Careful what you wish for

El 7 de Copas del Tarot Illuminati. 

 

En la carta del siete de copas del juego del Tarot (canon Ryder-Waite) se representa cómo la imaginación, estimulada por el deseo, nos propone una serie de objetivos de manifestación. En la ilustración vemos cómo algunos deseos son positivos, otros ilusorios, y algunos están envenenados. Sólo con nuestra inteligencia emocional no podemos evitar una mala elección, es por eso que es una carta que indica incertidumbre respecto al resultado como el resto de sietes de los arcanos menores. En este post vamos a hablar de este juego de elecciones, en el contexto de la tarea del Mago, y en relación no tanto a manifestaciones para la vida personal sino las que se proyectamos al mundo más allá de nuestro círculo social.

Cuidado con lo que deseas (manifestar)

En la Magia existe una palabra favorita, manifestar. No manifestarse ojo, que eso lo dejamos a los activistas más o menos airados y a los fantasmas más o menos penitentes.

Manifestar es mostrar, traer a la luz, descubrir, expresar. El oficio del Mago, -cuyo arcano en el tarot visitamos en el anterior post- consiste precisamente en esto: manifestar fenómenos de manera consciente. Es decir, en “hacer aparecer” un proceso primero en el nivel mental (la imaginación), y después en el plano físico (la materialización), por medio de un ritual (que es una serie de acciones eficaces y significativas en relación a un objetivo).

Aunque podemos decir realizar, producir, solidificar y otros sinónimos, la palabra “materializar” me gusta por su matiz de significado. La materia es un estado especial de la energía, en el que se haya concentrada y organizada en átomos que, a su vez, componen formas. Si te fijas bien, lo que hacemos al proyectar nuestra energía psico-física en el mundo es generar patrones de concentración y organización de esta energía -en colaboración con otras fuentes de energía del entorno- en lugar de permitir que se disperse.

En realidad todas las personas hacemos esto cada día: tenemos ideas y usamos nuestra capacidad de manifestación o materialización, individual o cooperativa, para que esa idea tome cuerpo en nuestra vida. Puede ser un proyecto laboral, tener un hijo, o simplemente una nueva receta de cocina.

El Mago es aquella persona capaz de hacer lo que todos hacemos, pero desde  un nivel de consciencia mayor y aportando su capacidad especial para integrar niveles de existencia mediante el lenguaje de los símbolos. En cierto modo, esta es la esencia del ser humano y lo que de verás aportamos diferente al Reino Animal; como es reconocido en distintos mitos de Creación.

Lo que permite a los seres humanos convertirse en magos es la Imaginación. La imaginación es el Tercer Ojo, o capacidad de ver con la mente algo que no está delante de nosotros. Nuestra capacidad para imaginar está propiciada a su vez por el mundo secreto compartido con otros seres humanos en la cultura, y el aún más privado mundo de nuestro microcosmos interior. 

La Imaginación es, junto al Lenguaje, lo que capacita a nuestra especie contribuir a la vida terrestre un nivel superior de complejidad. Toda bendición es a la vez maldición;  por eso la Imaginación, siendo tan poderosa, conlleva oportunidades extraordinarias pero también riesgos difíciles de controlar. La Imaginación es la verdadera Caja de Pandora.

Las ideas que aparecen en nuestra psique son neutras e inocentes, hasta las más despiadadas. Pero al capturarlas con la red de nuestro Deseo y ponerlas al servicio de la Voluntad, dejan su limbo potencial y por tanto inofensivo e inician el descenso a la materialización.  Es por esto que es necesario ser conscientes y responsables de qué imágenes del plano metafísico se canalizan a través de nosotros al plano físico, es decir:  son realizadas en el Mundo.

Como la mayor parte de nuestro comportamiento orgánico y psíquico tiene lugar fuera del plano consciente, hay que tener en cuenta que las imágenes en nuestra mente se van a realizar de forma subconsciente, sin nuestro control directo. Esto tiene implicaciones para la salud psicofísica, que hay que tratar dentro de la Magia Curativa. Sin embargo, en este post sólo quería hablar de estas ideas que sí son tamizadas y catalizadas por nuestro marco consciente y nuestro ego; las cosas que volcamos de forma deliberada al mundo exterior o macrocosmos.

