Las diez claves de la belleza

Es útil saber qué es la belleza, para guiarnos en nuestro cuidado, afeite y adorno.  Existe por tanto una “filosofía del tocador.” Demos pues Diez Claves de la Belleza. y animo al lector a comentar qué me he dejado en el tintero. Para las feministas que se atrevan a leer este artículo lo subtitularemos:  “Diez Estereotipos impuestos por el cis-Patriarcado para someter a las Mujeres oprimidas y racializadas por la Cultura blanca eurocentrista y privilegiada.” A ver si así cuela y lo leen; no doy a ninguna feminista por perdida sin remedio.

La Belleza, en cierto sentido, no es otra cosa que la experiencia sensorial de las propiedades Matemáticas de la Realidad: simetrías, asimetrías, patrones regulares, proporciones, ritmos, fractales.

Vasos sanguíneos de un riñón humano. La vida usa ecuaciones matemáticas llamadas fractales, para desarrollar sus diseños con la mínima inversión de información y el máximo control sobre su evolución y reparación

Puede que esta afirmación parezca chocante o abusiva, pero hay argumentos que apoyan esta explicación racionalista: incluso la belleza que nos excita sexualmente o la que emociona nuestra alma. Es más fácil de observar en la música y los colores, por ser simples frecuencias vibratorias (de presión en el aire y de la radiación lumínica), y por tanto más cercanos a la física esencial de nuestro universo. Cuando disfruta de las armonías sonoras o cromáticas, el cerebro realiza operaciones matemáticas muy precisas pero muy familiares y naturales. Como en esta visualización de Debussy.

Alguien dijo “la música es la mente divirtiéndose contando.” En realidad esa cuenta y medida se produce también en las impresiones más complejas. Las matemáticas y la lógica siguen presentes, pero de forma cada vez menos evidente a nuestro plano consciente, más solapada.  Veamos pues algunas de las características clave de la Belleza Femenina desde esta perspectiva considerada:

Proporción

Es cuando todas las partes de tu cuerpo guardan una relación; por ejemplo, Kylie Minogue es muy bajita (1.52 cm.) pero es un sex symbol porque su cuerpo es muy proporcionado.

El desafío estético de muchas mujeres indias o medio indias de países como Bolivia o Perú no es su baja estatura, sino que en su proceso de achatamiento  perdieron proporción. La pérdida de estatura es en sí misma una adaptación climática que ayudó a sus ancestros a sobrevivir y prosperar en determinados entornos, como la selva tropical, el calor extremo, la escasez de alimentos, el enrarecimiento de oxígeno en las montañas… Todas situaciones para las que ser bajo es ventajoso, por lo que los suramericanos con fenotipos indios harían bien en agradecer las ventajas de ser achaparrados,  entre las cuales destaca el pertenecer a las estirpes que pervivieron y proliferaron. Los trajes tradicionales de estas regiones muy queridas por los españoles plantean algunas soluciones eficaces y sencillas de vestimenta a estas siluetas autóctonas, que los diseñadores de ropa en Suramérica harían bien en usar como inspiración, para la moda internacional y la moda nacional.

Por otra parte, los cambios de dieta, estilo de vida y emparejamientos dentro de referencias geográficas cada vez más amplias de estas personas,  están influyendo en la altura media en estos países  ganando en centímetros y esbeltez respecto a la generación de sus propios padres. Enlace

Esta desviación de las proporciones ideales por razones de adaptación biológica no sólo ocurre a escala de fenotipos predominantes en una región, sino también dentro de fenotipos locales homogéneos. Por ejemplo, en una mujer demasiado alta que termina desgarbada, o  un hombre que va al gimnasio y, desoyendo el consejo del monitor, trabaja sólo de cintura para arriba. La proporción ideal en el diseño humano es una razón que se llama Fi, y empieza por 1.618… Nuestra percepción está diseñada para detectar Fi en el cuerpo de los demás, incluso en plantas y animales, porque es indicativa de salud y buenos genes.

Elegancia:

     La elegancia consiste conseguir la mayor eficiencia con el menor esfuerzo necesario. El vuelo de un águila o una golondrina es muy elegante, porque parecen desplazarse sin esfuerzo por el aire, sin movimientos bruscos, o innecesarios. Lo contrario a una gallina vamos. Una fórmula científica es también llamada elegante, cuando describe una ley o principio de la forma más breve y clara posible. En las conferencias de Física, se menciona a veces la aspiración de que la fórmula de todo el Universo quepa en una camiseta… Es la idea más sublime de la moda que al parecer conciben los físicos.

    En la elegancia, menos es más; es la forma más sencilla (la palabra técnica es eficiente energéticamente) de realizar un gesto, causar una impresión, expresar algo. La elegancia en movimiento o en la comunicación se llama gracia, que viene del latín gratus: agradable, agradecido. Gracia se llama a los dones divinos, y de gratus viene también gratis: lo que no cuesta nada. El movimiento perfectamente alineado con las leyes físicas es el que menos cuesta;  en el taoísmo se llama wu wei, “acción de la no acción”, es decir la acción que fluye de forma natural, y en el caso humano, también consciente.

