Tarot atlante: El Loco

Arcano Mayor «El Loco»

 

El Loco, o Necio, figuraba en mazos de tarot antiguos bajo apariencias distintas, pero generalmente asociadas o bien a un tipo que ha tomado malas decisiones en la vida y ha terminado en la pobreza y la marginalidad, o bien al que se gana la vida con su ingenio y desparpajo como bufón o juglar o engañabobos de poca monta; para las personas del siglo XV, no es que hubiera mucha diferencia. Así por ejemplo, el célebre tarot Visconti-Sforza -que tuvo mucha influencia en la caracterización del que fuera entonces sólo un juego recreativo- presenta al Loco como un hombre pobre, de ropajes raídos, descalzo y portando una vara en la que sujetar un hatillo con posibles limosnas. Su rostro no es joven, sino que muestra las señales de este tipo de vida. En la posterior baraja de Marsella, ya vemos la bolsa amarrada al palo del mendigo y un perro acompañante.

Este tipo de representación contrasta con la del Ryder-Waite, que erige esta figura en principal y cambia su significado. La ilustración del tarot producida de Pamela Coleman-Smith se basa en el antiguo tarot renacentista Sola-Busca, que en una exposición contemporánea impresionó al escritor Arthur Ryder-Waite y a Pamela Coleman. Sobre su base hicieron adaptaciones para plasmar los profundos saberes sobre el esoterismo occidental de Arthur en 78 ilustraciones al gusto de comienzos del siglo XX, a la vez simples y claras pero elegantes y llenas de capas de simbolismo. El resultado es una obra maestra que se convirtió en el canon para la gran mayoría de barajas y el sentido esotérico que los tarotistas del mundo dan a las cartas.

El Loco Necio o la actitud atrevida y abierta a aventurarse

En esta versión, el Loco ya no es una persona caída. A partir de su uso popular como comodín o joker en el juego, se le atribuye el significado de Principio, del estado de Prima Materia alquímico. Hay otras cartas que indican cambio e implícitamente, nuevos comienzos -como la Torre o la Muerte- pero en tales casos el motor del cambio es externo. En el caso de El Loco, el nuevo escenario de posibilidades viene propiciado por una actitud interior: atrevimiento y apertura a lo nuevo y a la aventura de la vida. En el Ryder-Waite esto es representado por un hombre joven; la suerte del chico aventurero y confiado hasta la imprudencia de situarse al borde de un precipicio en la Rider-Waite, no se revela en la carta y es por tanto potencialmente ilimitada.

En otras palabras, el Loco pasa a ser la casilla de salida de la Vida como itinerario iniciático, a la que debemos volver una y otra vez para no estancarnos. Es por tanto por naturaleza el Cero.

El Cero, o el Vacío preñado de posibilidades

El Cero como concepto esotérico y espiritual obtuvo así su representación propia en el Tarot. A él vuelve la vida continuamente, ya que al acabar una decena llegamos a su consumación con el diez, la Tetractys sagrada para los pitagóricos; pero esa consumación de la serie nos pone de nuevo en disposición de iniciar otra decena.

Por esta razón tanto el vacío y la plenitud son una y la misma cosa, un estado de reposo donde se borran todas las huellas y obstáculos sobre la arena alisada y se puede volver a trazar líneas sobre ella con nuestro báculo.

Los físicos saben hoy que el vacío natural no equivale a la nada filosófica… Sino al nivel de Realidad donde todo es posible, las reglas dejan de funcionar y donde ninguna restricción puede contener definitivamente la creación o desaparición de universos. La palabra probable para el cero en jeroglífico egipcio era nefer, que significa habitualmente bello, placentero, bueno y el basamento por ejemplo, de un edificio. Su signo era el corazón y la tráquea, siendo el corazón para los antiguos habitantes del Nilo la sede de los sentimientos y la intención.
Los egipcios no usaban un sistema numérico posicional; sin embargo sí tenían en su teología la idea del Nun, el Vacío que no es, y sin embargo de él proviene la existencia del cosmos. No tiene existencia positiva, pero encierra un potencial infinito de creación.

Cuando consideramos números reales, el cero es el producto de sumar todos ellos, los situados a la izquierda y a la derecha de la línea imaginaria. Es por tanto una instancia previa a la existencia, que es fruto de la ruptura de simetría; un estado anterior al Big Bang si se quiere. Podemos imaginar esa ruptura, ese descabalgamiento de la simetría perfecta del cero como una hilera infinita de piezas de dominó, una junto a la otra, de modo que al inclinar una ponemos en marcha una reacción en cadena que da origen al Cosmos, Orden o Caleidoscopio Universal; el cuál  existe mientras se mueve, es decir mientras quedan asimetrias que provoquen flujos de potencial.