Hoy estas materializaciones tienen consecuencias mucho más serias que en cualquier momento del pasado; esto no tiene que ver con la naturaleza de nuestros pensamientos, como la moralidad religiosa e ideológica cada vez más invasiva pretende. Nuestros deseos y pensamientos no son muy distintos a los de generaciones pretéritas, y en muchos casos son más civilizados y positivos. Sin embargo, lo que sí ha cambiado es el poder en nuestras manos, debido al hiper-desarrollo tecnológico y la gran desviación de energía natural al subsistema humano por medio de la economía globalizada.

Si un mago del siglo XIII propusiera a un emperador que estaba en su mano el difundir un edicto real, por medio de sus artes, a todos los rincones de su imperio, a todas las casas, en esa misma mañana, arriesgaría su cabeza por tomar el pelo al soberano. Hoy un hombre que vive en una chabola puede hacer esto  mismo, con un smartphone conectado a internet. Si ese mismo emperador pretendiera desayunar una macedonia de frutas frescas producidas en cinco continentes diferentes, encontraría que hasta el más poderoso emperador del mundo tiene limitado su poder. En el siglo XXI el lector puede ir al supermercado, y preparar una merienda de piña, manzana, dátiles, kiwi y mango, cada fruto venido del rincón del planeta donde estos alimentos crecen mejor. No nos damos cuenta de este enorme salto cualitativo, porque estamos rodeados de personas en la misma situación, o incluso mayor poder.  Se parece a cuando ya sólo vivían en la Tierra homínidos de distintas especies que sabían hacer fuego, y fueron poco a poco dándole menos importancia a la domesticación del Demonio exterior más temible que había aterrorizado a incontables generaciones humanas y al resto de los seres vivos. Hasta la Magia más poderosa, a golpe de repetirla y hacerla familiar, termina pareciéndonos lo más normal del mundo.

Al poder multiplicado de los individuos singulares y máquinas más o menos grandes, hay que añadir la enorme sobredimensionalización del sistema antrópico biotecnológico a nivel planetario. Los miles de millones de humanos, reproduciéndose para ser aún muchos más. El consumo voraz de la energía y memoria de la Tierra, que hace brillar insólitamente nuestro planeta en la cara que no está expuesta al sol con incontables cúmulos de luz artificial.

Este gran macroestructura no sólo posibilita la Magia de que disponemos en el siglo XXI, sino que la magnifica extraordinariamente de forma aritmética (suma de agentes individuales y exponencial (multiplicación de la repercusión de nuestras acciones). En este mundo, cada Ego es la semilla de un fractal causal que se expande irrefrenable por toda la superficie terrestre; la red tecno-humana simplemente hace que este impacto resuene mucho más. Aunque la mayor parte de estas conexiones entre nuestra acción personal y el mundo nos son desconocidas.

Las ideas son inocentes, incluso cuando son compartidas. Hasta las más transgresoras. Pero no lo es su canalización al mundo denso de la materia. Porque cada bendición es a la vez su propia maldición, y cada promesa una amenaza. Un grupo paleolítico encendía un fuego dentro de un círculo de piedras; y hacía ese círculo no más grande que su capacidad para contener las llamas que iba a albergar. Quizá una hoguera más grande alejara más a los depredadores, pero entonces habría que vérselas con el crecido daemon de la propia incandescencia. El humano que antes dominó el oficio de encender un fuego, alimentarlo y rodearlo de un círculo de protección de piedras, fue el primer Mago. Aún hoy, los practicantes de la Magia usan una varita mágica, eco lejano de la varita cuya punta obraba el prodigio de la chispa que encendía el fuego.

     Igual que este antecesor primigenio, el mago del siglo XXI debe aprender a no manifestar en el mundo un fuego mayor que el que pueda realmente manejar, de modo que pueda beneficiarse de la Bendición de la Manifestación y a la vez controlar y extinguir su Maldición. Incluso un mago con malas intenciones y falto de escrúpulos le conviene ser calculador, y no despertar fenómenos que pueden acabar devorándole y propagándose por caminos no deseados.