El vuelo del vencejo es sin duda elegantísimo. En inglés se llama swift, que es como se llama también a los movimientos ejecutados con velocidad y ligereza. Una vez tuve un vencejo en mis manos y pude comprobar de cerca el prodigio de diseño de este ave, cuya forma y plumaje son una adaptación extrema a la capacidad de volar más rápido y más lejos que las demás. A cambio ha tenido que renunciar a la vida en tierra firme, por lo que el ejemplar que encontré en el suelo necesitó mi ayuda para remontar y desaparecer en el azul del cielo.

Un ejemplo cromático de elegancia es el color negro, que resulta tan distinguido a mi juicio porque con un sólo tono (en realidad la suma de los tres colores pigmento primarios) conseguimos el máximo efecto y contraste. Siendo el contraste en sí mismo un valor, el negro nos ayuda a no exhibir lo que tenemos, sino llamar la atención hacia lo que mostramos. Cuando Cocó Chanel  y Jean Patou inventaron el vestido negro de noche (conocido como LBD, iniciales de “Little Black Dress”) no sólo desenlutaron este color poderoso, sino que realizaron una declaración estética a favor de la sencillez y la elegancia implícita en esta prenda legendaria al alcance de cualquier mujer con mínimos conocimientos de costura, y al mismo tiempo lo bastante sublime como para ser vestido en una gala o la fiesta de una embajada real.

                 El LBD tiene muchas versiones: más corto o más largo, con tirantes o palabra de honor, con mucho vuelo en la falda o de tubo…Hay variedad suficiente para encontrar uno apropiado a cada cuerpo femenino, sin embargo, todos los modelos deben conservar el principio de máxima sencillez y monocromatismo.

El saber estar y la integración en el entorno

Consiste en comprender que no nos miran por unos prismáticos, sino que los demás nos ven siempre como parte de un entorno. Por eso tenemos que dialogar con ese contexto, adecuando nuestra forma de hablar, de vestir, de comportarnos.  Conviene tener mundo y cultura, porque una persona ignorante o que no conoce ambientes distintos no puede modular su comportamiento e imagen para encajar y brillar en distintos entornos.

Esto no quiere decir que debamos mimetizarnos completamente con el decorado; sólo que hay que jugar con esa integración en el background y ver qué aportamos nuevo a la escena, para enriquecerla entendiendo cómo se integra nuestra nota particular en la sinfonía general.

Un ejemplo: en la tradicional carrera real de caballos de Ascot, es costumbre que las damas lleven vestidos despampanantes y sombreros glamurosos y muy desenfadados. Es realmente muy divertido. Pero ese día, la reina aparecerá y todo el mundo dirá que va muy elegante; incluso más elegante que muchas mujeres jóvenes. Esto es así porque la reina Isabel siempre se viste para las ocasiones conforme a un patrón muy determinado: sombrero discreto, y a juego con el color del traje, también sobrio. Los británicos y los fotógrafos valoran la simplicidad y el buen gusto de esta combinación, y los ojos buscan las pequeñas variaciones: el color elegido esta vez, el adorno en el sombrero. Es como si la humildad y el encanto de estos diseños dijeran: “me puedo permitir esta sencillez porque yo soy la Reina.”

El arreglo personal y nuestra expresividad natural juegan con los elementos de nuestra imagen, buscando la armonía y la seducción, pero también la comunicación con el entorno: es como un avatar virtual en el que ofrecemos parte de nuestra belleza, y mostramos reconocimiento hacia la belleza que nos rodea. La cosmética y la ropa nos ayudan a crear ese punto de encuentro e integración, en el que también juega un importante papel el lenguaje corporal y las expresiones verbales.

Nunca somos seres aislados en nuestro propio universo; siempre formamos parte de un dibujo mayor. Esto implica que nuestra belleza y prestancia no se puede realizar sin tener en cuenta el entorno en que ha de manifestarse.

La idea es “poner nuestra nota”, no “dar la nota”. Es decir, aportar nuestro propio color y sabor, pero enriqueciendo el todo en lugar de entrar en él como lo haría un mono en Tiffany´s. En otras palabras: hacer que nuestra inclusión en un ambiente aporte interés y belleza tanto al ambiente en cuestión como a nosotras mismas. Yo llamo a esta relación “dialogar con el entorno”.

1963: Audrey posando con el conjunto diseñado por Cecil Beaton para la versión teatral en Broadway. Creo que el sombrero cayó al mar por una ráfaga de aire y fue arrastrado por la corriente al centro del Atlántico, donde terminó por ser constituido en república independiente y en sede fiscal de empresas offshore durante algunos años.

