en representar los objetos en nuestro cerebro codificados en relación a su profundidad estimada. A veces los científicos llaman a esta visión «2½D» siendo D la palabra «Depth», profundidad. El juego de sombras y luces, junto a nuestras experiencias pasadas, nos permiten predecir qué está delante o detrás o la forma tridimensional probable. La sensación de que realmente vemos y sentimos lo que hay a nuestro alrededor y en “tiempo real”, es un fascinante logro del sistema perceptivo animal.

En este famoso ejemplo, las casillas A y B tienen EXACTAMENTE el mismo tono de gris. Imprime la imagen y recórtalas si quieres para comprobarlo. Las ilusiones ópticas se basan en el descubrimiento de los trucos que usa la mente para construir la Matrix natural, la cual  nos sirve de interfaz para comunicarnos con el mundo físico invisible para nosotros.

Aunque no podemos experimentar la vida «fuera del mapa», es decir fuera de nuestras representaciones internas, sí podemos usar varios mapas, y descartar los que parezca que no llevan a ningún lado. Todos esos mapas o representaciones son editados continuamente cuando realizamos acciones comunicativas, que son Todas nuestras acciones por definición; y cada persona intenta integrar todos los mapas en una cartografía personal, o universo. Por esto es que dicen que cada persona es un mundo.

Las estructuras suprapersonales compiten por conquistar esos mundos, parasitar una parte de los recursos del alma de las personas para poder seguir existiendo, crecer y hasta reproducirse. Dependen para ello de su capacidad para inocular su programa de imágenes simbólicas, o Discurso, en nuestras mentes y “hackear” nuestra realidad virtual. El Supremacismo es por tanto uno de estos discursos programadores.

Caricaturizando el propio grupo y los demás

En un marco supremacista, el in-group es definido como superior a otros grupos, creando una asimetría de valor que satisface a nuestra necesidad interna de coherencia lógica. Esto se consigue sobrevalorando rasgos positivos de nuestro grupo e ignorando los negativos, algo que se aprecia muy bien en una campaña electoral. Otras veces nos «apropiamos» de los valores positivos que apreciamos en el enemigo y transfiriéndole nuestras propias debilidades. Así por ejemplo, la retórica del grupo terrorista Hamás en Gaza conlleva la atribución de pulsiones imperialistas al diminuto estado de Israel, y la identificación de los palestinos árabes, -la gran mayoría descendientes de inmigrantes en la primera mitad del siglo XX de distintas regiones de Oriente Medio- como un pueblo ancestral y acosado. Se trata en ese caso de una inversión perceptiva. La clave en fin, es obviar lo mucho que se tiene en común con los otros, y glorificar las diferencias hasta convertirlas en un estereotipo.

Nótese -y esto es importante- cómo esta separación implica, necesariamente, un grado mayor o menor de homogeneización tanto del in-group como del out-group.

Existe un modelo uniformizado, «caricaturesco» de lo que significa pertenecer a los tuyos o los de enfrente, que identificamos y procuramos exhibir a los demás.

El supremacismo comienza siempre  por denunciar y perseguir el humor y las caricaturas; pero ¿cómo no reírse de lo que se esfuerza tanto por ser gracioso y esperpéntico en su propia propaganda? Not fair!

Verbigracia: Pensemos en cómo los representantes andaluces, lejos de trabajar su dicción como hacemos los murcianos que encontramos empleo fuera del terruño, se esfuerzan en cambio por hablar como si estuvieran en un bar de Triana hasta cuando tienen turno de palabra en el Congreso. El sueño de un político andaluz es llegar un día a hablar con tanto acento que necesite traductor, como los indepes catalanes, que parecen recibir más dinero cuanto más velarizan la ele. O considere el lector cómo las artistas «afroamericanas» se ponen pañuelos de colores en la cabeza, e imitan movimientos de danzas tribales para «compensar» que su piel se ha aclarado por siglos de mestizaje.