En la escala de la vida humana, esa pieza tocada equivale a la toma de una decisión vital, de la elección de un determinado camino entre el abanico de posibilidades. Pero para estar en situación de tomar el camino primero hay que situarse en la encrucijada de donde parten todas las direcciones; y eso es lo que nos da el Arcano de El Loco.

En el Tao te Ching de los taoístas leemos, en su capítulo 11, acerca del vacío o wu:

«Los treinta radios se unen en una nave; pero es en el espacio vacío (para el eje) del que el uso de la rueda depende. La arcilla se modela en recipientes; pero es en su vacía oquedad, donde descansa su función. La puerta y ventanas son cortadas (del muro) para hacer un apartamento; pero es del espacio vacío del que su uso depende. Por tanto, lo que tiene una existencia sirve para una adaptación de provecho, y lo que no para su empleo efectivo».
No sólo la rueda taoísta, sino también la Rueda de la Fortuna en el Tarot y todo el Tarot como representación del escenario de la vida, dependen para su funcionamiento del vacío caótico y potencial que señala El Loco.

El Loco es por tanto, en el sedimento simbólico y espiritual que ha ido adquiriendo el Tarot con los siglos, la vuelta del alma o de la vida a un punto de partida, y la vibración o actitud correspondiente al que es capaz de adoptar una posición abierta a nuevas posibilidades.

Es una locura a veces necesaria, por eso la propia biología y hormonas imponen esta actitud en los jóvenes que tienen que empezar a afrontar la vida y conquistar poco a poco la edad adulta. Pero no es exclusivo de ellos, sino una actitud a la que hemos de volver cíclicamente como personas y como sociedades, para no ser aniquilados por la entropía.

El Loco Burlón

En la Historia de la Humanidad ha existido siempre la figura del trickster, que es un personaje marginal, o marginado, una especie de individuo Delta. Este Joker es el Dionisos que no vivía en el Monte Olimpo con los dioses respetables, o el Loki que no era invitado a los banquetes de los Asir. Con su estupidez real o fingida (porque en el fondo es portador de una sabiduría trascendente) es capaz de trastocar el orden en la sociedad y en la mente. Esta figura, masculina en su esencia yang pero que puede cambiar de forma y sexo -como la araña Anansi, el espíritu del Coyote o el Diablo- son cristalizaciones culturales de un Arquetipo muy antiguo. Tan antiguo, que se remonta al uso primario del humor en los primates como lubricante social simbólico. Provocar la hilaridad o el ridículo se convirtió en una forma alternativa a la violencia para sobrevivir a un linchamiento o evitar una carnicería desescalando una situación mediante la función psicofísica de la risa compartida. O tal vez minar la autoridad o las aspiraciones de un macho alfa más fuerte con labia e ingenio satírico para robar lealtades en el grupo al adversario.

La risa, como el llanto, libera tensiones, pero además de esta terapia física el humor obliga a ver la realidad desde una perspectiva nueva. El Humor y el Absurdo fueron explotados por los chamanes tribales, y aún hay religiones en el mundo en las que la comedia es parte esencial de la liturgia y «dar la nota» signo de inspiración divina, como es el caso de los payasos sagrados de los indios Pueblo o los Lakota.

En Europa -donde la comedia y la irreverencia tuvo también un origen religioso y catártico en los festivales dedicados a Dionisos en Grecia- el rol del Loco se dividió en diferentes papeles sociales. Así por ejemplo, tenemos las tonterías de los yurodivy o locos sagrados por Cristo en la Iglesia Ortodoxa; como San Basilio, cuyo santuario se encuentra en la icónica catedral de la Plaza Roja de Moscú. Basilio andaba desnudo y con cadenas; robaba en tiendas y se lo daba a los pobres; y hacía cosas aún más estúpidas, como criticar a Iván el Terrible por su violencia y negligencia. Este zar llevó el féretro sobre sus hombros en el entierro del santo.

Otra figura del Loco es el bufón; si bien los bufones estaban en la escala más baja de la sociedad medieval, algunos tenían la suerte de servir a reyes. El bufón real era el único que podía decirle las verdades al monarca, porque no pintaba nada en los juegos de poder. Además, se podía permitir incluso criticar a otros nobles y portentados, ya que tenía la protección real. Estos bufones de corte, que ya divertían a los faraones egipcios y también a los reyes aztecas, tenían su réplica popular en bufones oficiales de pueblos y ciudades. La esencia de estos personajes, tanto reales como los legendarios y literarios, es introducir un elemento de «caos controlado» o de sátira en el marco de lugares y días señalados. Estos bufones, a la vez chivos expiatorios y héroes, podían ser personas con deformidades físicas o mentales reales, y otras veces eran simplemente hombres, en ocasiones mujeres, con gran inteligencia e ingenio.
Esta función podía también ser desempeñada de forma colectiva; c omo en la Comedia dell´Arte, original de Italia; o los peleles de trapo que los españoles cosían para ridiculizar y criticar a los franceses y sus colaboradores durante la ocupación napoleónica de España.