Aquí tenemos a Audrey Hepburn posando para la promoción de “My fair lady” de Georger Cukor, basada en la obra de Bernard Shaw “Pygmalion”, de 1912. El atuendo de Hepburn no sería elegante en muchos contextos (pese a que sí lo es tomado de forma aislada) debido a que no hay muchos ambientes con los que pueda “dialogar”. En el escenario de la sociedad representada en el musical, resulta perfectamente apropiado, que es equivalente a decir que ha establecido un diálogo eficaz con su entorno; el personaje de Eliza Doolittle manifiesta su individualidad e incluso llega a llamar la atención, pero al tiempo se muestra integrada en el panorama que la rodea. Este es el  verdadero objetivo de su mentor: conseguir el equilibrio alquímico entre la expresión de la encantadora personalidad de la vendedora de flores por una parte, y por otra el desarrollo en ella de la capacidad de adaptarse a nuevos ambientes distinguidos.

La Imperfección

La variación aporta interés y diferencia, algo que es atractivo e interesante. Esto se debe a que nuestro sistema perceptivo busca regularidades y sistemas familiares, recibiendo “alertas” que filtran la variación o desajuste. Esta atención a la novedad y la sorpresa es un mecanismo de defensa, pero también es una forma de reparar en oportunidades para aprender o acceder a recursos nuevos o valiosos (raros).

Los japoneses llaman al aspecto positivo de la diferencia wabi sabi; esto es la aceptación de la imperfección creadora, el pequeño caos que señaliza que algo es único y está vivo. Si lo piensas, el Universo entero no es sino un detalle wabi sabi en la simetría perfecta del Gran Vacío.

Es importante señalar que esta imperfección, o discontinuidad, tiene que enmarcarse de algún modo en el orden y la simetría. Los japoneses valoran probablemente tanto los detalles wabi sabi porque su vida es muy ordenada, alejada de los ritmos naturales, y situada en ciudades que por la noche parecen el escenario distópico de Blade Runner. En este contexto, un humilde almendro puede suscitar una emoción y nostalgia mucho mayor que la que el mismo árbol suscitaría, por ejemplo, entre las vastas plantaciones de almendros que menudean en España, con hileras de árboles que se pierden en el horizonte y que sólo nos parecen extraordinarias durante la floración de febrero.

Es decir, no es la imperfección en sí lo que es bello, sino su contraste dentro de un marco más amplio proporcionado y regular.  Como un hombre de pelo negro y piel atezada, que sin embargo tiene ojos verdes brillantes. Un lunar es bello en un rostro limpio y claro; pero pierde todo su interés en una cara llena de pecas y manchas del sol.

La imperfección, en esencia, no es otra cosa que una manifestación de la Dualidad: cuando miramos algo muy bello, lleno de armonía y significado, sentimos su oposición con el entorno, la tensión dramática entre el punto de nuestra atención con todo lo demás. Nos acercamos para observarlo mejor, incluso tocándolo, como buscando que su manifestación tenga una impresión mayor, equivalente o superior a la de su polo opuesto ambiental.

La Dualidad es la tensión de los Opuestos, del Ser y el no Ser, que hace que exista la realidad. Su expresión máxima en nuestro mundo sensorial es el contraste.

El contraste es bello por dos razones: en primer lugar, porque es eficiente energéticamente: lo que aparece contrastado demanda menos esfuerzo a nuestro sistema de percepción. En segundo lugar, tiene un efecto enfático en los elementos que se conjuntan y oponen, realzando sus rasgos y los de la tensión entre ellos.

El contraste en una imagen de Taylor Swift

Esta cantante de gran éxito de Estados Unidos, está aún en una edad en la que se puede permitir toda clase de excesos textiles; sin embargo, sabe buscar el equilibrio o su asesor de imagen le aconseja con tino. En la foto, vemos cómo se atreve con un tono de labios muy osado, pero lo compensa con la sobriedad del negro del vestido (uno de sus colores preferidos) y el peinado, liso y “formal.” Esto determina que nuestra mente decida que “está bien” porque el conjunto permanece equilibrado. Sin embargo, este mismo contraste hace que no podamos dejar de mirar esos labios, que son uno de los puntos más sensuales de la anatomía visible de esta cantante. El rojo siempre es erótico, incluso en este matiz más juvenil y desenfadado. Nuestro subconsciente está viendo un pececillo encarnado en el océano azul sugerido por los ojos de la artista y su bolso, que aparecen conjuntados, y las líneas curvas y suaves de toda la figura. El efecto global es de una invitación atrevida pero en un marco sereno y conciliador. 

La Belleza interior

El cuerpo humano, más que el de ningún otro animal, ha evolucionado para delatar nuestro interior; mientras que nuestra mente está especialmente capacitada para advertir la más mínima señal indicadora del estado psicológico en el otro. Aún es más acusado este talento en las mujeres, porque conviene al cuidado de los niños y ancianos y para seleccionar la mejor pareja disponible (otra cosa es que algunas prefieran auto-engañarse o el deseo les cierre los ojos a estas señales…).