Imagen relacionada

Alicia Keys usa ahora pañuelos africanos, y se riza el cabello a “lo afro”, para subrayar este aspecto de su ascendencia sobre todos los demás (por sus venas corre sangre irlandesa, escocesa, italiana, jamaicana y americana);  sin embargo, el contacto con las feministas la ha enseñado  a identificarse últimamente sólo “as a Black woman” y a defender movimientos supremacistas racistas como los Panteras Negras y Black Lives Matter. Si es inteligente se le pasará la tontería.

Estos comportamientos avisan de que se está estableciendo como dominante, un modelo cercenado y homogeneizado de lo que significa ser parte de determinado grupo. Esta imagen «pura», «auténtica» está hecha de esas cosas folklóricas y superficiales que no se comparten con otros grupos, más signos de adhesión política. Es por tanto una identidad jibarizada, estandarizada y auto-paródica en sí misma. ¡Olé!

Los adversarios son también estereotipados de igual forma; de hecho, la comunicación entre distintos grupos enfrentados supone un proceso de feedback en el que, efectivamente, se asumen las imágenes simplistas y paródicas que tiene el Otro como propias.

Esta asimetría que es la base del supremacismo tiene siempre una parte de verdad y otra de exageración, pero nunca implica en mi opinión una «cosificación» del Otro como afirman los psicólogos.

Más bien es al contrario: supone el reconocimiento en el adversario de nuestras propias capacidades humanas, como el ego, la planificación a largo plazo o el lenguaje simbólico. Esto es precisamente lo que los eleva a la categoría de enemigos o competidores, el ver en los oponentes una versión de nosotros mismos: Una imagen inversa o defectiva, pero de igual condición humana. Obsérvese que no llamamos «enemigo» al mosquito que se asegura de que estemos despiertos antes de picarnos, o a la báscula que nos llama gordos cuando la pisamos: salvo que queramos hacer una personificación poética.

La cuestión de la cosificación o deshumanización (la científica, no las majaderías que escribía Simone de Beauvoir y su batracio marido) se aviva periódicamente cuando se permite que un genocidio sea conocido mediáticamente (la mayoría no lo son, incluso hoy en día), como fue el caso con la “Solución final” nazi o el pavoroso genocidio en Ruanda. Autores como David Livingstone (“Less than human”, 2011) argumentan que sí existe una percepción de las víctimas como “ratas” (nazis) o “cucarachas” (hutus respecto de los tutsis), es decir como no humanos. Personalmente no me convence, ya que uno no sale a matar cucarachas lleno de odio ni las considera moralmente abyectas. Insisto en la  idea de la imagen humana defectiva, pero humana al fin y al cabo. Adolf Hitler era un sociópata extremo; sin embargo, no fue capaz de visitar los campos de exterminio ni una sola vez. Evitaba el horror como evitaba ver fotografías de sus propios soldados muertos. Es decir, sabía que los que ocupaban los campos no eran ratas ni cucarachas, y por eso pudo odiarlos.

Sin embargo, sí es cierto que existe una deshumanización, en el sentido de despersonalización, en el Supremacismo; la reducción de seguidores y adversarios a categorías simplistas arriba comentada, implica que los rasgos individuales son ignorados. Incluso los líderes sufren esta reducción caricaturesca, como vemos en Kim Jong-un o en los ayatolás iraníes. En el supremacismo, el individuo termina velado detrás del rol que cumple dentro del movimiento.

Ja ja, no, el clérigo Al-Sistani no salió en la trilogía de El Señor de los Anillos. Ni siquiera en “Las dos torres.”

El supremacismo por tanto permite ignorar esos dilemas éticos que surgen al atender al contexto de una situación o ponerse en el lugar del otro. Esto se consigue proponiendo (o imponiendo) una descripción de la realidad de tipo maniqueo, en la que aparece un «nosotros» y un «ellos» claramente identificable por rasgos superficiales como el color de la piel, la forma de vestir, o la forma especial del grupo de llamar a las cosas: «jóvenes y jóvenas». Es importante que el in-group y el out-group se puedan diferenciar de manera aparente y superficial, porque esta narrativa no permite un análisis complejo y contextual antes de llegar a la acción. Los «malos» y «buenos» deben ser identificables inmediatamente y a distancia, como los barcos de guerra que señalaban su afiliación con una bandera para evitar el fuego amigo.