Vamos a señalar varios ejemplos populares de canalización o manifestación de ideas proyectadas por personas de hace más de cincuenta años:

Sobre las comunicaciones inalámbricas:

Nikola Tesla, entrevistado por John B.  Kennedy para la revista Colliers, el 30 de enero de 1926

«Cuando la tecnología inalámbrica se aplique perfectamente la Tierra entera se convertirá en un enorme cerebro, lo que de hecho ya es, al ser todas las cosas partículas de un todo real y rítmico. Nos será posible cominicarnos unos con otros instantáneamente, sin que importe la distancia. No sólo eso, sino que con el teléfono y la televisión veremos y oiremos a los otros tan perfectamente como si estuviésemos cara a cara, a pesar de mediar distancias de miles de millas; y los instrumentos con los que haremos esto serán asombrosamente simples en comparación con nuestro teléfono actual. Un hombre podrá llevar uno en el bolsillo de la camisa».

Cinco años antes de esta entrevista, Edouard Belin  en Francia había mandado la primera imagen codificada en ondas de radio con su belinógrafo. Era sólo un hito en un esfuerzo colectivo de muchas empresas, ingenieros y científicos durante muchas décadas, en el que nadie se puede apropiar justicia la invención de la televisión; digan lo que digan las oficinas de patentes. La “televisión” (palabra acuñada en 1900 por C. Perskyi, para compartir ayudar a compartir esta idea cuando apenas empezaba el proceso de encarnación en forma de teorías en papel) se conjuntó con otras ideas materializadas como informática, internet, telefonía móvil… para encarnar en este mundo exáctamente lo que había dicho Nikola Tesla en 1926. Su referencia a que la Tierra entera es ya de forma natural un único sistema de procesamiento  “la Tierra entera se convertirá en un enorme cerebro, lo que de hecho ya es”, sin embargo (y aunque existen abrumadores evidencias científicas de ello) no ha calado aún a mi entender por razones políticas; y también porque cuesta más detectar la Inteligencia cuando es diferente a la personal y simbólica humana.

De forma parecida, el autor de ciencia ficción Arthur C. Clarke (trilogía de Odisea en el Espacio) predijo en 1964, que en el año 2014 tendremos este tipo de consecuencias de la tecnología del satélite espacial y el transistor:

(…) “Estas cosas harán posible un mundo en el que podremos estar en contacto instantáneo donde quiera que estemos. En el que podremos contactar con nuestros amigos en cualquier parte de la Tierra, incluso si no conocemos su localización física efectiva. Será posible en esa era, puede que en unos cincuenta años, que un hombre lleve su negocio desde Tahití o Bali igual de bien que si estuviese en Londres.» Y también:  «Un día, podriamos tener cirujanos cerebrales en Edimburgo operando sobre pacientes que están en Nueva Zelanda.»

Y también Isaac Asimov, escribiendo para el The New York Times en 1964, Isaac Asimov trató de imaginar el mundo cincuenta años después, en 2014:

«Las comunicaciones serán audio-visuales y verás además de oír a la persona al teléfono. La pantalla podrá ser usada no sólo para ver a las personas a las que llamas, sino también para estudiar documentos

y fotografías y leer pasajes de libros. Satélites sincronizados, sobrevolando desde el espacio harán posible que establezcas comunicación directa con cualquier rincón de la Tierra, incluídas las estaciones meteorológicas en la Antártida.»

Robots:

Asimov es conocido por su presciencia y capacidad de imaginar el futuro.

Sobre los robots, tema principal de muchos de sus libros, Asimov dice: «los robots no serán ni muy comunes ni muy avanzados en 2014, pero ya existirán.» Y también: «Vehículos con «cerebros-robot» podrán ser programados para destinos particulares…a los que se digirán sin los lentos reflejos de un conductor humano.»

También imaginó la automatización de la cocina:

“Los chismes electrónicos seguirán aliviando a la humanidad de tareas tediosas. Serán inventadas unidades de cocina que prepararán «autocomidas», calentando agua y convirtiéndola en café; tostando el pan; friendo, escalfando o salteando los huevos, haciendo bacon a la parrilla, etcétera. Los desayunos serán encargados la noche anterior para que estén listos a una hora específica de la mañana siguiente.»

Los riesgos

No todas las predicciones de los autores de ciencia ficción suena brillantes y positivas. Mientras que Nikola Tesla era un ferviente creyente en la religión del Progreso -según la cuál la tecnología es la salvación de todos los males y nada debe ponerle frenos- Asimov, Clarke y otros imaginadores del futuro no embrujados por el contacto directo con el fuego prometeico que iluminaba los laboratorios eran más escépticos. En su imaginación se formaban terrores de los que querían avisar a la Humanidad. Por ejemplo, en la misma entrevista en 1964 Clarke predijo que,  en algún punto,  la ciencia inventará un «dispositivo replicador» que hará una copia exacta de cualquier cosa. «Expuestos a tal máquina, nuestra sociedad presente probablemente se hundirá en una especie de barbarie codiciosa. Ya que todo el mundo querrá cantidades ilimitadas de todo.»