El punto es que mejorar nuestra personalidad, sentir ternura, tener una autoestima equilibrada, mostrarse asertivo, ser más inteligentes (leer y hablar con gente despierta aumenta poco a poco nuestro propio intelecto, por ejemplo yo mismo vengo de ser medio tonto de adolescente y ahora ya ves); incluso alimentar pensamientos bellos, son cualidades de las que nuestro cuerpo y cara y voz darán cuenta a los demás, en un proceso inconsciente: los otros sólo comprenderán que les gusta nuestra sonrisa, o nuestra mirada, o la forma en que nos tocamos el cabello; pero en realidad lo que les está seduciendo es nuestro interior, traicionado por nuestro lenguaje corporal. Piensa en cómo deseas o quieres a otra persona mientras estamos mirándola o hablando con ella o tocándola. Considera también en cómo esa persona es manifestación de la propia grandeza del Universo, reflexiona un momento sobre lo sagrado que hay en ella. Relájate, confía en ti  y permite a tu cuerpo expresar lo que sientes, así las otras personas se sentirán atraídas o cómodas contigo sin saber por qué.

La Salud:

La salud es el estado que define a un sistema capaz de mantener la homeostasis, es decir un equilibrio dinámico de sus funciones y propiedades. Esto supone en la práctica deslizarse en una delgada franja entre el estancamiento y la desintegración, que se intenta mantener usando la memoria acumulada para procesar el input del exterior. Como todo sistema tiende a la entropía, tenemos que disipar esa alta entropía y consumir baja entropía, por ejemplo con comida, aire limpio o buenos consejos. Esto sucede a nivel celular, del organismo, de la familia y otros grupos sociales a los que contribuimos, las sociedades y la Humanidad como subsistema de la Biosfera.

Obviamente no pensamos en estas cosas cuando queremos seducir o somos seducidos; nadie tiene erecciones pensando en Teoría de sistemas complejos o en las leyes de la Termodinámica. Sin embargo, la Naturaleza biológica y cultural que nos hace personas humanas, sí lo tiene en cuenta. Todo se resume en detectar señales de estados sanos y prometedores en las demás personas, en el paisaje, en todas nuestras impresiones sensoriales.

Hombres y mujeres buscamos signos de salud en nuestras parejas: la acumulación de grasa, una piel demasiado pálida (salvo que sea una persona muy rubia o pelirroja), un andar pesado, ojeras, arrugas, son indicativos de que el posible amante no está en su mejor condición o que ya se le ha pasado el arroz, como decimos en España. La solución no es ponerse en manos de cirujanos plásticos, salvo algún aspecto puntual. Lo mejor es cuidarse y quererse. Hacer ejercicio, alimentarse bien, dormir mucho; aprender a respirar profundamente, evitar los excesos de todo tipo, perder grasa si nos sobra; piensa que la grasa que se acumula bajo la piel también lo hace sobre los órganos como el corazón o el hígado, estropeándolos poco a poco. Buscar la serenidad y los placeres que no nos hagan daño, como aconsejaba Epicuro.

Atención especial a la piel:  es el órgano que nos protege pero, a la vez, nos conecta con el mundo. Por desgracia, la mayor parte de la piel la llevamos cubierta siempre o casi siempre, incluso cuando hace calor; es como si siempre fuésemos con gafas de sol incluso en casa, o con orejeras en los oídos. La práctica de la desnudez es muy buena para la piel y el cuerpo, así como para la psique; además nos permite descubrir anomalías o deficiencias en la piel tan pronto como puedan aparecer. Recomiendo al menos hacer nudismo en casa, si no podemos hacerlo al aire libre con regularidad.

La piel femenina es suave y hermosa, sin embargo es menos gruesa y peor hidratada que la masculina. Los hombres tenemos pieles más fuertes, resistentes y más grasas, ya que el cuerpo masculino es una adaptación a tareas más expuestas que las que tomaban las mujeres; la civilización incluso agudizó estas diferencias. Las mujeres (sobre todo las de piel clara) tienen un cutis más bello y expresivo pero también más delicado. Esto significa que tienen que cuidar muy bien su membrana corporal; siempre es mejor invertir en tratamientos y hábitos para mantener una piel sana que en cremas e intervenciones para ocultar los estragos. No hay una edad para empezar a cuidar la piel: se debe nutrir y proteger de agentes nocivos (rayos UV, alcohol, productos de limpieza) desde el nacimiento.

Los hombres, al tener mejor piel, nos abandonamos más; esto es un error frecuente, similar a cuando compras patatas fritas con poco aceite pero al no empachar te comes la bolsa entera. En realidad, los varones necesitamos cuidarnos. Por ejemplo, la misma grasa que producen en abundancia nuestras glándulas sebáceas y nos hidrata, es la causa de que en la adolescencia nos ataque con más frecuencia y más años el acné, y el hacer trabajos al sol y al viento el aviso de que nos estamos pasando llega más tarde que con una mujer.