Sin embargo, esta necesidad de señales externas simplificadoras no supone que un sistema supremacista incida sólo en la apariencia. Estas trazas reconocibles permiten dividir la realidad social en clases que se suponen homogéneas y separadas, dentro de las cuales se espera encontrar otros rasgos más profundos y esenciales como valores, cualidades morales o creencias sobre la naturaleza humana y el universo, guiados por un patrón del que los líderes efectivos o legendarios son el modelo.

El supremacismo, como cualquier otra ideología, aporta una descripción operativa de la realidad, siempre compleja e incierta; que el cerebro agradece pues le permite funcionar con mucha menos energía. El mundo y nuestro lugar en él aparecen así claros y transparentes, con respuestas disponibles y comportamientos conocidos para lidiar con ese mundo cuyas relaciones causales no comprendemos, y eso nos hace sentir «empoderados». A este beneficio común a toda ideología dogmática el supremacismo añade el dualismo metafísico.

En esta visión como decimos maniqueísta, el Bien y el Mal (se les llame o no por ese nombre) tienen una existencia propia, y no son meras categorías subjetivas del juicio moral. La Historia humana por tanto, pasa a ser el escenario de una batalla cósmica entre luz y tinieblas, en lugar de estar regida por leyes físicas como el resto del plano físico. En esta representación, el in-group, «nosotros» constituye el bando de los buenos, lo cuál proporciona bienestar psíquico y autoestima. Sin embargo, seguimos teniendo toda clase de problemas. La respuesta sempiterna es que estas contrariedades y males no pueden derivar de nuestra conducta, ya que somos buenos y tenemos la razón; es por esto que el supremacismo suele acompañarse del victimismo como explicación mítica de consumo interno, y no sólo como estrategia de manipulación.

El victimismo supone que el in-group es subyugado o constreñido por grupos «opresores» que son la causa real de todos los problemas. Además, esos opresores o agresores actúan guiados por su inherente maldad o corrupción, no como respuesta a circunstancias que, de ser aplicadas una por una a «los buenos», les llevaría a los mismos comportamientos.

Por tanto, la solución definitiva a todos los males del mundo es posible, y vendrá de la eliminación postrera de los adversarios demonizados y la toma del poder definitiva del bando propio.

Los modelos arquetípicos de estos chivos expiatorios, suelen ser grupos y personas que se diferencien claramente del resto de la sociedad y que todo el mundo conozca; por tanto su contribución social, positiva o negativa, es irrelevante.

Los judíos, adeptos a esa religión occidental con notas orientales como mutilar un poco a los niños varones, es un chivo expiatorio preferido de casi todos los discursos maniqueos actuales. Esto se debe a que las comunidades judías representan de manera simbólica a la Élite, es decir a una parte de la sociedad auto-suficiente, culta, y con consciencia de ser responsables de su propio destino. «Si no existieran los judíos, habría que inventarlos», comentó célebremente Adolf Hitler.

Un chivo expiatorio es un macho cabrío, que se abandonaba en el desierto supuestamente cargado con los pecados de toda la comunidad. Así se esperaba evitar la venganza de los dioses por la impiedad popular, y se refuerzan los lazos de la comunidad sacrificadora. La Biblia reconoce esta tradición cuando Yahweh manda a Aarón sacrificar uno para Él y otro para Azazel, temido demonio del peligroso desierto. Levítico 16:10-12

El caso de los judíos, esos «empollones de la clase» (uno de cada tres premios Nobel de Ciencias los ganan judíos, mira si España tendría premios Nobel si no los hubiésemos expulsado) no es ni mucho menos único, pero por su impresionante contribución a la cultura y sus raíces profundamente occidentales se han convertido en el enemigo por antonomasia en el mundo contemporáneo. Esto es útil a nivel de análisis, ya que la mayor parte de los discursos supremacistas actuales los incorporan a su relato; y el odio a los hebreos nos avisa de que la narrativa en cuestión probablemente sea supremacista y se esté alineando de parte de «la Masa» frente al sospechoso Individuo, que es la realidad profunda que esconde la dicotomía retórica Pueblo versus Élite.