Hay que explicar que nuestras impresoras 3D actuales son una forma muy primitiva de lo que habla Clarke. El dispositivo en cuestión se llama máquina de Neumann o Constructor Universal. Este dispositivo, en el que se trabaja desde hace décadas y nadie duda que llegará a fabricarse, tendrá la capacidad de organizar átomos y moléculas por medio de la nanotecnología. Su riesgo real se ha minimizado extraordinariamente en la comunidad científica por los inmensos intereses económicos que mueve este sector; si uno busca en internet sobre el tema, los datos objetivos aparecen desplazados por una montaña de enlaces dedicados a convencernos que “está todo controlado”.

Sus consecuencias para la Tierra pueden ser mucho más radicales que el consumismo desaforado: los nanobots auto-replicantes pueden acabar literalmente con la Vida en la Tierra, inertizándola para siempre, al convertir toda la materia viva y orgánica en la atmósfera, el mar y la tierra en «grey goo» o masa de nanobots. Es ciertamente como reinventar el Fuego, pero un fuego que no se conforma con carbonizar sino que destruye la propia posibilidad de que esas «cenizas» vuelvan a reciclarse en vida nunca más. Por eso el término técnico es “Ecofagia”, devorar el mismo medio de la vida. El acto consumista y glotón definitivo, mucho más radical que la suma de todos los pequeños actos consumistas individuales el que preocupaban a Clarke.

 

Por su parte, Asimov mostró en su artículo su preocupación por la bomba demográfica, propiciada por la globalización económica y la Revolución Verde, que multiplicó la producción de alimentos mediante maquinaria que devoraba las entonces cuasi-infinitas reservas de petróleo. Así, advirtió que si el crecimiento de la población continúa sin control, “Toda la Tierra será un único congestionado Manhattan en 2450 y la sociedad (civilizada) colapsará mucho antes”. Como resultado, Asimov expresa la esperanza de que “Habrá, por tanto, un impulso para hacer una propaganda mundial en favor del control de la natalidad por métodos humanos y racionales y, para 2014, habrá sin duda tenido efectos palpables.” El autor de “La Fundación” se equivocó en sus buenos deseos, ya que el control demográfico se ha realizado en las regiones más civilizadas de Occidente y el Extremo Oriente, pero la población continúa creciendo exponencialmente en África, Oriente Medio, India y otros lugares animada por el enorme desarrollo económico y la propaganda pro-natalicia de los líderes religiosos y políticos en esas partes del planeta. Estos mismos líderes animan a la emigración masiva a las naciones con demografías estabilizadas, por lo que en realidad no existen países aislados de este problema global.

Asimov también entrevió los trastornos psicosociales derivados de las tecnologías que nos van sustituyendo hasta en tareas simples como preparar un café;  hasta hacernos humanos pasivos y cada vez menos necesarios  para que las cosas funcionen:

“El mundo de 2014 tendrá pocos trabajos rutinarios que no puedan ser realizados mejor por algún tipo de máquina que por cualquier ser humano. La humanidad por tanto habrá devenido en una raza de operadores de máquinas.» (…)

“La humanidad sufrirá enormemente de la enfermedad del aburrimiento, una patología que se extenderá cada año y crecerá en intensidad. Esto conllevará consecuencias graves mentales, emocionales y sociológicas, y me atrevería a decir que la Psiquiatría será de largo la especialidad médica más importante en 2014.»

No es el “aburrimiento” en el sentido literal de no estar entretenido u ocupado; sino la falta de propósito y empleo adecuado de las fuerzas de cada ser humano lo que produce estas patologías. A medida que las máquinas “nos hacen la vida más fácil” y algodonada, vamos sintiéndonos más desubicados, más prescindibles. Y la mente ociosa empieza a funcionar en contra nuestra y de nuestro entorno social, ya que la falta de oficio es madre del vicio.