Por otra parte, los hombres maltratamos nuestro rostro al afeitarnos. Se ha evolucionado en este aspecto, pero todavía hay gente que se pone alcohol después de rasurarse con una cuchilla. En realidad, muchas espumas de afeitar no convienen tampoco. Cuando una persona se afeita a menudo, la barba u otra parte del cuerpo, hay que saber cuál es la manera menos agresiva de hacerlo. En mi caso, al tener una barba dura, me hacía siempre mucho daño al afeitarme, por lo que opté por recortarme la barba con una maquinilla y así voy siempre, con mi barba de tres días, que además me sienta bien. La moraleja es que mujeres y hombres y cada cuerpo individual requiere sus propios cuidados de salud e higiene, que hay que anticipar y procurar con constancia.

Y es que de nada sirve cubrir nuestras carencias o decadencia; el maquillaje excesivo o los retoques de cirugía roban en dignidad más de lo que devuelven en lozanía, aunque nuestro entorno no nos lo quiera decir. Es preferible apostar por madurar bien y envejecer bien, retrasar nuestro reloj biológico con la dieta y las actividades que nos podemos permitir hoy día, cuidar nuestro organismo para que esté lo mejor posible por dentro y esto hará más bello lo que queda fuera.  Que nuestro cuerpo y espíritu tenga la salud máxima posible en cada etapa de la vida.

Arreglarse para expresar nuestra propia belleza y combinarla con la de los demás

La imagen física es la forma de expresión más importante y básica, incluso más que lo que decimos, por eso las culturas que no creen en la libertad de las personas y menos de las mujeres, se esfuerzan tanto en ocultarla y controlarla.
El vestido, el calzado y el maquillaje son nuestra segunda piel. Lo que nos ponemos nos protege de la intemperie, pero al mismo tiempo se convierte en una especie de extensión de nuestro propio cuerpo. Esto tiene que ver con el sentido propioceptivo y la integración sensorial, por si quereis investigarlo. El caso es que la ropa y los afeites y el peinado son una parte importante de nuestro derecho y capacidad de expresión. Incluso los que somos nudistas lo sentimos así, y por eso la ropa se sustituye por tatuajes, piercings, maquillaje corporal en los enclaves naturistas.
Es importante ir bien vestidas (que no quiere decir con ropa cara), bien conjuntadas, buscar cortes de pelo y colores que nos favorezcan, y piezas que expresen como somos o queremos ser.

Nota: Si lo que somos por dentro es vulgares y horteras, es hora de cambiar de forma de ser. Busca un o una Pigmalión dispuesto a guiarte en este proceso de refinado.  Mientras tanto procura mantener una imagen discreta y sencilla, hablando lo menos posible.

El maquillaje: la que es guapa no lo necesita; y a la que es fea no le basta.

NO hay que usar maquillaje para “completarnos”, porque no somos un cuadro o un plato decorativo. Es decir, no somos objetos estáticos, sino dinámicos; como los actores en una obra, o los bailarines en una danza. Es diferente la función del adorno en una figura que no se mueve y en un ser que no deja de cambiar, porque está vivo.

Ciertamente usamos  el maquillaje facial para disimular ojeras de una mala noche, nos tintamos el cabello para tapar las canas, o cubrir un lunar que nos afea. Este uso de los afeites es equivalente al retoque fotográfico que exigen los famosos o las jefas de edición en las imágenes que acompañan un reportaje. No hay nada objetable en ello, pero existe el argumento, que comparto, según el cual el disimulo o la afectación no nos acerca a la belleza, sino que nos separa de ella.

Diferentes sociedades toleran más o menos maquillaje, pero en los últimos años se valora más, algo que celebro, el nude make up o no-makeup makeup: es decir, el maquillaje discreto, que se note lo menos posible, y potencie en lugar de esconder nuestra belleza natural, retocando señales accidentales como el cansancio o una pupa en los labios.

El maquillaje más grueso y aparente no es vulgar per se; pero es importante que la persona que se maquilla mucho no lo haga para ocultar lo peor, sino para subrayar lo mejor. El maquillaje aparente, como la pintura corporal en las tribus indígenas, sirve para reflejar nuestra forma de ser o estado emocional; así como el tipo de relación que queremos establecer en ese momento con su entorno. Es decir, lo mismo que  hacemos con la ropa, que absorbió en el Neolítico funciones comunicativas que antes asumía el maquillaje corporal y las pieles y huesos de animales tótem.

En la vida desempeñamos diferentes roles o máscaras, pero esas personae deben expresar nuestra verdad y belleza interior, no ocultarla. Nos ponemos un antifaz en una fiesta de disfraces; pero al final nos lo quitamos y nos mostramos como somos, no nos vamos de la fiesta con la máscara puesta, ni nos la ponemos en la vida cotidiana.