El supremacismo supone por tanto la sustitución de la aproximación científica al hecho social y natural por un relato moral, esencialista y teleológico; un discurso tan significativo y movilizador para el individuo como simplista y desconectado de la realidad.

El supremacismo necesita aparentar racionalidad, ya que como hemos dicho antes nace en la civilización o sus márgenes. Por esto se dotará de explicaciones pseudo-racionales, como teorías raciales, dialécticas históricas, o argumentos que sólo tienen sentido dentro de su propio texto, como la palabra «hobbit» sólo tiene sentido en los libros de Tolkien pero no en el mundo real.

Todas estas narraciones no aguantan un contraste serio con la verdad empírica y el rigor lógico, pero sirven al propósito de dotar al converso de racionalizaciones creíbles y de presentar a la sociedad al movimiento como abierto a la crítica y dispuesto a jugar con las «reglas» de la sociedad civilizada.

Sin embargo, el Supremacismo no tiene su verdadera fuente de energía en estos constructos mentales, sino en las emociones. Las emociones son respuestas integrales del cuerpo-mente de un animal respecto a un estímulo del medio. Si estas respuestas pueden ser moldeadas y canalizadas en los miembros de un movimiento para los fines de esa estructura, se puede aprovechar una parte significativa de la energía orgánica disponible (vehiculada por el oxígeno y las moléculas de ATP) para determinados objetivos. Las respuestas emocionales son estereotipadas, intensas y canalizadas por determinados estímulos simbólicos y sinergias colectivas. El comportamiento emocional humano, está de hecho naturalmente diseñado para sincronizarse con otros mediante movimientos, sonidos, pancartas, hastags etc. que ponen nuestro cuerpo en «modo suprapersonal».

El estado emocional de los seguidores es controlado y modelado a través de símbolos y rituales, de modo que la energía de los individuos y grupos funciona en una dirección determinada y coordinable.

Por tanto, el ciudadano que se adhiere a un credo supremacista no tiene una relación racional sino sentimental con él; lo que importa son las emociones intensas, los lazos personales y los símbolos compartidos. Sin embargo, el Discurso condicionará su percepción del mundo hasta determinar también su capacidad de juicio y comprensión. El poder de estos «filtros» será mayor cuanto mayor sea la implicación emocional con el movimiento.

Por ejemplo, en el caso del nacionalismo catalanista se insiste en que la identidad nacional y el deseo de independizarse del resto de España es «un sentimiento». Esta es de hecho su verdadera esencia, derivada de la interacción social simbólica, aunque se le superponga una costra pseudo racional que organiza la acción y ayuda a boicotear los brotes de racionalidad que puedan surgir.

El supremacismo permite una enorme movilización social, enérgica y capaz de escalar muy rápidamente. Por eso se usa a menudo para preparar una nación o un grupo dentro de una sociedad para la guerra, que es la forma aguda de la competencia por los recursos.

En los lugares menos civilizados de las ciudades (barriadas donde se concentran los aluviones de inmigración y los sectores marginales, cinturones de chabolas y las no-go areas que se multiplican en Europa), las personas conservan o adquieren rasgos tribales. Por esta razón, se convierten en viveros naturales de los supremacismos, que les ofrecen un puente entre el mundo tribal del gueto y la sociedad de “fuera.”