Los escritores y guionistas de Ciencia Ficción pretenden compartir con nosotros una parte de su imaginación privilegiada, para que podamos viajar al futuro en el plano meta-físico y anticipar las consecuencias, positivas y negativas, de nuestras acciones y omisiones en el presente. Además, nos quieren ayudar a ver nuestra propia sociedad “desde fuera”, sin la implicación existencial y la falta de perspectiva que nos impiden comprender qué demonios está sucediendo.

Lamentablemente, este trabajo para aumentar el nivel de consciencia colectivo a menudo se pierde al alcanzar al cerebro luciferino o piadoso de los los Henry Ford y Nikola Tesla modernos. De hecho, muchos trastos y tecnologías son canalizaciones a este mundo de imágenes en obras de ciencia ficción favoritas de ingenieros muy bien financiados y empresarios con miles de millones de dólares, que usan estos relatos como inspiración para sus desarrollos.


Por ejemplo, el teléfono móvil: Martin Cooper, director de investigación y desarrollo de Motorola, responsabiliza a la serie de Star Trek en los sesenta y los comunicadores que usan la tripulación del Enterprise de ser la inspiración directa para el diseño de los primeros teléfonos móviles: “Aquello no era fantasía para nosotros, afirmó en una entrevista, “era un objetivo.”   Las pizarras o tablets, la imprimidora de comida, el rayo de luz succionador (que se usa en nanotecnología) o el traductor simultáneo son otros “gadgets” que aparecieron primero en la serie clásica de Star Trek. Actualmente, se está trabajando en un prototipo de aeroplano inspirado de nuevo en la serie, que vuele sin hélices ni propulsión. Se basa en el principio de diferencia de carga atmosférica que usan las arañas para volar grandes distancias. 

Vivimos en un planeta sometido a una imparable carrera armamentística en cada sociedad, entre sociedades y de la especie humana en su conjunto contra la Tierra. De este modo, el tipo de ideología que es capaz de movilizar esta desviación de recursos hacia la disputa por parte del subsistema tecno-humano de la Energía disponible para la Biosfera, impide en la práctica que estos mensajes calen. Nos dedicamos a inventar el dedo, un dedo robótico cada vez más gigantesco y autónomo, y perdemos de vista la luna donde la literatura reflejaba el futuro.

Esto que ocurre en el Macrocosmos, también ocurre dentro del Microcosmos del Mago; y por eso nos sirve para ilustrar la importancia de lo que ocurre en el paso de bajar una estrella de la constelación de nuestra Imaginación al mundo sublunar donde tienen lugar las materializaciones.

Quizá en el Tarot estaría mejor posicionada la Suma Sacerdotisa antes que El Mago; El Mago representa la voluntad y la capacidad de manifestación, mientras que la sacerdotisa lunar guarda el templo de la intuición y la sabiduría oculta y trascendente.

Si la “lluvia de ideas” que propicia el Cero de potencial infinito (El Loco) conduce directamente al chispazo o concentración crítica que inicia el Big Bang de la manifestación, lo que ocurre realmente es que el proceso de selección es enteramente sub-consciente. Si nuestra idea es elegida en un estado de consciencia bajo, lo que ocurre en realidad es que su apropiación y modelado básico es determinado por los juicios y procesos más automáticos de nuestra cognición.
En otras palabras: el verdadero Mago o canal individual de la manifestación ya no es el Mago, sino el egregor luciferino, piadoso o de otra índole que domina ideológicamente nuestra alma.

Esto es lo que ocurre entre los científicos, ingenieros y emprendedores que manifiestan a través de su arte ideas metafísicas; sus proyectos  están motivada por deseos muy básicos como la vanidad, el miedo a la muerte o la líbido, mientras que el nivel más elevado está moldeado por Mefistófeles.

Más allá del ejemplo tecnológico que usamos para este post, advierta el lector que similar proceder encontramos en otros caminos de la Manifestación social:  como la política, la economía, el arte o la religión.

Por todo esto hay que reclamar al aprendiz de Mago un nivel de consciencia suficiente para evitar convertirse en Fausto, en otro manifestador marioneta fallido. Esto requiere un aprendizaje constante y muchos errores, es un proceso que puede llevar toda la vida si no se frustra. Por eso el Mago anciano y experimentado preparado para iluminar a otros, es asociado en el tarot a la figura del Ermitaño. El Ermitaño es viejo (originalmente la carta representaba al mismo Cronos, el Tiempo), y la luz de su sabiduría y su consciencia (representada en la linterna de Diógenes que porta en en canon Ryder-Waite) es todo lo que necesita de este plano. Esta sabiduría es el sedimento de todo lo que ha logrado manifestar en torno al poder de su Ego en este mundo.