El trabajo de auxiliar de vuelo es más importante de lo que parece; no sólo contribuyen a la comodidad de los pasajeros, sino a gestionar problemas antes de que lleguen a generar riesgos para la seguridad. Imaginemos que esta azafata tiene una cicatriz  en el lado derecho de la frente por un pequeño accidente doméstico; ¡mejor ocultarla con el flequillo, para no hacer pensar a los pasajeros ansiosos en accidentes!

Además de los estándares profesionales y las adecuaciones en la imagen para su mejor desempeño, nos encontramos con etiquetas ligadas a situaciones sociales; es el caso por ejemplo de una fiesta en la que todas las mujeres van con maquillajes de fiesta, y los hombres con traje. No ir maquillada a ese evento no sería elegante ni bello, ni siquiera si somos muy hermosas o no solemos usar maquillaje, porque rompemos la armonía del encuentro y su convención.

El fondo de lo que quiero decir en este punto es: arreglarse es un acto comunicativo: es lo que tenemos que hacer para que nuestra propia voz se escuche en el concierto, pero acompasada y coordinada con la de los demás. El todo es más que la suma de las partes; si todos contribuimos a una escena bella, esa belleza se derrama sobre cada persona implicada.

La Belleza es Verdad

Abby y Brittany son dos mujeres de Estados Unidos, que nacieron con el mismo cuerpo, pero dos mentes muy diferentes. Aquí, cuando eran niñas

El caso de Abby y Brittany, de Minnesota, refleja lo difícil que es expresar tu porción de belleza cuando eres literalmente un cuerpo con dos cabezas, cada una con su alma, e ir más allá de la atracción morbosa. Sin embargo ellas lo consiguieron, a base de darse a conocer en televisión como dos chicas normales en muchos otros aspectos, además de simpáticas. Ambas sacaron el carnet de conducir, terminaron el instituto y la universidad, donde se prepararon para trabajar en la enseñanza, y también viajaron por Europa.  Cuando los americanos las veían en su programa para el canal TLC, ya no veían su anormalidad sino a dos chicas del sur con cosas que contar. Es decir, se expusieron tal cual eran, pero llevaron la atención a lo que era hermoso en su identidad, que en este caso es sobre todo su vitalidad, inteligencia y ternura. Hoy día llevan una vida alejada de los medios, y dan clase en quinto de Primaria.

El acierto de las gemelas Hensel, fue el no pretender que eran “normales” o que “tener dos cabezas es bello”, o enfadarse con quien no las considere hermosas, como vemos hacer a las influencers de la gordura hoy. Su estrategia fue mucho más inteligente:  permitir que los demás nos conmocionemos al verlas, hagamos chistes, nos preguntemos por su vida amorosa, y al final queramos saber qué más hay en ellas, además de la dicefalia. Entonces tuvieron la oportunidad de mostrar los aspectos objetivamente bellos de sus personalidades y su cuerpo, como su cabello dorado o su sonrisa casi perenne.

           La belleza es reconocida de distintas maneras por diferentes personas; el mismo helado sabe un poquito diferente a cada uno, porque el sabor no está en el helado, sino en la mente que reconstruye el gusto a partir de pasadas experiencias y expectativas presentes. Sin embargo, el helado existe, y es frío y tiene ciertos  ingredientes y preparación sin los cuales no sería un helado y no provocaría que formáramos una sensación placentera en nuestra mente al paladearlo.

Y es que la Belleza no está, como se dice, “en el ojo del que mira.”. NO. La belleza es una cualidad objetiva e inherente a toda la Realidad, en la medida en que es manifestación de ciertas formas matemáticas. La Belleza es por tanto equivalente a la Verdad.  En la filosofía griega -por ejemplo en la obra “El banquete” de Platón- encontramos autores que afirman que la belleza, el bien, la virtud y la verdad son sinónimos, pues la búsqueda de uno conduce a los otros. Es posible que esta concepción se base en la noción de la Maat egipcia, ya que los egipcios eran muy observadores de la Naturaleza y de sus armonías ocultas.

En las filosofías postmodernas -como el feminismo o la ideología de género- se niega la posibilidad de la verdad objetiva, y por tanto también de la belleza objetiva. ¿Quién soy yo para decir que alguien es feo? ¿Con qué autoridad afirmo que tal pieza no es una obra de arte?

En la cultura postmoderna dominante es frecuente que escuchar o leer distintas variaciones de la idea de que “todas las mujeres son bellas.”  Este eslogan parece inocente y bienintencionado, pero no lo es.