Hoy en día hay muchas personas dedicadas profesionalmente al humor, la performance artística, la comedia teatral o la canción burlesca, pero muchos de ellos no tienen el espíritu del Loco Burlón. A menudo sólo buscan entretener, y ponen mucho cuidado en evitar hacer mofa del estatus quo o las costumbres en boga menos excusables. El precio de un auténtico Loco Burlón, sin rey que lo ampare ni líderes religiosos con sentido del humor, es la marginación. Su poder es más temido que nunca, el poder de provocar un cambio profundo que abra a la sociedad o a la persona oportunidades de solucionar sus problemas.

La función de El Loco en el tarot como juego es la de comodín, o carta que permite ignorar por una vez las reglas para seguir adelante. En la vida real, a veces la gente busca estos «comodines» en personas que parecen capaces de trastocar el tablero. Por ejemplo, el presidente Donald Trump llegó a la Casa Blanca tras una larga trayectoria vital de «antisistema dentro del sistema», y conquistó a su electorado diciendo cosas «políticamente incorrectas», mientras que sus adversarios lo tachaban de loco y de peligro social. Trump, cuyo apellido significa en inglés «triunfo» en el sentido de carta superior, o triunfante en una mano en los juegos de naipes, llegó a la vez como un personaje ridículo pero astuto en el fondo; capaz de decir barbaridades pero también de cuestionar el estatus quo de manera eficaz. Donald Trump representó en las elecciones americanas de 2016 al Loco de manera magistral. Cada imprudencia tuiteada, cada aparición en televisión donde se mofaban de él en su cara o incluso azuzaban su pelo bufonesco, lo revelaba más en ese papel arquetípico tanto para los que lo esperaban como para los que veían en el una seria amenaza.

La verdadera Misión de El Loco como trickster no es salvar nuestro mundo ni destruirlo, sino obligarlo a adoptar una posición nueva que permita salir de una crisis o un estancamiento. Su antagonismo no es con la comunidad, sino con el riesgo de anquilosamiento y pérdida de creatividad. El Loco como Burlador o trickster es la misma vibración de el Loco como Necio o joven dispuesto a explorar el mundo sin miedo, pero proyectada al entorno; no es que se abra al caos y al cambio, sino que él mismo es el detonador de ese caos y el heraldo de una nueva era.

Si sois partidarios de tener en cuenta las cartas que salen al revés, su significado entonces indicaría en sentido interno exceso de esta vibración; es decir un comportamiento demasiado imprudente en una tesitura que requiere cautela o moderación; o bien una permanencia demasiado prolongada en un estado de indecisión o incapacidad para comprometernos, como si quisiéramos permanecer siempre en la casilla de salida o en la adolescencia. En su manifestación externa, nos indica la aparición de una persona, evento inesperado (un «cisne negro») o una crisis repentina que puede sacudir el estatus quo y hacer posible la irrupción de fenómenos nuevos en la realidad que vivimos; en este caso el arcano sería un aviso de los riesgos que conlleva esta conmoción.

En el naipe del mazo atlante hemos representado al Loco* como un chico aún adolescente, Aser, con ojos azules llenos de vida y optimismo. Está desnudo y rapado pues ha estado a punto de convertirse en «farmakos» o sacrificio humano expiatorio; pero salvado el lance milagrosamente, se aferra al cuello del asno que lo transporta con una mano y posa la otra sobre su corazón palpitante. Sonríe, aunque no sabe dónde le lleva el asno; el sol apenas se asoma lleno de promesas. Un curioso ejemplar de Scarabaeus Sacer es testigo de su paso mientras busca refugio en la sombra. El dios-escarabajo Khepri era para los egipcios el encargado de regenerar y liberar a los cielos de nuevo a Ra, el Sol, tras el trance de su paso por el mundo subterráneo. El asno era otra víctima elegida para el ritual del sacrificio, y trota aligerado por su nueva oportunidad. Su aspecto es más esbelto y con bonitas rayas en las patas, como los burros salvajes que aún encontramos en África. El simbolismo del asno en la Cultura es ambiguo, porque unas veces representa la estupidez y la obstinación, y otras la inteligencia y la buena suerte. A veces son considerados seres benignos, como los burros mansos que llevan a Dionisos o a Jesús, y otras malignos, como los asnos salvajes del desierto que es el reino de Seth.

Completa la escena del arcano una hermosa flor margarita. Las margaritas simbolizan la inocencia y también los nuevos comienzos, por lo que se solían juntar en ramos para ofrecerlos a nuevas madres o a niños. También se relacionan con el sol, ya que florecen con la luz del día.

 

*Carta pendiente de elaboración

Autor: DiegoT

Soy el portavoz de una comunidad de trillones de células eucariotas, bacterias, levaduras, hongos y protozoos. Todos del Real Madrid.

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