Quizá el Viejo Mago eremita,  al confrontar una versión en formación de sí mismo, quisiera advertir al Aprendiz que El Loco convertido en Mago, es un mago loco; por lo que es necesario frecuentar ese espacio mental de nuestra Imaginación hasta conocer mucho mejor sus caminos y encontrarse con las imágenes que los transitan a lo largo y ancho del interior del Templo.  El marco consciente del Mago tiene que encontrar la manera de descender a este Inframundo y rescatar de él sólo a la Perséfone que traerá la Primavera, y no a uno de los muchos monstruos que la refinación espiritual ha ido encadenando allí.

En definitiva, lo que diferencia al Mago de los manifestadores que operan desde la ignorancia, es que el Maestro de Magia incorpora su Consciencia al Trabajo de Manifestación. Un robot de cocina puede manifestar un bizcocho de nueces y chocolate, y un adolescente embriagado de alguna droga destroza-cerebros puede todavía manifestar un graffiti espectacular. No es por tanto la mera capacidad de dar forma a cosas nuevas lo que distingue al Mago, ni su destreza al realizarlas; sino como señalamos hacia el principio del post  su elevada Consciencia:

El Ego del Mago toma consciencia del significado profundo de su acción, de cómo se irradiará a través de otros niveles de la realidad, qué es lo que la motiva realmente y cómo encaja en el tapiz que une pasado y futuro, la vida efímera del Mago y la eterna del Cosmos. En su nivel más alto, implica una comprensión de que no es el Mago el que actúa en el Universo, sino el Universo el que actúa a través de él. El pasajero pero necesario polo de concentración que constituye el Ego personal no es ya el origen de la acción, sino un polo que permite la fuerza centrípeta de la Manifestación; como el hueco sumidero que forma un remolino de agua en torno a él, o el vacío punto sobre el papel que permite al compás trazar un círculo al moverse.

remolino en el desagüe de una piscina

En la Antigüedad, el conocimiento más importante era vedado a la mayor parte de la gente; las escuelas y maestros establecían grados de iniciación y pruebas como medio de acceso a saberes más potentes y refinados. En su función más noble, no se trataba de un mal entendido elitismo o al celo “profesional” como el prestidigitador que oculta sus trucos.  Se buscaba más bien que el conocimiento y su enorme poder recayeran sólo en personas con la consciencia y disciplina necesarias para hacer buen uso de él. Es parecido a cómo en la actualidad no se permite ejercer la medicina a una persona sin carrera de médico, para evitar que dañe a la gente.

Esta es la base de los saberes esotéricos, u ocultos; no esconder la propia ignorancia tras un velo de oscurantismo, ni privar a la Humanidad del progreso;  sino evitar a toda costa que la información de calidad llegara a quien no estaba en condiciones de hacer buen uso de ella. Hoy día, se acepta con naturalidad que personas estúpidas, temerarias y dominadas por instintos básicos y no comprometidas realmente con el crecimiento espiritual y la protección de la vida, accedan a toda clase de conocimientos peligrosos. 

Precisamente porque el conocimiento se difunde totalmente disociado de la responsabilidad y consciencia de su mejor uso,  es más necesario que nunca que los aprendices de Mago aspiremos a un uso de la Magia consciente y responsable; la sabiduría que lo permite ya no se oculta en inaccesibles cuevas o estancias prohibidas de los templos, sino que yace sepultada a plena luz del día bajo montañas de información y es ensordecida por el incesante mundanal ruido. El  Mago necesita por tanto aprender a crear un espacio de silencio y oscuridad en el que refugiarse y escuchar, como en el Arcano de la Suma Sacerdotisa.   El Templo que guarda la Sacerdotisa del Tarot no es por tanto un lugar físico, sino un espacio protegido en la mente. Aunque hay enclaves en el mundo donde es más fácil propiciarlo, y en nuestro propio hogar es muy interesante disponer uno.

Autor: DiegoT

Soy el portavoz de una comunidad de trillones de células eucariotas, bacterias, levaduras, hongos y protozoos. Todos del Real Madrid.

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