Repare el lector o lectora en que,
“si todas las mujeres son bellas”, ninguna lo es. Ser bella es una cualidad; que se expresa en un grado determinado, como ser alta, o ser simpática. Cuando afirmamos que “todo el mundo es simpático”, lo que hacemos es vaciar de significado el adjetivo, al declarar que la intensidad de éste no se relaciona con ninguna medida, forma o comportamiento. Esto es lo que se ha estado haciendo con la belleza, de manera vehemente e intolerante.  Es una trampa lingüística, destinada a erosionar, no ya la belleza de las mujeres, sino la legitimidad de la Razón y la Experiencia como fuentes de su apreciación. Es decir, se trata de atacar la noción de un lenguaje común entre todos los seres humanos, en este caso aplicado a la estética; y por tanto de significados compartibles/objetivos con los que describir el mundo. Este diálogo en torno a parámetros comunes, equivale a dar la última palabra a la Naturaleza y no al grupo social de turno con poder para imponer su cosmovisión a los demás.

Ese Lenguaje existe en la opinión de algunos, y no sólo lo compartimos entre todos los seres humanos, sino con todo el Universo. Es el lenguaje lógico-matemático, “el código” en el que está escrito el Cosmos. La Belleza es consecuencia de ese código, y por tanto no depende de la opinión de cada cual, ni de una votación mayoritaria. Una persona puede decir que el vuelo de un vencejo no es bello en su opinión; pero podemos contestarle que lo es, independientemente de lo que estas acrobacias le hagan sentir o no a él o ella. El vuelo del vencejo está lleno de belleza por su facilidad, o economía, a la hora de desplazarse en el aire, algo que se puede medir y describir matemáticamente.

Igualmente, deberíamos poder afirmar que Taylor Vencejo es bella por su facilidad para expresar salud, gracia y feminidad, con el mínimo esfuerzo. Recién levantada y con legañas, ya le gana a la mayor parte de las féminas sobre el planeta. Podríamos acudir a la lista de mujeres más deseadas en las encuestas del momento; pero siempre podrá decir alguien que los gustos pueden ser manipulados, haciéndonos ver lo negro blanco. Por eso, al margen de la percepción estadística, sería interesante apoyar la causa en un estudio frío de sus medidas, proporciones, indicadores legítimos de salud (como no estar gorda, ya que la acumulación de grasa se relaciona con metabolismos descompensados y futuras enfermedades), y ocurrencia de variaciones genéticas raras y valiosas, como es el caso de sus ojos azules, o su voz privilegiada. Es decir, podemos convencer a un ciego de que Taylor es hermosa, y a un sordo de que canta bien, si ciego y sordo son capaces de manejar el pensamiento lógico-matemático y ponemos en sus manos la información objetiva relevante.

            Taylor Swift sin maquillaje ni peinado

Si observáramos un registro impreso de las variaciones tonales de su voz, su regularidad y adecuación a la melodía y el tempo de las canciones, podríamos deducir cómo canta la chica. El que el receptor pueda oírla, o si puede oírla sepa también valorarla, es irrelevante, es un elemento subjetivo que no quita ni pone nada a la calidad de interpretación de los temas.

Yo por ejemplo, no he sabido apreciar la novena sinfonía de Beethoven hasta pasados los cuarenta; ahora me hace llorar de emoción. Sin embargo, la belleza de esta sinfonía estaba ahí, en plenitud, desde hace dos siglos y pico; el que yo no supiera verla era problema mío, y no es más bella ahora por ser yo capaz de reconocerla. Si acaso soy yo el que es más bello, al menos en ese rincón del alma que ha aprendido a sintonizar con esta música divina.

Estos tipo de apaños son útiles pero no tienen que ver directamente con la función propia del maquillaje y el peinado al servicio de la Belleza. El maquillaje, en cuanto potenciador de nuestra belleza, de nuestra verdad, sirve como medio de Expresión. El sentido de poner determinado tono de carmín en los labios, por ejemplo, es hacer una declaración de intenciones, como expresar alegría en una fiesta a la que hemos sido invitadas, o confesar que estamos receptivas al cortejo masculino. Es un lenguaje con el que la mujer se habla a sí misma, y a su entorno social y afectivo.

Por otra parte, el proceso de vestirnos y maquillarnos es en sí un ritual mágico, una ceremonia con valor en sí misma ya que prepara nuestra mente y cuerpo para divertirse, encantar, y seducir. Las actrices y actores valoran mucho a sus ayudantes de maquillaje y el tiempo de caracterización, porque son conscientes de que les ayuda a entrar en el personaje y hacerlo bien. Algo de eso le ocurre a toda mujer que “pierde” la tarde preparándose para salir, o al hombre que se afeita con cuidado, plancha su mejor camisa y se peina por última vez en el espejo de la entrada. El maquillaje y el arreglo en general, mayor o menor, es un acto comunicativo consciente en el que queremos llamar la atención sobre lo que es bello e interesante en nosotros, sea una parte del cuerpo o un estado de ánimo.