En el extremo opuesto de la jerarquía social, también encontramos neo-tribus que recurren incluso a la magia ritual para mantener su estatus, en un mundo donde la economía es manejada por ejércitos de bots y George Soros puede llevar a la bancarrota a un país que le cae mal. Las personas que acumulan poderes inimaginables para un emperador de hace un siglo, se sienten paradójicamente muy vulnerables y condicionadas; construyen búnkeres subterráneos, parecen una figurica de los Sims como Mark Zuckerberg, o beben agua que les traen de un pozo en Laponia. Estos ciudadanos también son especialmente vulnerables a credos supremacistas, y los Supremacismos compiten rabiosamente por ocupar sus mentes estratégicamente situadas.

El terror social al virus supremacista extendiéndose entre las clases sociales marginales y depauperadas se expresa actualmente en las películas de zombis, y el horror equivalente en nuestras élites socioeconómicas, en las conspiraciones de reptilianos enmascarados. La opinión pública acusa a los líderes políticos de apoyarse en unos y otros, y a menudo con razón.

La mentalidad y costumbres que pueden ser ventajosas a nivel personal o grupal en ciertas coordenadas socioculturales, no parecen serlo cuando consideramos la sociedad en su conjunto. En menor medida aún la sociedad global con su superpoblación, cataclismo ecológico, armas de destrucción masiva, comunicaciones instantáneas de una punta a otra del globo, o inteligencia artificial. Un mundo civilizado como el nuestro necesita humanos civilizados: igual que metemos en casa a un perro pero no a un lobo, y dejamos que los macacos del zoo jueguen con palos pero no con Kalashnikov. No hay nada malo en lobos y macacos, pero su inclusión en estos nuevos ambientes entropizados es nociva incluso para ellos.

Por eso los supremacismos, al promover una hipertrofia de estos comportamientos primitivos y protegerlos de sus cortafuegos culturales (crítica racional, exposición pública, sátira y parodia, sometimiento al imperio de las leyes comunes), se han erigido en obstáculos colosales al empeño quijotesco de la Humanidad por llegar a conocer el siglo XXII.

El Supremacismo como hidra de cien cabezas nos amedrenta porque vivimos en tiempos de desaforada aceleración histórica y e imparable pérdida de la diversidad/riqueza ecológica y cultural.- El mundo hace trescientos años no era más agradable ni la vida más fácil; muy al contrario. Sin embargo, la tierra que acogía a las personas demasiado pronto no se encontraba a muchos metros de sus pies, o era profanada por aparcamientos y estaciones de metro. El cielo estaba poblado cada noche despejada por mensajes brillantes de eternidad y significados colectivos, y no por aviones y drones. Nuestro tiempo representa un brazo muy abierto de la espiral de la Historia, y su fuerza centrífuga activa cada día nuestro lado más salvaje y atávico, el modo supervivencia.

Los supremacismos ofrecen soluciones “finales” o apocalípticas a esta angustia del zeitgeist, sin embargo sus estrategias reales promueven que las condiciones que les han permitido aparecer no sólo no desaparezcan, sino que aumenten sin control.

Así y todo, necesitan que pongamos algo de nuestra parte, como el diablo de las leyendas necesita una firma en la que mostremos nuestra aquiescencia.

El supremacismo depende para quedarse con nuestra alma de que no aceptemos nuestros aspectos primarios, nuestra parte animal, y nos sigamos creyendo ángeles y demonios. Depende también de que compremos los tentadores Discursos que nos ofrecen, y no podamos o no queramos ver nuestros verdaderos problemas con la perspectiva requerida.

El Supremacismo es la forma dominante de pensamiento en el siglo XXI, especialmente en política y religión; esto es debido a varios factores, entre los que destacamos:

I. la explosión demográfica, que ha multiplicado por 7.6 la población mundial de 1900 y se espera siga creciendo exponencialmente este siglo especialmente en África, Oriente Medio, y regiones de Asia y de América. En una sociedad global masificada, los movimientos de masas dominan sobre los sistemas basados en grupos que son la suma de individuos particulares. Esto favorece a los Supremacismos, que son siempre colectivistas.