Reconocer y celebrar la belleza en los otros:

Mi último consejo de belleza, last but not least como dicen en inglés, es que valoremos y celebremos la belleza de otras personas. Es MUY importante. Hay chicas más hermosas que vosotras y eso es bueno, es magnífico; en primer lugar, porque toda la belleza proviene de la misma Fuente. Negando su belleza negamos la que os ha tocado en suerte, y celebrándola hacéis lo propio con la vuestra.

En segundo lugar, porque es bueno tener espejos en los que mirarnos, aunque sean inalcanzables. No hablo por cierto de las imágenes de celebridades en revistas o películas, que son fantásticas (intentan representar nuestras fantasías), sino de personas a las que podamos ver sin filtros ni maquillaje en nuestro entorno real.

Por otra parte, no existe mujer en la Tierra que piense que su cuerpo es perfecto; con el paso de los años, sus temores se hacen siempre realidad, y la mujer más bonita está destinada a caer de un escalón mucho más alto que las demás. Una bendición conlleva siempre su maldición…

La campaña incesante del feminismo para afirmar que todas las mujeres son hermosas es nociva e irracional. Su actitud impositiva e intransigente, delata un fondo narcisista, irracional y totalitario. Se pretende afirmar egos individuales a costa de erosionar los valores que son el sedimento de miles de años de civilización y millones de años de evolución.

La campaña “EmpowerALLbodies” de las activistas Jess Baker y Jude Beall, intenta afirmar que todos los cuerpos son bellos y que hay que mostrar la Diversidad. Sin embargo, los cuerpos de la campaña son muy parecidos: señoras obesas. En realidad parece más bien un canto a la obesidad, que es un estado mórbido del cuerpo que deteriora nuestra salud.

Ante este bombardeo propagandístico, hay que responder serenamente que no todos somos igualmente bellos, ni somos bellos en los mismos aspectos. Si la belleza existe, también existe la carencia o la pérdida de esa belleza, por la edad, la enfermedad, el sedentarismo, la base genética… Mi actitud al respecto -que deriva de la filosofía naturista- es que hay que valorar explícitamente la belleza de los cuerpos más jóvenes y esbeltos, por su vinculación a la salud y el misterio de la Naturaleza. Y reparar también en la belleza más allá de las formas externas. La arruga no es bella, pero sí la experiencia y sabiduría acumulada en décadas de aciertos y errores. La grasa o las estrías no son hermosas, pero sí lo es el haber sido una buena madre. Todos debemos aspirar a estar más guapos, sanos y presentables, pero al mismo tiempo conviene aceptar con dignidad nuestras imperfecciones sin tratar de imponer su supuesta “belleza” a la sociedad.

El pintor Rembrandt era un maestro del retrato; convertía en bellos  a personajes envejecidos, incluído el mismo, al ser capaz de transmitir el alma interior de éstos. El maestro holandés no pintaba caras, sino rostros; por eso encontramos dignidad en facciones que fácilmente compondrían una caricatura.

No somos identidades aisladas en el mundo que necesiten poseer todos los dones para ser autosuficientes; somos siempre parte de una inmensa red, de un cosmos viviente. Las raíces de un árbol no son particularmente bellas… ni lo es el tronco arrugado y estriado. Pero esas raíces y ese tronco alimentan y sostienen las ligeras hojas que susurran con la brisa, las flores de la primavera, los frutos jugosos del verano.  Esas delicias no tardarán en perder su esplendor y arrugarse; pero una nueva generación las reemplazará y su nuevo culmen será el de todo el árbol y todo el jardín. Esta visión ecológica, completa, nos permite ver que la belleza de algunos es un poco la de todos: no porque seamos todos flores y frutos, sino porque existe una realidad subyacente que nos une y en la que formamos un Orden integrado (kosmos en griego).

Por estas cosas no hay que tener envidia de colegas en el trabajo o amigas más hermosas, o más delgadas, o con pechos mejor formados; ni de las mujeres de países donde predominan fenotipos más bellos; como las rusas, iraníes, brasileñas, españolas, etíopes… Alégrate, imprime una foto de la chica que más admires para ponerla en lugar visible, mejor si es alguien que conoces, y úsala como inspiración para hacer tu cuerpo/mente más bello y compartirlo también.

Yo como hombre, me alegro y celebro que haya varones guapos, con cuerpos esculturales, y penes más grandes y vistosos que el mío. Nunca he sentido envidia ni complejo en una playa nudista o en los vestuarios de un gimnasio, sólo alegría de que los varones españoles hayamos ganado 12.5 cms de media en el último siglo (de altura). Aunque soy heterosexual, me encantan los desnudos masculinos en el arte y admiro el estilo de hombres como Paul Newman o Steve McQueen, que no eran pretenciosos sino prácticos y a veces sobrios, pero aun así muy elegantes. Al apreciarlos y celebrarlos estoy valorando mi propia porción de belleza y encanto personal, porque como digo vienen del mismo origen natural y sagrado.