Resultado de imagen para population growth 2050

El crecimiento demográfico mundial añadido a la población global de 2008 (entonces 6400 millones) hasta 2050. Gráfico de Lauren Manning

 

II. La estandarización cultural: El industrialismo, corporativo (neoliberal) o estatista (comunista) ha interaccionado con esta demografía disparada en una dinámica de realimentación positiva (en inglés, positive feedback loop) que significa que la economía permite que haya cada vez más personas y la población incrementada a su vez proporciona unos beneficios crematísticos que estimulan el crecimiento de las explotaciones económicas. La palabra positivo aquí tiene un significado meramente matemático, no cualitativo; porque este tipo de desarrollo de la industria humana (pese a lo que nos dicen los políticos de derecha o izquierda) es anómalo, disfuncional y auto-destructivo, además de basado en una pseudociencia (la Economía), y no en el rigor epistemológico.

En todo caso, lo importante para nuestro artículo es que este modo de producción destruye la diversidad cultural y social, y fagocita el legado humano devolviendo como output productos estandarizados. Esto es ideal para los supremacismos, ya que disponen de muchas más imágenes simbólicas que son entendidas por todo la población planetaria.

Resultado de imagen para crayola multicultural

Los supremacismos proponen una idea de la sociedad global basada en unos pocos grupos sociales homogéneos, donde las diferencias personales que nos hacen únicos -esas cosas que no se ven- queden poco a poco anuladas. Que toda la diversidad humana quepa en una caja de rotuladores…

III. El tercer factor a subrayar, es el salto cualitativo (y en progresión continua) en el nivel de integración de los sistemas sociales humanos. Si la invención del alfabeto y el correo con caballos y barquitos de vela creó movimientos culturales intercontinentales, ¿Qué puede generar una red que es capaz de sentar a mil millones de personas a la vez para ver el mismo episodio de la nueva temporada de Juego de Tronos? ¿Qué oportunidades brinda al supremacismo el que personas de decenas de países puedan cantar el mismo himno, mirando la misma imagen, estén en un ático de lujo en Dubai o en una calle llena de barro de Sao Paulo?

Imagen relacionada

Me gustaría haber sido capaz de transmitir la idea de que las tendencias a discriminar positivamente a favor de nuestro propio grupo son naturales, y ofrecen un repertorio de actitudes que son aptitudes necesarias para la supervivencia. No sólo las especies territoriales como los primates o los leones, sino todas las formas de la vida poseen, necesariamente, estos sesgos. La vida es, en este sentido, aquello capaz de diferenciar «dentro» y «fuera», y tratar estas dos realidades de forma diferente, discriminatoria. Hasta las humildes bacterias protegen su interior y lo nutren, y expulsan al medio sus deshechos. Mantienen su identidad a costa de derivar la entropia, el desorden físico, fuera. Si otra bacteria es asimilable, se la comen, y si moléculas nocivas tratan de penetrar su membrana, se defienden, e incluso envían señales de aviso a otras bacterias para actuar colectivamente. Si eso no es mirar por lo tuyo por encima de todo, que baje Zeus y lo vea. La vida es necesariamente egocentrista porque la vida es un mecanismo de conservación de una identidad diferenciada del ambiente, por medio de procesos como el filtrado de agentes externos o la homeostasis.

Elephant protecting its baby calf from hyenas | A Writer ...

Sin embargo, los supremacismos como estructuras suprapersonales que parasitan la civilización no son necesarios (no existían antes de la Civilización) ni biocompatibles: no contribuyen a la vida humana y biológica, sino que son su némesis. Son el equivalente cultural del meteorito que diezmó a los dinosaurios, al haberse combinado con una tecnología que exige un nivel de racionalidad y consciencia muy elevado. O sobra la tecnología o sobra el pensamiento supremacista, y en este siglo veremos desaparecer necesariamente a uno de los dos.

Sería genial escribir otro día un artículo con una serie de sugerencias prácticas para obstaculizar, sofocar y destruir el Supremacismo en nuestra sociedad, y sin usar ingredientes tóxicos para el Medio Ambiente.